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Jueves 05 de Mayo de 2011

Todos juegan para el kirchnerismo

Las candidaturas en la oposición caen como la hojarasca de otoño. De aquel festival de postulaciones que asomaba en la superficie cuando el calendario electoral estaba todavía demasiado lejos queda muy poco en pie, casi nada. Ahora, más que nunca, el desafío para cualquier postulante ya no es absorber masa crítica para poder ganar en segunda vuelta, sino lograr apoyos suficientes para poder llegar a algo que se parezca al 30 por ciento de los votos.

Las dos únicas candidaturas solidificadas (al menos por ahora) son las de Raúl Alfonsín, en la UCR, y la de Elisa Carrió, en la Coalición Cívica. Lo demás es un laberinto de salida incierta. La doble bajada de Ernesto Sanz y la caída en la consideración popular de Julio Cobos despejaron el camino del hijo del ex presidente, que apunta a quedarse solo en el espinel ucerreísta. Pero a partir de ahí empiezan los problemas para el centenario partido.

Los radicales no le van a permitir a Alfonsín ningún flirteo con Mauricio Macri (demasiado corrido a la derecha para los de boina blanca) pero, a la vez, Margarita Stolbizer y Hermes Binner no avalarán ningún coqueteo con Francisco De Narváez, su sempiterno rival en la provincia de Buenos Aires.

Por las dudas, Fernando Pino Solanas, otro baluarte de la progresía, bajó de un plumazo su autoproclamada vocación presidencial y decidió ser candidato a jefe de Gobierno porteño antes de sermonear a los socialistas por los diálogos entre Binner y Alfonsín. La deserción de Solanas cae como una patada en el hígado a Proyecto Sur Santa Fe, que de ahora en más no sólo deberá competir sin candidato a gobernador sino que tampoco tendrá una referencia nacional a presidente.

El brumoso panorama de la centroizquierda tiene su calco en el otro andarivel. Macri dirá en pocas horas que se terminó la ilusión presidencial y que son tiempos de defender el territorio porteño. El Peronismo Federal fue debidamente auscultado por Eduardo Duhalde cuando habló de “papelón”.

Ante semejante escenario, Cristina Fernández de Kirchner debería festejar y animarse a canturrear aquella canción de harly García: “Todo se construye y se destruye tan rápidamente que no puedo dejar de sonreír”.

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