Cartas de lectores
Miércoles 15 de Febrero de 2017

Tormentas eléctricas

El sábado 4 de febrero pasado, un rayo provocó un incendio en la planta transformadora que la EPE tiene en la ciudad santafesina de Esperanza, cabecera del departamento Las Colonias. El suceso en el que felizmente no hubo que lamentar víctimas, originó ese incendio que destruyó gran parte de la planta. No sé si la misma carecía de pararrayos o si el existente no respondió; lo único cierto es que se produjo un importante deterioro técnico. La EPE reaccionó rápidamente enviando equipos de emergencia para paliar el inconveniente, ya que la reconstrucción de la estación transformadora demandará algunos meses. En los últimos años, con el aumento de la frecuencia y violencia de las tormentas, ha crecido la cantidad de rayos que como peligrosos mensajeros de graves accidentes caen hacia la tierra. Se han conocido desgraciados casos de personas fallecidas en campos deportivos y distintos lugares sin la debida protección. Zeus para los griegos, Júpiter para los romanos, y Thor para nórdicos y germanos, eran los dioses del rayo, y lo arrojaban cada vez que montaban en cólera y decidían fulminar a un enemigo. Pero para el estadounidense Benjamín Franklin, sus conocimientos científicos le hacían atribuir al luminoso y zigzagueante fenómeno atmosférico, no un origen divino propio de Homero, sino características eléctricas naturales. Y para demostrarlo realizó en 1752 su célebre experimento de la cometa, cuyo resultado le permitió inventar el pararrayos por el que muchos han salvado la vida. Para algunos autores la historia de la cometa no es más que un simpático mito, pero eso es asunto de otra discusión. La elección e instalación de un pararrayos no es tema para improvisados, sino que requiere la intervención de personal muy capacitado en todas las fases, entre otras: determinación del tipo, fijación del cabezal captador, cálculo exacto de la sección del cable de bajada a tierra o de la superficie de la barra utilizada a igual efecto, correcto amarre de esos elementos y eficiente disposición de los descargadores bajo el suelo. A propósito, la tierra del pozo deberá contener sales minerales y un medio de humidificación para mejorar la conducción de la descarga. También habrá que realizar la interconexión de todas las estructuras metálicas con la puesta a tierra del pararrayos. Se recomienda además colocar un contador de rayos caídos. Este dispositivo no es una mera sofisticación, sino una manera de saber el estado de conductividad del suelo, ya que con cada rayo la tierra se cristaliza disminuyendo su condición conductora. El mantenimiento del conjunto no sólo consiste en su revisión, sino en la medición del valor de la resistencia de la toma de tierra. Cuanto más bajo sea ese valor, mejor se disipará el rayo en la tierra. Con el avance de la tecnología se lograron importantes perfeccionamientos en este útil instrumento de seguridad que es el pararrayos, y a través de ingeniosos medios mecánicos o electrónicos se ha extendido el área de protección y complementariamente, se protege de sobretensiones a los circuitos interiores de una edificación. El tradicional "pararrayos Franklin" está siendo considerado poco seguro y se recomiendan los modelos más modernos. El suceso de Esperanza debe servir de advertencia a escuelas, iglesias, hospitales, fábricas, talleres, estaciones de servicio, plantas de energía eléctrica, de gas y de comunicaciones, como asimismo a polideportivos e instituciones y casas de todo tipo, para que instalen eficientes pararrayos y conserven en buen estado los que estén instalados. Algunas empresas de seguros exigen disponer de estos dispositivos. Creo que el costo de compra y montaje justificaría la implementación de una línea especial de créditos.

Edgardo Urraco

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