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Sábado 12 de Junio de 2010

Triste disyuntiva

La disyuntiva entre trabajar o estudiar se la plantean los alumnos que proceden de familias carecientes o clases medias empobrecidas. Lamentablemente, y por lo general, se resuelve por el lado del trabajo.

La disyuntiva entre trabajar o estudiar se la plantean los alumnos que proceden de familias carecientes o clases medias empobrecidas. Lamentablemente, y por lo general, se resuelve por el lado del trabajo. Es que detrás de todo chico que trabaja siempre hay una familia que cuenta con el aporte de ellos, por lo tanto a veces tampoco la familia los obliga a volver a la escuela. Y cuando lo hacen, nos encontramos con alumnos cansados, después de una jornada de trabajo, que se duermen en el pupitre o les cuesta prestar atención. Pero también están los intermitentes, que vienen dos días y faltan tres, hasta que abandonan. Cuando hablamos con ellos nos responden: “No quiero abandonar el colegio, pero necesito la plata para mi familia”.

Las soluciones son difíciles, pero si la escuela pretende incluir a todos los adolescentes, este debe ser un problema urgente a resolver. Una solución es que las becas tengan como prioridad a estos alumnos, y también ampliar el cupo a los demás años (hoy la reciben sólo los de 1º y 2º). Por parte de los docentes, siempre hacen consideraciones para el chico que trabaja: unidades didácticas especiales, trabajos prácticos personalizados, visitas domiciliarias para que no abandonen, pero siempre son soluciones aisladas, de buena voluntad y que no alcanzan. La solución debe ser global, y en esto debe aportar el Ministerio de Educación, si realmente —como declama— quiere una escuela para “todos”.

(*) Profesor de ciencias sociales.

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