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Domingo 26 de Abril de 2015

"Toda lectura invita a una toma de posición"

El especialista en comunicación Roberto Igarza analiza los modos de leer en el actual entramado de medios y describe cómo se construye el perfil de los lectores

Medios, cultura y mundo digital. La lectura y sus modos, la escritura, los lectores, las pantallas y otros soportes, el rol de la educación y las bibliotecas junto a las características actuales del consumo de bienes culturales son algunos de los temas que aborda Roberto Igarza en un diálogo con Más. Invitado a participar con una conferencia en la Semana de la Lectura, el especialista en comunicación advirtió sobre las nuevas capacidades de los lectores y la necesidad de entender que las competencias tradicionales de lectura son una condición necesaria pero no suficiente ante un sistema cultural mediático cada vez más complejo.

Igarza es graduado de la École d'Ingénieurs de Lausana, doctorado en comunicación social por la Universidad Austral, docente e investigador y profesor de grado y de posgrado. Numerosas investigaciones y publicaciones llevan su nombre tanto en el país como en el exterior. Es un experto al momento de analizar la creciente complejidad del sistema cultural mediático. Busca el detalle, se niega a contar la foto actual sobre el consumo cultural en términos binarios y advierte: "La lectura no es sólo entender lo que sucede, si no tomar una decisión. Es entender y participar".

—¿Qué lugar ocupan hoy los libros y diarios de papel en el ecosistema cultural?

—Las encuestas e investigaciones evidencian que la lectura sigue jugando un rol significativo entre los consumos culturales. Los textos emergen en más soportes de lo pensado. Las pantallas, incluso los contenidos televisivos, incluyen textos en formas muy diversas. Aun cuando la audiovisualización de internet es creciente, la red sigue ofreciendo mayoritariamente entradas escritas. Ahora bien, la literatura en particular y los textos escritos en general están hoy en una situación similar a la de la pintura y la escultura frente a la aparición de las imágenes fotográficas. Compiten en un ecosistema muy diverso y complejo. El valor de los libros y los diarios está estrechamente vinculado al uso del lenguaje o, debería decir, de los lenguajes, tanto por parte de los lectores como de los autores y periodistas. Siendo aún preeminentes los textos en el sistema, lo que debe interesarnos en primer lugar es el futuro de la lectura y de la escritura, más que el futuro de los soportes.

—¿Es posible hoy leer sin compartir? ¿Es posible hoy tan sólo leer?

—Existen muchos tipos de lectores que, a su vez, se implican de manera muy diferente en la lectura en función del texto, del contexto, de la finalidad y del soporte. Una persona en un momento dado puede abandonarse a la lectura inmersiva de modo que prefiere autoexcluirse de cualquier actividad paralela que no sea la música de acompañamiento. La misma persona en otro momento puede mantener totalmente permeable su experiencia de lectura. La amplia mayoría de las situaciones tiende a mostrar un lector que prefiere mantenerse alerta, con otros canales de atención abiertos ya sea a la comunicación interpersonal o a otras tareas sobre las que opera de manera alternada con la lectura. Pero el principal fenómeno que editores y periodistas deben atender es la transmedialidad. Las escenas de lectura se vuelven transmediales. El lector navega entre soportes, textos y lenguajes diferentes para enriquecer la experiencia de lectura, ampliar o profundizar, resolver un pasaje árido de un ensayo universitario, compartir una duda o participar a sus conocidos de la fruición pasajera.

EN_SPACEEN_SPACEEM_DASH¿Cómo opera hoy el lector ante la diversidad de contenidos y soportes?

—En este ecosistema todos los contenidos compiten entre sí. Si el paradigma digital introdujo

Dupla clave. Lectura y escritura, más allá de las pantallas.

democratización en el proceso de cambio, éste se produce en el polo de emisión. Todos pueden emitir. Desde la banda de música de los chicos del barrio hasta el Lincoln Center de Nueva York. Claro que el problema no queda resuelto ya que no todos los emisores son equipotenciales, es decir, no todos tienen la posibilidad de ser visibles para ser alcanzados por las audiencias. Internet es mas jerárquico de lo que se percibe. Además, el sistema cultural-mediático tiende a complejizarse, en él convergen contenidos de toda naturaleza de modo simultáneo, textos junto a videos y gráficos, lo que hace que las competencias de lectura tradicionales sean una condición necesaria pero no suficiente.
  —No existe una sola pantalla o un solo contenido...
  —Todos los contenidos compiten en todos los soportes. Los videos circulan por las diferentes pantallas del mismo modo que lo hacen los textos. La televisión se mira cada vez más fuera del televisor, fuera del living y en horarios muy diversos. Los dispositivos se eligen en función de múltiples criterios, del contexto, del contenido y si lo veo solo o acompañado. Más aún, los consumos culturales se solapan y se apilan los medios. Se lee y escribe en las redes sociales mientras se lee el periódico. Los contenidos se vuelven aparentemente ubicuos. En ese contexto, saber seleccionar, ordenar e interpretar un conjunto cada vez más diverso de contenidos, lenguajes y soportes requiere otras competencias del lector.
  —¿El mundo digital ubicó a la lectura en una nueva posición de centralidad?
  —El paradigma digital atraviesa una creciente cantidad de actividades humanas. En una mayoría de ellas, los textos escritos han ganado espacio. La comunicación interpersonal es la prueba más evidente. La oralización, que parecía un proceso ineluctable, deja lugar a intercambios cada vez más escritos. La telefonía es desplazada por breves mensajes de texto. Por supuesto que no se trata del modo epistolar, asincrónico y reflexionado. Es más intuitivo el intercambio, la capacidad de apropiación y de interpretación es otra. Es, en alguna medida, la oralización de la escritura, un lenguaje traspuesto. Por lo tanto, no debemos hablar de lectura y escritura como si tuviesen una única acepción, lenguaje o soporte posible.
  —Hace un par de años usted sostenía que la experiencia de lectura era mayoritariamente en papel, ¿sigue siendo así?
  —Hay que diferenciar por contenidos. La lectura de libros sigue siendo preferentemente en soporte impreso. La lectura de diarios se encuentra en un proceso de transición que acompaña más de cerca los cambios en los comportamientos sociales. Durante la semana se lee más en internet y los fines de semana más en soporte papel. Una cuestión obvia de disponibilidad de tiempos. Es como si la lectura en soportes impresos fuese más fría, reflexiva y pausada, y exigiera una autoría y un periodismo también más analítico, con una distancia prudencial respecto de los hechos. Sin embargo, lo próximo, lo inmediato, la cobertura en caliente apura la transición. Vivir en las grandes ciudades demanda estar atentos al servicio informativo en todas las formas y pantallas posibles. Por otra parte, la competencia que padecen los periódicos parece ser más desigual. Si la amplísima mayoría de lo que circula en las redes ha sido producido en los últimos meses y si cerca de uno de cada dos bits disponible en la nube fue producido por los usuarios, la competencia se vuelve cruel. Lo efímero tiende a encoger al lector. La brevedad y la hiperbrevedad no es para todos.
  —¿Aún estamos en un período de transición?
  —La transición vino para quedarse. El principal desafío consiste en eludir la encerrona librocéntrica, el binomio soporte-texto que empobrece la problematización. Esa visión ofrece una mirada doblemente sesgada. Por un lado, sostiene el concepto de lectura apegado a un soporte, el libro, y a un lenguaje, el texto escrito. Por otro, implica considerar lector a quien compra libros, muchos libros. Esto invisibiliza todas las otras lecturas y, sobre todo, los lectores poco frecuentes y aquellos que no leen textos canónicos ni legitimados. La lectura ocupa un creciente lugar relativo en una amplia cantidad de actividades de la vida diaria. Se lee de modos muy diversos, en otros soportes.  El desafío también consiste en entender la relación indisociable de lectura y escritura. Toda lectura invita a la toma de posición, a la expresión, a la escritura. El lector es alguien ambivalente, que debe ser capaz de entender y de expresarse. Encasillar el lector en el estatuto de consumidor de textos no parece lo más adecuado. •

De bibliotecarios a curadores de contenidos digitales

No hay posibilidad de lectura si no hay escritura. Pero además, en el análisis que realiza Roberto Igarza es clave el rol que cumple el lector. Activo, busca participar, compartir. Esto lleva a una mirada particular sobre las instituciones que históricamente nacieron y existieron en torno al libro. Los cambios no sólo impactan en el entramado de medios, contenidos y soportes.
  —¿Qué ocurre con las instituciones ligadas a la cultura del libro, las bibliotecas, la educación, la literatura?
  —Todas las mediaciones de la cultura están en un proceso de transición. El mismo proceso que introdujo los contextos en una resignificación incide en las mediaciones. Espacio y lugar ya no coinciden. Se puede leer durante el desplazamiento, las pausas en el trabajo, viendo televisión, en la cola para hacer un pago. Es natural entonces que el valor de las mediaciones también se vea interpelado. ¿Es adecuado el horario de atención de las bibliotecas? ¿Qué vinculo sobrevive entre la biblioteca escolar y el aula? ¿Cuál es la articulación entre agentes de la cultura más allá de su soporte privilegiado? La lectura no es sólo entender lo que sucede, si no tomar una decisión. Es entender y participar. Es entretenerse y descubrir, tanto adoptar una perspectiva para entender el mundo como para construir un universo simbólico apropiado. Para promover el nivel adecuado de “competencias lectoras” y un nivel de interpretación ajustado a las expectativas de participación del ciudadano, es indispensable el rescate de las mediaciones. Los bibliotecarios pueden jugar un rol protagónico en la transición. ¿Quién mejor que un bibliotecario para repensar la biblioteca escolar como un centro de recursos para los aprendizajes donde converjan los múltiples lenguajes, narrativas, estéticas y soportes? ¿Para hacer la curaduría de los contenidos digitales, ordenar y establecer puentes y remisiones entre fuentes y lenguajes?
L.S.

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