Opinión
Viernes 14 de Octubre de 2016

Trump y la "new age" educativa

Un fenómeno no restringido a EEUU. ¿Las sociedades actuales se ven atraídas por discursos superficiales? ¿Será un problema sin solución para la gramática política tradicional? El mejor antídoto para este efecto indeseado ha sido la educación, pero hoy eso cambió.

Los padres fundadores de EEUU mostraban una inquietante preocupación por la seducción del pensamiento elemental, vulgar e irracional a la población. Los tiempos que corren en el país del norte invitan a pensar que el destino manifiesto puede convertirse en eterno retorno. La campaña presidencial de Donald Trump parece reavivar los ancestrales temores. Sus discursos están plagados de consignas simplistas que navegan con comodidad en medio de una audiencia reñida de todo razonamiento complejo, más apegada a lo infantil o al aprendizaje sin esfuerzo. "Un muro", dijo el magnate como propuesta al problema inmigratorio mexicano.

Pero el fenómeno Trump parece no estar restringido solamente al territorio de EEUU. ¿Las sociedades actuales se ven atraídas por discursos superficiales? ¿Será un problema sin solución para la gramática política tradicional? Muchos analistas manifiestan que el resultado del referéndum inglés (Brexit) no puede desvincularse de una pregunta mal formulada.

El mejor antídoto tradicional que se encontró para este efecto indeseado fue la educación escolar. Consecuencia de ello, se consolidó en EEUU una pronunciada escisión cultural y territorial: o se era ilustrado de acuerdo a los estándares logrados en una exigente escolaridad pública o un bárbaro creyente apegado al acerbo de las religiones. Los valores laicos y el irracionalismo piadoso sería parte de una batalla continental que tuvo su correlato en nuestras pampas con la gran dicotomía de civilización o barbarie.

Este corte se podría observar claramente en un mapa. En la mitad del siglo XIX la proporción de niños escolarizados en los Estados del norte sextuplicará a los del sur. La temprana intuición sarmientina hizo que nuestro país achicara distancias, más allá que el tiempo develara que la dicotomía norte-sur también tenía un cariz educativo.

En los escenarios políticos actuales el antídoto tradicional pareciera ir mostrando signos de agotamiento o de poca efectividad. El sistema escolar y sus aprendizajes ya no produce el ciudadano previsible capaz de evitar las simples y superficiales seducciones.

El mundo de los aprendizajes ha sufrido una metamorfosis profunda. Por primera vez, luego de dos siglos, parece no estar administrado en su totalidad por el Estado. Aparece un porcentaje importante de aprendizajes desafiliados de la administración estatal producidos por el mercado en alianza con la tecnología. Para sorpresa de todos, son gratuitamente depositados en la esfera pública. Sobre este cúmulo de aprendizajes no existe evaluación ni orientación. Es una enseñanza que prescinde de educadores. Los individuos se adhieren al conocimiento en forma distraídamente natural.

El nuevo mapa de los aprendizajes constituye uno de los mayores cambios que sufre la educación y que tiene una correlación directa en las conductas de los nuevos votantes. Siempre existió la iniciativa privada que colaboró con la educación, pero la administración y por ende el control público de los contenidos nunca se puso en duda y resultó indelegable. Hoy se habla de un verdadero cisma o la emergencia de una "New Age de los Aprendizajes".

Nicolás Carr, en su libro "Superficiales", argumenta acerca de las influencias de internet en las consecuencias intelectuales y culturales de nuestra época. Su conclusión: "Todos somos más superficiales a partir del zapping de conocimientos a lo cual nos somete internet, o más precisamente Google".

Producto de este sustancial cambio emerge con gran gravitación la generación de una tribu de nuevos aprendientes: los "effort-lees" (los sin esfuerzo), "los NI-NI"(los que no estudian ni trabajan, aunque pueden escolarizarse) y los "embrujados tecnológicos" (configurados y escondidos dentro de los dispositivos tecnológicos). Es una creciente franja social consciente que puede convivir en los nuevos sistemas culturales, prescindiendo aunque sea parcialmente de los aprendizajes que se adquieren en el ámbito de la escolaridad. Han advertido que las nuevas sociedades se auto-complacen con aprendizajes espontáneos alejados de los cánones tradicionales. También observan que la ignorancia no se estigmatiza como tiempo atrás y se puede disimular fácilmente tan solo con la información que produce este nuevo ecosistema comunicacional. Se puede sobrevivir inmerso de este "aprendizaje zumbido" o, como dice Henry Kissenger, en esta especie de "polvo inteligente" que produce el ciberespacio en conjunción con el mercado. Se ha generado un espacio de aprendizaje natural que nos adhiere siendo pasivos espectadores. Este lugar constituye un nuevo orden natural complaciente desde donde se mira el orden político con escepticismo y toda autoridad, con ambigüedad.

¿Que beneficios aporta el esfuerzo?¿Hay diferencia entre los que se esfuerzan y los que no? Parece no haber una correlación directa entre cambios sociales y esfuerzo. A menudo vivimos bajo la fuerte percepción de estar en un sistema social azaroso donde las cosas cambian por generación espontánea.

La persona conectada y distante de los cánones de la razón es el centro de estas nuevas manifestaciones. El Estado ya no conduce un programa institucional que se aplique verticalmente sobre toda la sociedad, la cultura y la economía. ¿Qué pasa cuando una ideología se expande de forma intensiva? Vivimos el pasaje de las ideas que se leen a las ideas que se ven y se oyen.

La ideología pasa por medio de auriculares, música, películas, videos y publicidad en la nueva sociedad de las comunicaciones. Esta ideología la toma un individuo que vive solo (Fukuyama), que deambula huido de sí mismo. La ideología que se trasmite por medio de las tics es amigable, próxima, simple, más estereotipada, alejada de lo complejo, más accesible. Se individualiza, pierde su cobertura colectiva y su envoltura racional, pasa a ser una simple resonancia. Hoy la ideología gusta o no gusta, seduce o produce rechazo.

No hay dudas de la crisis de la escolaridad y con ella del principal sistema de formación y reproducción de ciudadanía. Los candidatos políticos ya no dirigen sus discursos a ciudadanos, sino a aprehensivos espectadores. Los sistemas de formación en la época planetaria no alcanzan a formar criterios más complejos. La sopa escolar resulta insuficiente para nutrirnos de criterios que den cuenta de la complejidad. "Tenemos ilusiones de tener conocimientos y pero estamos alejados del aprendizaje" (Auge).

Se espera que el triunfo de Donald Trump no se concrete. Igualmente, las tribus de los nuevos aprendientes han ingresado de forma gravitante en el escenario político mundial. La política entiende y se incomoda por la escasa previsibilidad del "nuevo subsistema de educación administrado por las lógicas de mercado de forma gratuita (gratuito en las formas tradicionales) que moldea una parte importante de las nuevas conciencias". Añoran los tradicionales comportamientos ciudadanos formateados por la escolaridad.

Los cambios en las formas de aprender implican mutaciones sociológicas, políticas y culturales. ¿Podrá la escolaridad recuperar el cauce monopólico a través del cual el conocimiento se trasmitía? ¿Tiene convicciones el Estado para recuperar la administración hegemónica del mundo de los aprendizajes? ¿Tendremos que convivir con esta novedosa fragmentación que repercute en las nuevas inestabilidades políticas y sociales?¿Las nuevas formas de aprender serán un nuevo elemento que incrementará la imprevisibilidad del orden político nacional e internacional?

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