Opinión
Lunes 22 de Agosto de 2016

Turbulencias santafesinas

Frentes abiertos. Las duras declaraciones del vicegobernador Carlos Fascendini conmovieron el tablero político provincial, ya bastante sacudido por los cruces entre el ministro de Seguridad y los magistrados. Sospechas sobre la policía

Tengo un considerado respeto —y estima, diría, si vale en la relación de un periodista con sus ocasionales entrevistados-—por Carlos Alcides Fascendini. Es alguien a quien conozco desde que por primera vez ganó la Intendencia de la ciudad de Esperanza en 1983. Hasta donde sé nunca dejó la actividad partidaria; siempre en la Unión Cívica Radical. Tampoco de ascender a cargos públicos de mayor jerarquía y trascendencia. No hay que andar mucho para deducir que ganó experiencia y olfato. Si alguna vez fue un improvisado, debió haber sido hace muchos años.

Con "el Facha", como lo llaman sus amistades y allegados de la política, se puede estar de acuerdo o no, pero ningún análisis serio podrá desconocerlo cualquiera sea la valoración política que de él se haga. Quienes lo conocen, aseveran que sus reacciones airadas suelen responder a sus genes "gringos" pero que los mantiene a raya puertas adentro. Atribuyen a su siempre desplegada sonrisa y a la afabilidad de tono una suerte de expansión protocolar para la actividad pública, destinada a derribar la guardia de sus interlocutores de ocasión.

Los años parecían darle la razón a esa tesis biográfica del vicegobernador de la provincia. Hasta hace unos días, en que se trastrocaron sus rigurosos límites a la expresión de sus emociones y trató de "bandidos" al presidente y ex presidente del comité nacional de su partido y amenazó con "echarlos" del gobierno que conduce el ingeniero Miguel Lifschitz.

Difícilmente quienes no trajinan el perímetro de las pocas manzanas que concentran la Legislatura, el Palacio de Tribunales y la Casa Gris (junto a todas las cuevas políticas y los clásicos bares de roscas y enjuagues) en la capital santafesina pudieron advertir el temblor —al que si fuera aplicable la escala Richter, hubiera medido 10— que causaron las declaraciones del vice.

Las hipótesis del porqué Fascendini reclamó que la "banda de José Corral y Marío Barletta devuelva los cargos que obtuvieron con el Frente Progresista" fuera de la vinculación a la todavía inocua conformación de la mesa provincial de Cambiemos, se multiplicaron como réplicas de un terremoto.

Desde un oportunismo de NEO —el grupo radical pro socialista o pro Frente Progresista que conduce el complicado ministro de Seguridad, Maximiliano Pullaro, que debió echar esta semana a su segundo jefe de policía en algo más de medio año— para desacreditar a sus adversarios internos hasta la contradictoria especulación de avisar para no quedar afuera de los armados de Cambiemos, todo se dijo. Incluso que la Casa Gris lo mandó a tantear la reacción y por eso el gobernador se despegó rápidamente y lo desautorizó (por segunda vez en pocos meses) recreando la paz con su principal socio, Corral. ¡No en vano los canales de televisión han cambiado la farándula por la política para sus programas de chimentos!

Se le haya salido la cadena o la haya soltado ex profeso, el exabrupto de Fascendini terminó siendo ratificatorio de que Corral y Lifschitz se necesitan mutuamente en estos tiempos. El de competir entre sí está lejos todavía. Son funcionales uno al otro. De manera espontánea o acordada, pero funcionan así.

Corral equilibra la relación con la Nación y mantiene al resto de los radicales e incluso de los socialistas contenidos. Todos los que éstos hagan que perjudique al gobernador fortalece a Corral. Lifschitz es la principal excusa por la que Corral mantiene a prudente distancia a los macristas. Las mesas de Cambiemos en la mayoría se los distritos se armó en cada provincia, la de Santa Fe en Buenos Aires y fue una noticia menor que ocupó poco espacio. Ni Fascendini con sus dichos logró redimensionarla. Más se diría, la terminó de sepultar con su destemplada amenaza.

Es que si se tiene en cuenta que agosto ya se fue y sólo quedan como meses hábiles septiembre y octubre (en noviembre ya decae la actividad, no hay Legislatura por ejemplo, y se torna nula en diciembre, enero y febrero), marzo ya es el tercer mes de 2017: el año de las elecciones de medio tiempo en la que todos se juegan sus posiciones.

Por eso, el fallo desfavorable de la Corte en las tarifas de gas es para el gobierno del presidente Mauricio Macri además de una mala noticia económica, una pésima en materia política. Ratifica la sensación de que se están haciendo mal las cosas o cuanto menos sin apego a las normas.

Por eso, el radicalismo de Corral hace equilibrio armando las mesas con Cambiemos y buscando no romper el Frente Progresista. Corral hizo silencio y Barletta le tomó el pelo a su correligionario: "Debe hablar de una banda que cada vez toca mejor". ¿Fue un mensaje encriptado? Aunque cueste creerlo, hay quienes dicen que sí.

Por eso, el Partido Socialista busca visibilizarse a nivel nacional con la presidencia de Antonio Bonfatti, que ayer fijó posición en casi todos los temas reclamando para sí la vereda opositora. Propone la creación de una "alternativa progresista", ¿queda claro en qué lugar ubica al gobierno de Macri y sus aliados? Hasta postuló a Héctor Polino como el defensor del Pueblo nacional, que la Corte Suprema reclamó al Congreso que se nombre.

Por eso, el ministro de Gobierno Pablo Farías apuró

—desoyendo algunos consejos de funcionarios de su gobierno— la consulta por la reforma constitucional a la que en la mañana de hoy dará el puntapié inaugural el propio Lifschitz con un anuncio a tambor batiente. La consulta preliminar por la reforma es el primer éxito que se anota el tercer gobierno socialista: nadie le dijo que no. Hay matices, propuestas diferentes para reunir la convención o elegir a los convencionales, algunos quieren reelección ahora, otros mas adelante... pero todos quieren reformar la Constitución provincial más temprano o más tarde.

Hasta entonces todos fueron fallidos, el shock de obra pública, el financiamiento externo, los fondos nacionales reconocidos judicialmente que no llegan, la negativa legislativa a dar acuerdo al jefe de policía que ya no está más, el zigzagueo con la Casa Rosada y, por supuesto, la inseguridad.

La duda es si el anuncio por la reforma constitucional llega a tiempo para sofocar los incendios que (¿la policia?) se están prendiendo en la provincia buscando debilitar y forzar la salida del ministro de Seguridad y que podría tener por acción u omisión (se sospecha que podrían ser policías o protegidos de éstos los violadores de una niña rosarina en las últimas horas) alguna relación de uniformados con la escalada delictiva que otra vez sacude a Rosario y Santa Fe, entre otras urbes, según especulan los entendidos.

Por lo pronto, lograron poner nervioso al ministro de Seguridad, Maximiliano Pullaro —a quien los propios jefes uniformados apodan "Mr Selfie"—, quien cargó contra la corporación judicial al más puro estilo Fascendini: "Que no se hagan los boludos", les pidió a los jueces. La respuesta no demoró nada y el ministro de Corte, Daniel Erbetta, le recordó que "es el gobierno el que debe definir la política de seguridad". Una frase que debe haber causado dolor de hígado al gobernador y amargado el ánimo para el acto de hoy en que debe sonreír, aunque la prensa en lugar de preguntarle por la Constitución le pregunte por la política de seguridad que también a él, como a Macri, le reclaman desde la Corte Suprema.

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