Dilma
Sábado 25 de Junio de 2016

Trump ya no es una fantasía

En foco. El Partido Republicano de los Estados Unidos está a menos de tres semanas de que su convención nacional nomine a Donald Trump como candidato presidencial. Lo que en un principio sonaba imposible e irreal, hoy comienza a convertirse en verdadero. Un magnate xenófobo y belicista podría llegar a la Casa Blanca.

Los analistas políticos de todo el mundo que aseguraban que sería inimaginable un escenario con Donald Trump en la Casa Blanca están ahora revaluando la situación en un país, Estados Unidos, donde a veces los sueños se vuelven realidad, como se les hace notar a las millones de personas que todos los años visitan Disneyworld.

Ni el más osado político ni comunicador social hubiera podido predecir hace algunos años que el presidente número 44 de la superpotencia norteamericana sería, por dos períodos consecutivos, un afroamericano surgido en el Partido Demócrata y con nombres de pila no anglosajones, como Barack Hussein.

Tampoco nadie podría haber vaticinado que un magnate del sector inmobiliario como Trump dejaría en el camino nada menos que a 16 precandidatos republicanos y que en la convención nacional que se iniciará el 18 de julio en Cleveland, Ohio, comenzaría el proceso para su nominación oficial como candidato a la presidencia.

Ni el más pesimista, además, podría haber imaginado que el país sería golpeado desde adentro y varias veces durante estos últimos años por desvariados mentales (sean terroristas musulmanes radicalizados o simples desequilibrados) que con armas de guerra de venta libre asesinan a gente inocente, como ocurrió hace unas semanas en un club de Orlando. Este grado de violencia será, sin dudas, capitalizado políticamente por Trump, cuyas promesas antimusulmanas se verán reflejadas en noviembre en las urnas.

El FBI asegura que vigila en Estados Unidos a unas mil personas con rasgos proclives a la radicalización y a producir actos violentos. Ese número se potencia en todo el planeta a cifras inimaginables. Si Trump llega a la presidencia y cumple aunque sea una parte de lo que prometió hacer con los musulmanes (una política discriminatoria, arbitraria y xenófoba), el mundo comenzará a estallar en pedazos porque la radicalización de las mentes susceptibles al desequilibrio fanatizado tendrían más motivaciones. ¿Qué hacer entonces? Es una pregunta de difícil respuesta.

Para el sector más conservador de los Estados Unidos también los sueños parecen volverse verdaderos. En realidad, los inmediatos seguidores de Trump que abandonaron las primarias, Ted Cruz y Marco Rubio, no expresaban una posición más moderada sino tal vez menos brutal a la hora de exponer sus políticas de Estado.

Ya nadie duda de que la manera prepotente y desafiante de Trump en las primarias le ha dado los resultados esperados. Ahora va por un cambio más moderado y por eso acaba de despedir a su jefe de campaña.

Es probable que Trump reúna un número inédito de delegados de los 2.470 que provienen de los 50 Estados del país. El magnate quedó como único precandidato y es posible que sume aún más apoyos para la convención, que será una virtual escribanía del aplastante triunfo de un "loose cannon" (una persona peligrosa e incontrolable) como repetidamente lo califica Hillary Clinton, su rival demócrata en los comicios presidenciales de noviembre.

Categorías políticas. Mientras Europa se encamina al fortalecimiento electoral de los partidos xenóbos (Austria estuvo el mes pasado a 30 mil votos de tener un presidente de ultraderecha) y Gran Bretaña se va de la Unión Europea, Latinoamérica va girando hacia gobiernos más conservadores de la mano de elecciones libres o de maniobras políticas de dudosa autenticidad, como en Brasil, donde un Parlamento plagado de legisladores corruptos votó la suspensión de Dilma.

Este movimiento ideológico vería su coronación con un eventual triunfo de Trump y su instalación en la Casa Blanca, con lo que las calamidades que azotan al planeta se tornarían aún más graves, la brecha entre ricos y pobres se agrandaría y la pauperización de zonas ya miserables tenderían a agudizarse. Es decir, más violencia y desigualdad en camino.

Un político que promete levantar muros para frenar a los "violadores" mexicanos, prohibir el ingreso de musulmanes a su país y autorizar el empleo de la tortura para interrogar a sospechosos de terrorismo, entre otras barbaridades, no es calificado con exactitud por la prensa norteamericana. Si se tratara de un líder europeo, Trump sería llamado ultraderechista y neofascista, categorías que aparecerían escritas antes de su apellido.

Sin eufemismos. El periodista alemán Jochen Bittner publicó hace unos días una columna en el "The New York Times" donde comparó parte de la historia de su país con el posible ascenso de Trump al gobierno. En el comienzo del artículo, contundente, dice: "Los alemanes nunca podremos liberarnos del trauma de nuestra historia reciente. Y eso no podría ser más actual si tomamos en cuenta el estado de nuestro continente y lo que sucede al otro lado del Atlántico. Hay muchas diferencias entre lo que sucedió aquí, en Alemania, en la década del 30 y lo que sucede ahora. Está claro que ni Donald Trump ni Norbert Hofer en Austria no son Adolf Hitler. Pese a esto, la forma en que Alemania se deslizó hacia una manera peculiar de autoritarismo en el período de entreguerras muestra cómo las democracias liberales pueden girar, de repente, hacia posiciones contrarias a las libertades".

Un ejemplo sobre el planteo del periodista germano no se hizo esperar: "Ellos nos cortan la cabeza y ahogan a la gente en jaulas al tirarlas al agua. ¿Por qué nosotros no podemos aplicarles a los terroristas la tortura del ahogamiento, por qué no podemos hacer nada?", se preguntó Trump quien anunció que de ser presidente autorizará a la CIA a practicar ese tormento.

No es que ese organismo de inteligencia norteamericano no lo haya empleado en el pasado, sino que Obama apenas asumió el cargo en 2009 prohibió por decreto ese tipo de interrogatorios. Trump, con ese anuncio, no hizo más que prometer constituir un Estado terrorista con el pretexto de combatir ese flagelo mundial. Algo parecido a lo que hizo la última dictadura argentina, con los resultados ya conocidos.

Los medios. En Estados Unidos, los diarios más importantes del país han hecho un llamado, primero a los republicanos y ahora seguramente lo harán a la población en general, para que un personaje inefable de las características de Trump siga construyendo edificios y acumulando dinero en lugar de inmiscuirse en la cosa pública, sobre todo en un lugar desde donde puede hacer a este planeta mucho más invivible. Es la misma prensa norteamericana que no deja de ser vapuleada y agraviada por Trump una y otra vez, y ya no son sólo los comunicadores de origen latino que acostumbra a despreciar.

Hace un par de semanas, en Nueva York, Trump trató de "repugnantes" a los periodistas que le formulaban punzantes preguntas e incluso tildó de "sucio" a uno de ABC News. Enfureció cuando se ponía en duda el reparto de seis millones de dólares que había recaudado en un evento especial para juntar fondos para los veteranos de guerra. La prensa descubrió que, en realidad, ese dinero nunca había llegado a 41 grupos de veteranos o al menos hasta estas últimas semanas.

Cuando el caso apareció en el diario "The Washington Post", que todavía cumple con la función de la prensa de hacer público lo que el poder o el establishment quieren ocultar, comenzaron a llegar los cheques con las demoradas donaciones. La sospecha es que, pese a que Trump se vanagloria de que su campaña está financiada enteramente por sus recursos personales, desvió esos seis millones de dólares reunidos para los veteranos para sus gastos electorales.

"Los periodistas deberían sentirse avergonzados, son increíblemente deshonestos. Envié cheques a la gente por grandes cantidades de dinero y en vez de decir «Muchas gracias, señor Trump» o «¡qué buen trabajo hizo Trump!» lo que dicen es «¿quién recibió el dinero? Y eso me hace ver muy mal porque nunca he recibido una publicidad tan negativa por haber hecho algo tan generoso", dijo visiblemente molesto.

El periodista de ABC News que fue tildado de sucio por Trump lavó rápidamente sus heridas y fue al archivo, algo que en ninguna parte del mundo los políticos pueden resistir. En una lejana entrevista de 1994, Trump había dicho que "es peligroso poner a trabajar a una mujer". Se refería, en ese entonces, a su ex esposa Ivana, quien se ocupaba de la administración de sus casinos de Atlantic City, pero de la que terminó divorciándose. En marzo pasado, 21 años después de esas declaraciones, Trump volvió sobre lo mismo y adjudicó su fracaso matrimonial al lugar que le había dado a su mujer en sus negocios.

Interrogantes. ¿Será posible que la democracia norteamericana pueda cobijar a tamaño desvarío humano y político? ¿La historia, aún con decenios de diferencia, puede repetirse de forma similar?

Las repuestas se podrán contestar en pocos meses cuando los norteamericanos elijan presidente.

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