El Mundo
Viernes 13 de Mayo de 2016

Tras asumir como presidente, Temer llamó a la unidad para salvar al país

Anticipó que habrá que hacer reformas para sanear la economía y prometió mantener los planes sociales de su antecesora.

El interinato de Michel Temer en la presidencia de Brasil comenzó ayer con una llamado a la "unidad" para "salvar al país" y el anticipo de que habrá que hacer "reformas" para lograr la recuperación economía. "Es urgente pacificar la nación y unificarnos. Pedimos colaboración para que podamos salir de la crisis y el primer paso es el diálogo", dijo Temer en su primer discurso público como presidente en funciones tras la suspensión de Dilma Rousseff.

La mandataria fue separada del cargo por la Cámara alta por un plazo máximo de seis meses, durante los cuales será sometida a un juicio político. La votación, de más de 20 horas de duración, comenzó en la mañana del miércoles y prosiguió hasta las primeras horas del jueves. En la votación, 55 senadores se manifestaron a favor de abrir el juicio contra Rousseff, y 22 votaron en contra. Se trata de una derrota contundente del gobierno, puesto que el número de votos favorables al "impeachment" superó la cifra mínima necesaria, de 41 votos. Además, superó los 54 que se necesitan como mínimo en una última sesión del Senado, en la que se definirá si se absuelve o se condena a Rousseff al destierro. Mientras se desarrolla el juicio, y por un plazo máximo de 180 días, la presidenta podrá permanecer en su residencia oficial, el Palacio de la Alvorada, y podrá seguir contando con el apoyo de un equipo de auxiliares, el vehículo oficial y una aeronave de la fuerza aérea.

En medio la grave crisis institucional, y en momentos en que gran parte de la clase política brasileña está afectada por escándalos de corrupción, Temer dijo desde el Palacio del Planalto que es necesario en esta hora "tener confianza en la democracia brasileña".

No habrá recortes. En un acto sencillo en el que también presentó a sus ministros, prometió que no habrá recortes en los planes sociales creados para dar alivio a los sectores más vulnerables del país y aseguró que trabajará para generar confianza en "la recuperación de la economía nacional, en los potenciales del país y en sus instituciones sociales y políticas". "Lo importantes es que el Parlamento trabaje con el Ejecutivo en forma integrada. Allí están todas las corrientes y opiniones sociales, están los votos de todos los brasileños", añadió el jefe de Estado interino, quien eligió para su gabinete a ministros de nueve fuerzas políticas con representación parlamentaria.

Mientras Temer hablaba, medios de prensa informaron que seguidores de Dilma intentaron entrar por la fuerza al Palacio del Planalto y que la policía usó gas pimienta para dispersar a los manifestantes. A la ex mandataria la nombró en un tramo de su discurso, solo para manifestar su "respeto a la presidenta suspendida". Pero no hizo alusión alguna a los argumentos en los que se basó la oposición para suspenderla y someterla a juicio político.

Temer, que se mostró sonriente en su pronunciamiento, afirmó que trabajará para un país federal "de verdad" y "no artificial como sucede en la actualidad" y agregó que tiene "un objetivo claro para la transformación del país: sostenibilidad, inversión privada y creación de empleos". "Requerimos que el gobierno apoye al pueblo. La moral pública será nuestro objetivo y el Lava Jato (escándalo de corrupción) es una referencia. Brasil está viviendo la peor crisis económica, 11 millones de personas desempleadas. La situación de la salud pública es caótica. Nuestro plan de gobierno es poner un freno a esta caída de la calidad de vida", dijo. Destacó la necesidad de combatir la inflación y reducir el déficit público, a la vez que se refirió a la conveniencia de "calmar a los mercados" y "eliminar puestos (de trabajo en el Estado), entregados por relaciones". Por otro lado, indicó que ninguna de las reformas previstas "cambiaran los derechos adquiridos por los ciudadanos brasileños".

Ninguna mujer. Temer se refirió a las líneas centrales del plan económico que piensa implementar. Habló de la necesidad de fortalecer al sector privado para que el Estado pueda mejorar la atención en la seguridad, la educación y la salud. En el nuevo gabinete, carente de mujeres, predominan dirigentes de derecha y centroderecha, lo cual supone un giro en la política de un país gobernado durante en los últimos trece años por el Partido de los Trabajadores (PT), de orientación centroizquierdista. Para la Cancillería eligió a José Serra, enfrentado al llamado "eje bolivariano" y con recientes pronunciamientos contrarios al Mercosur; y para Economía a Henrique Meirelles, ligado a la banca y considerado como un "mimado" de los mercados.

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