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Sábado 09 de Noviembre de 2013

Travesías educativas para tejer la inclusión desde la convivencia

Subiendo al Sur es un proyecto participativo que invita a los jóvenes a valorar la transmisión de conocimientos populares

Subiendo al Sur es un "proyecto educativo, inclusivo, participativo, crítico y dinámico" que desarrolla en travesías un grupo de jóvenes. La ONG está orientada a estudiantes de 18 a 30 años. El 4 de enero parten a regiones de la Quebrada de Humahuaca y yunga jujeña. En otros años fueron a Tucumán, Salta, Andalucía y Marruecos.

"No es una propuesta turística, es educativa y busca generar un intercambio cultural entre las comunidades y los jóvenes", dice Ana Zamora, de 25 años, española graduada en medicina hace dos años.

"Bajamos por sendas ancestrales y preincaicas, desde Uquía (127 kilómetros al norte de la capital jujeña, sobre la ruta 9 y a 2.818 metros de altura), y hasta el 1º de febrero recorremos las poblaciones de Ocumazo, Caspalá, Santa Ana, Valle Colorado, y poblados pequeños, por donde el turismo no suele andar. Llegamos a ellos con los contactos y experiencias de otros viajes", relata Arturo Rugh, nacido en San Nicolás hace 26 años y estudiante de Bellas Artes.

"Tras días de caminatas llegamos a un puesto, como los pobladores lo hacen. No nos tratan como a turistas. Así es más fácil el diálogo y convivir. Hay comunidades trashumantes que se trasladan con rebaños a cerros o valles, de acuerdo al clima. Seguimos huellas por caminos de herraduras (no carreteros, sólo para ganado), comemos con la gente, participamos de sus fiestas y escuchamos sus relatos. Al convivir nos adentrarnos en la idiosincrasia de esos pueblos", agrega.

Otros pensares. "Se trata de organizar actividades en conjunto, con las escuelas, puestos sanitarios, comisiones municipales, centros vecinales o familias. Producir herramientas pedagógicas para compartir por fuera de la educación institucional, cuestionando la estabilidad de los principios dados y aceptando otros pensares, decires y haceres", indican.

"Así se generan actividades en función de las inquietudes y necesidades de cada población visitada. En viajes preparatorios y contactos con maestros, agentes de salud, representantes comunitarios o vecinos, vemos qué aportarían los jóvenes desde su formación profesional y humana". Entonces surgen talleres que van desde el reciclado de residuos a lecturas de libros, contar cuentos o charlas sobre educación sexual. En ese espacio de distintas perspectivas, experiencias y diversidad, se debate posibles soluciones. Cruzamos conocimientos individuales, compartimos tareas rurales, como curtir cueros, hilar tejidos y reconocemos la sabiduría popular de la medicina natural. Hay un factor de aprendizaje vivencial e interdisciplinario, el taller de uno se complementa con el de otro, con otra práctica, experiencia y se potencia el trabajo", dice Arturo.

"También —agrega Ana— trabajamos sobre la revalorización del patrimonio cultural, temáticas de las migraciones de chicos a ciudades. No les decimos que se queden, pero tratamos la cuestión de valorar el entorno propio, la independencia".

Recorridos. Ana explica que "antes de viajar se organizan charlas en distintas universidades para contar sobre el proyecto. Nos conectamos por e-mail, faceboock y twitter. Una vez seleccionados los estudiantes, se les envían distintos mails acerca de aspectos específicos de la travesía y la lista de materiales necesarios. Así es como se va trabajando la propuesta de taller que cada joven debe presentar para realizar en la travesía, ayudando a adaptar la propuesta inicial a los distintos contextos en los que nos sumergiremos".

"Son meses de recorrer los lugares para estudiar la cuestión logística y conectarnos con las poblaciones interesadas en el intercambio y que podamos vincular caminando". Sobre el alojamiento del grupo durante el recorrido, señala Ana que "se realiza en distintos lugares según el pueblo, desde salones comunitarios hasta escuelas o incluso en carpa en la montaña y en el camino entre los poblados".

Para financiar las travesías, cada miembro aporta 300 euros. "Con eso se banca el viaje, alimentación, actividades y materiales para talleres, transportes y alojamiento. No se incluye el pasaje hasta el punto de partida, ni seguros de viaje".

"En 2011 viajamos por primera vez al norte argentino, teníamos ya personería jurídica en España, y nos ayudó la Agencia Española para la Cooperación Internacional y el Desarrollo. No es un proyecto caritativo ni solidario, es educativo basado en la reciprocidad", sostienen.

Quedan vínculos. Tras viajar, afirman que "quedan relaciones, vínculos. No es un mes de vacaciones, es un tiempo de convivir y tratar temas tan fuertes como el alcoholismo y el desarticular preconceptos acerca de la educación, el trabajo, la pobreza, que no es para todos iguales. Para comprenderlos debemos convivir".

Dos rosarinos que viajaron con nosotros, luego formaron otro grupo (ver aparte). "Es la continuidad de la que hablamos y que tiene que ver con la vocación de la gente de acercar otra propuesta con un componente complementario con la educación académica", afirma.

La inscripción para participar de la experiencia está abierta y para reunir más información, se puede ingresar a: www.subiendoalsur.com

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