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Sábado 07 de Diciembre de 2013

Torturador, una profesión universal

En foco. La Justicia argentina reclama la extradición a España de dos represores durante el franquismo.

Aunque suene poco entendible, pasada más de una década del siglo XXI, los españoles siguen poniendo trabas a la investigación de los crímenes ocurridos durante la guerra civil y los años de la dictadura de Francisco Franco (1939/1975). Una ley de amnistía de 1977 y fallos de tribunales superiores que frenaron actuaciones judiciales configuraron todo un escenario de impunidad (impensado en las democracias occidentales europeas o latinoamericanas), que sepultaron el pasado y protegieron a quienes cometieron las peores acciones contra la vida y la libertad.

Cuando en España el juez Baltasar Garzón (que había ordenado en Londres la detención de Augusto Pinochet) impulsó el proceso contra algunos torturadores del franquismo, el mismo sistema judicial español se encargó de encontrar los vericuetos legales para que la acción no prospere e incluso para expulsar al magistrado de las cortes.

Fue entonces que hace unos tres años, el hijo de un español asesinado por el franquismo denunció el caso ante la Justicia argentina ya que en España no prosperaba su pedido de investigación. La jueza María Servini de Cubría abrió el proceso sobre ese y otros casos similares y requirió la extradición a España de cuatro torturadores en "servicio" durante los últimos años del franquismo, a comienzo de la década del 70. Dos habían muerto y los restantes, Antonio González Pacheco, de 67 años, integrante de la Brigada Política Social, y Jesús Muñecas Aguilar, de 77 años, miembro de la Guardia Civil, caminan libres por las calles de la península ibérica. Ambos se especializaban en aplicar tormentos a los opositores al régimen de Franco para obtener información política y barrer cualquier intento de acabar con la dictadura. Y parece que tuvieron éxito, porque el régimen sólo cayó cuando murió su líder, y no antes.

Mientras España aún hoy depende de que la Justicia de un país extranjero investigue su pasado, no aplica el mismo procedimiento, afortunadamente, para procesos similares de violaciones a los derechos humanos cometidos en otros países.

Uno de los casos más significativos es el del ex represor de la Escuela de Mecánica de la Armada (Esma) Adolfo Scilingo, condenado en España a 1.084 años en prisión por su participación en los vuelos de la muerte, procedimiento que utilizó la marina argentina durante la dictadura para arrojar vivos al mar, desde aviones militares, a presos políticos. Scilingo, un ex capitán de navío, había viajado a España en 1997 para participar de un programa de televisión para seguramente contar su "trabajo" en la dictadura. No pudo hacerlo porque el juez Garzón lo llamó a declarar y dispuso su arresto mientras en Argentina estaban vigentes las leyes de obediencia debida y punto final que impedían perseguir penalmente a asesinos y torturadores. Después de un largo proceso, Scilingo fue condenado por la responsabilidad de los crímenes cometidos en la Esma y aún sigue detenido en España.

Sin embargo a los españoles al servicio de Franco que se le imputan acciones similares no se los ha llamado ni siquiera a declarar. Pero ahora, en un cambio político significativo, el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, autorizó que prosiga el proceso del pedido de extradición de la Justicia argentina. Nadie sabe aún si es un golpe de efecto de la alicaída administración de Rajoy, envuelta en escándalos partidarios por corrupción y en medio de una profunda crisis económica, para que la atención mediática cambie de foco o de una decisión política acorde a la democracia española.

Se espera que el tiempo de ese trámite administrativo judicial de extradición no demore tanto como en los tiempos del Virreinato del Río de la Plata, cuando se enviaban al Consejo de Indias, en España, las apelaciones de algunos importantes casos judiciales. Los expedientes tenían que cruzar el Atlántico en barco ida y vuelta, en un lento y burocrático proceso a la espera de un fallo. En esos tiempos el rey era el principal protagonista en la toma de decisiones, acción que se ha modernizado y por eso el actual monarca Juan Carlos I podrá seguir de cacería de elefantes en Africa una vez que se recupere de una operación de cadera.

Las Naciones Unidas, a través de Alto Comisionado por los Derechos Humanos, ha sostenido que España debería revocar la ley de amnistía de 1977 ya que no se compadece con las leyes internacionales de derechos humanos y está obligada a investigar el pasado porque la amnistía no debería ser concedida a responsable de crímenes contra la humanidad".

España tendrá los mejores equipos y jugadores de fútbol del mundo, una geografía excepcional, una cultura impactante y un pueblo maravilloso, pero atrasa en la historia con su velo puesto al pasado y a los procesos contra los responsables de acciones criminales por motivos políticos.

La Corte Penal Internacional, con sede en La Haya, ha intervenido en los últimos años en la investigación de crímenes en la ex Yugoslavia, Congo y otros países. En Argentina están en pleno desarrollo los juicios contra la peor lacra de la dictadura militar. En Chile, más tímidamente aún, comienzan a desarrollarse más procesos contra la cloaca pinochetista y en Alemania todavía se persigue a miembros del aparato nacionalsocialista. Pero España se mantiene infranqueable.

En esta orilla. Una prueba más de la contradicción española, que condena a los represores extranjeros pero no a los de su propio país, es la entrevista que publicó hace pocos días el diario "El Mundo", de Madrid, al ex teniente del Ejército argentino Ernesto Barreiro, detenido en Córdoba por más de 500 crímenes de lesa humanidad cometidos en el campo de concentración "La Perla", entre otros lugares de represión ilegal durante la dictadura.

"Nosotros hicimos las cosas a la criolla, usamos picanas eléctricas que se empleaban en la ganadería, pero yo fui un buen oficial de inteligencia, no un buen torturador. La picana tampoco garantiza obtener la verdad, el torturado puede admitir cualquier cosa", explicó Barreiro, también un ex carapintada que se alzó contra el gobierno de Raúl Alfonsín.

En la notable entrevista del periodista español Vicente Romero, el ex militar argentino, desde la cárcel, dio algunas interesantes definiciones que casi pasaron desapercibidas en la prensa argentina. "Me encantaría contar todo lo que sé, pero mis superiores no quieren hablar y la suerte de mis subalternos dependen de lo que yo diga. No tendría que haber desaparecidos, sino fusilados después de haber sido juzgados en consejos de guerra y condenados a muerte los que se lo merecían". Así, se desprende de las palabras de Barreiro que en el juicio, según le convenga, dará más información sobre lo que ocurrió y tal vez se sepa el destino de mucha gente. "La palabra traslados —también aclaró- tenía un significado amplio. Puede ser que fuesen ejecutados. Los traslados los ordenaba el mando supremo, que se llevaba a los prisioneros vivos en camiones".

El lector español que accedió a este interesante reportaje sobre lo ocurrido en la Argentina tal vez se pregunte por qué Barreiro está preso a la espera de su juicio mientras que a los torturadores de su país, que casi para la misma época cometieron similares atrocidades, nadie los ha perseguido hasta ahora. Recién hace dos días un juez español les prohibió salir del país a González Pacheco y a Muñecas Aguilar, los dos torturadores que reclama la Justicia argentina.

Además de la búsqueda de justicia, la importancia de perseguir de por vida a asesinos y torturadores es asegurar que ningún crimen quede impune. También, a través del relato de los protagonistas que hicieron descender la condición humana a su punto más bajo e inmoral, es posible interpretar en forma multidisciplinaria estos fenómenos para luchar contra ellos y evitarlos en el futuro.

La democracia española está en deuda con su pueblo y con el mundo. Ya sea en estas costas del Atlántico o en las que bañan suelo español el torturador, una profesión universal, maneja los mismos códigos de la peor bajeza del ser humano.

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