Turismo
Domingo 10 de Septiembre de 2017

Cancún, el corazón del Caribe mexicano

Hablar de esta ciudad es hablar de un oasis de aguas cristalinas y arena blanca, integrado entre lujosos complejos turísticos, reminiscencias de la cultura maya, y enclaves naturales en los que perderse

Para los turistas que viajen en busca de un paraíso caribeño, donde las playas de agua turquesa le roben el protagonismo a cualquier otro reclamo, Cancún es el destino idóneo. Y es que este enclave del estado mexicano de Quintana Roo, deposita en sus joyas naturales, sus aguas, su arena, y su lujosa oferta de sol y playa, los grandes alicientes para ser elegido como destino turístico.
Principales atracciones
Y empecemos por sus playas. Lo dicho, arena de coral fina y blanca y aguas transparentes que quitan el hipo, integradas todas ellas entre grandes complejos hoteleros pensados para un turista que aterriza en ellos con la única demanda de pasarlo bien. Quizás por eso, son sus arenales paradisíacos los que brindan un sinfín de posibilidades de ocio, en los que no solo disfrutar de paseos, lecturas, hermosos bronceados, o cócteles preparados al momento, sino de mucho deporte que sabe mejor si se practica en estas aguas.
   Se puede optar, por ejemplo, por agradables paseos en motos acuáticas, veleros, o lanchas motoras. También practicar surf o volar por los aires bajo el impulso de un paracaídas. Popular es también por estas tierras el jetpack acuático, que impulsa al usuario a través de chorros de agua a presión para que vuele a una altura de casi diez metros sobre el mar. Y no falta tampoco el snorkel o el buceo, actividades de las que se puede disfrutar en la zona de arrecifes para observar los peces de colores que habitan en ellos.
   Y tras una jornada al aire libre, hay muchos más atractivos que regalan los resorts enclavados a pie de playa, esos que hacen las delicias de sus invitados entre servicios “todo Incluido”, spas, gimnasios, discotecas, piscinas, jardines y una completa oferta gastronómica en la que los sabores del mundo se fusionan en interminables bufes.
   Y hablando de gastronomía, es recomendable degustar esas delicias locales que saben mejor al amparo del clima tropical que se respira aquí durante todo el año y entre las que destacan el pescado a la barbacoa, el pan de cazón, los camarones, la sopa de lima, las tortas de maíz acompañadas de diversos guisos, las langostas frescas o los ceviches mexicanos, entre otras.
   Y en el extrarradio de los complejos hoteleros, un paraíso de ruinas de la cultura maya, como la zona arqueológica El Rey, formada por más de 40 estructuras integradas en la naturaleza, con representaciones de deidades mayas y elementos religiosos. También el Templo del Alacrán, que recibe su nombre por las esculturas de escorpiones que se aprecian en su interior.
   Imprescindible es también una visita al parque ecoarqueológico de Xcaret, un enclave selvático salpicado de cenotes, ríos subterráneos, playas y arrecifes que garantizan al viajero un atractivo día al aire libre. También cuenta con una laguna repleta de pasadizos en los que disfrutar de un tranquilo chapuzón, cuevas entre islotes que son hogar de gran cantidad de aves, formaciones de roca caliza, y otros muchos atractivos naturales dignos de disfrute.
   Y, cómo no, es obligatorio salvar los 180 kilómetros de distancia que separan Cancún de Chichen Itzá para adentrarse en la que fuera “una de las capitales prehispánicas más importantes de la antigua cultura maya y una de las siete maravillas del mundo moderno”, según recoge Turismo de México.
   Un escenario salpicado de antiguas construcciones como la Pirámide de Kukulkán, “uno de los edificios más paradigmáticos de la arquitectura maya”; o el observatorio de El Caracol, un recinto circular que permitió a los antiguos mayas hacer cálculos astronómicos precisos. También el Juego de Pelota, con 70 metros de ancho por 169 metros de largo, que tenía connotaciones religiosas; el Templo de los Guerreros, construido en el año 1200 d.C; o el Cenote Sagrado, una depresión circular a cielo abierto.
   Y de vuelta en Cancún, si aún quedan ganas de más, proponemos dejarse mimar en el Mercado 28, un enclave ubicado en el corazón de la ciudad y convertido en una auténtica atracción turística. Y es que éste es el rincón ideal en el que disfrutar de una tarde de compras entre tiendas de ropa, joyerías y locales alternativos de tatuajes, trenzados de cabello o comida tradicional.
   La animada vida nocturna entre locales autóctonos, música en directo, discotecas, verbenas, mariachis, y espectáculos de baile, unida a los miles de turistas que llenan de magia las calles de la ciudad, harán el resto para que el viaje resulte de lo más enriquecedor y se pueda decir adiós a este destino con la satisfacción de que valió la pena.

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