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Domingo 14 de Diciembre de 2014

Todopoderosa

Cristina Fernández celebró su séptimo año de mandato de la manera que más le gusta: concentrando todo el poder. 

Cristina Fernández celebró su séptimo año de mandato de la manera que más le gusta: concentrando todo el poder. Más allá del discurso de ayer por la tarde en Plaza de Mayo, de las complicaciones judiciales personales y de parte de su gabinete, de la inestabilidad económica y de muchos otros problemas, la presidente Kirchner sigue siendo el epicentro político de la Argentina. Por mérito propio, por ausencia de la oposición y, esencialmente, por la puesta en marcha de su voracidad por el poder que no conoce de límites de la república clásica.

Es la primera vez en la historia constitucional vernácula que un vicepresidente, elegido exclusivamente por el dedo y la convicción presidencial, está doblemente procesado y con fecha para que se defienda en un juicio oral y público. No es verdad que el delito que le imputó Claudio Bonadío sea menor porque “apenas” se trata de una transferencia malograda de un vehículo de los 90. Ese auto adquirido en los tiempos en los que Amado Boudou adscribía a la UCEDE y a los postulados neoliberales del CEMA, representa la más ramplona convicción de que el poder es, como dijo Alfredo Yabrán en un abuso idiomático, tener impunidad. Boudou creyó que haber falsificado su firma, adulterado varios documentos, número de motor y otras identificaciones, fijar un domicilio inexistente, entre otras cosas, no tendría sanción cuando se investigara porque ahora el poder era ahora él. Sin el auto presuntamente trucho no hubiese existido la escandalosa sucesión de hechos que rodeó a la empresa Ciccone en donde él también aparece con serios problemas judiciales. La soberbia del poder consiste en creerse en dueño del mismo y no mero inquilino temporario y supone la certeza megalómana de pretenderse impunes para siempre. Un delirio puro y una palmaria ignorancia de no haber leído ni las solapas de los libros de la historia política de la humanidad que cuenta que eso jamás ocurrió.

La presidente siente que no la salpica el bochorno de su vice. No lo menciona en sus profusos discursos en donde es capaz de discurrir desde un satélite hasta de un abuelito amarrete. Boudou no merece una palabra. Como si el silencio, otorgase. Ahora el ministro de Justicia Julio Alak también ha sido requerido por otro pedido de indagatoria y de eso tampoco se habla. Nuevo jalón histórico. Si se suman, para apenas ejemplificar, funcionarios con Ricardo Jaime, los hermanos Zacarías amantes de la efedrina y los pedidos de investigación a jóvenes de la Cámpora en ejercicio de funciones altamente rentadas, el cuadro podría generar zozobra en quien gobierna. Y no es el caso. Cristina es una experta en fortalecerse en la crisis.

La doctora Kirchner es la mejor expresión de que en la dialéctica del enfrentamiento sabe ganar. Y lo hace redoblando su marcha y su presencia. Reformas de códigos exprés, nombramientos de fiscales y agentes judiciales por cientos, llamados a canjes de bonos de deuda soberanos sin advertencia previa, etc., etc., etc. La presidente ejerce el poder y gobierna mientras la oposición se saca fotos, muchas de contenido frívolo inadmisible, como modo de hacer campaña. Clásica concentración del poder presidencial por demérito ajeno. Habría que aclarar que esta frase no es un elogio al kirchnerismo. Todo lo contrario. Es una descripción crítica de esa voracidad antes mencionada y que se basa en la convicción de que una república democrática es sólo el gobierno de los intereses de la mayoría de un momento electoral. Sin la consideración (¿al enemigo ni justicia?) a una minoría no propia aunque ella represente más del 40 por ciento de los votos tan legítimos como los otros.

Los nombres: Los hombres y mujeres cercanos a Florencio Randazzo están convencidos que él será el candidato bendecido por la presidente y, por ende, el triunfador en las PASO del FPV. Esta semana exhibieron como confirmación de esta presunción (en la realidad, aún en grado de deseo) cuando escucharon al ministro cruzar con dureza a Daniel Scioli diciendo que el gobernador no cree en la gestión. “El flaco no hace eso sin tener el guiño de la jefa”, graficó uno de sus hombres. Y esto no resulta disparatado. El titular de la cartera de interior y transporte crece en la consideración popular como uno de los que pone manos a la obra con las cosas. Los sondeos de intención de voto, son otra cosa. Pero como Sergio Berni en materia de seguridad, Randazzo es el “hacedor” de cambios en servicios de trenes y seguridad vial que, hasta hoy, impacta fuertemente en la provincia de Buenos Aires, la madre de todas las batallas electorales. Que este ministro proponga llegar con la línea de tren a Rosario y a Córdoba (para el verano estará Mar del Plata) y que visite Mendoza con más frecuencia es un signo claro de estrategia política para seducir los grandes centros urbanos. Sólo le faltaría cosecha el apoyo territorial de gobernadores que, sabios “tiempiestas” de siempre, coquetean con Scioli sin aceptar el anillo de casamiento.

El Frente amplio Unen está más cerca de la implosión que de otra cosa. Ayer se confirmó que se posterga su relanzamiento por ausencia de consenso en su plataforma 2015. La grieta abierta por Carrió es más honda de lo que se pensaba. Otro éxito de la dinamita Lilita. Ya hay algunos con voz que se escucha fuerte al centro de la alianza que proponen abdicar de las candidaturas de Hermes Binner (sigue sin recuperar entusiasmo entre los encuestados) y de Julio Cobos (ya abrió la hendija de volver a Mendoza) para mirar hacia un frente electoral menos puro desde lo ideológico. Ernesto Sanz sigue siendo el eventual vicepresidente más respetado por todos. Mauricio Macri se vuelve a frotar las manos consiguiendo así una expectable consideración de votos por descarte (los que votarían cualquier cosa menos a un peronista) haciendo gala de su clásica estrategia: no mover un dedo.

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