Opinión
Lunes 16 de Mayo de 2016

Tironeos para la tribuna

El rumbo económico y la pulseada política. El gobierno liderado por Mauricio Macri confía en que el país vuelva a crecer a partir de la segunda mitad del año, junto a un descenso de la inflación. Pero para que la Argentina vigorice su eventual expansión, es crucial lo que ocurra en Brasil.

Un juego legislativo para la tribuna sobre la cuestión del empleo consumió esta semana gran parte de la energía política disponible y compartió cartel con situaciones más determinantes para la realidad argentina como la crisis institucional brasileña.

La pulseada está planteada en torno a la aprobación de una ley antidespidos, que ninguno de los actores en danza considera esencial para paliar los problemas de empleo, que no son nuevos.

Pero sí es una caja de resonancia para triunfos o derrotas y también una marquesina para jugadores interesados en posicionarse más que en encontrar la verdad de la milanesa.

El kirchnerismo no logró juntar quórum para sancionar la Ley de Emergencia Ocupacional en una sesión especial el jueves en la Cámara de Diputados, pero tiene otra chance. La pulseada se aplazó hasta la próxima sesión ordinaria, el miércoles.

Ese día habrá tres dictámenes en danza que llegarán al recinto: el del Frente para la Victoria que busca prohibir los despidos y establecer la doble indemnización para empleados que acepten ser cesanteados; el de Cambiemos que lo rechaza y el del Frente Renovador que incorpora medidas de estímulo para pymes.

Tras una negociación encarada por los operadores del oficialismo Emilio Monzó y Rogelio Frigerio con Sergio Massa, lo más probable es que pase el proyecto del FR, lo cual le permitirá al oficialismo ganar tiempo antes de tener que apelar al veto.

La iniciativa con cambios deberá volver al Senado, pero así y todo, finalmente se espera que Mauricio Macri aplique un veto parcial a la prohibición de despidos.

Todo este trayecto provocó un sinfín de reuniones y gestiones entre el gobierno, diputados, los sindicatos que impulsaron la iniciativa y empresarios.

De hecho, el gobierno forzó a más de 200 ejecutivos a firmar un compromiso de sostenimiento del empleo por 90 días, justo para evitar una derrota política. Pero no logró convencer a los sindicatos, cuyos referentes quedaron en una sala contigua mientras el presidente hacía el anuncio con mal semblante.

El kirchnerismo, que hasta fines del año pasado se oponía a proyectos de este tenor, ahora busca hacer tropezar a Macri, mientras ve cómo su jefa política, Cristina Kirchner es sometida por la Justicia a un calvario.

En medio de ese franeleo, cuestiones más trascendentes para la vida de la gente comenzarán a tratarse la semana próxima con la convocatoria del Consejo del Salario. Allí se fijará el nuevo salario mínimo, se elevará el seguro del desempleo y quizá el gobierno habilite una peligrosa discusión para que puedan descontarse del salario días de paro.

Datos del empleo. El gobierno sostiene que no se registra al menos en estos primeros meses una destrucción masiva del empleo. Esos datos fueron corroborados por Sel consultores, una firma que se ocupa de monitorear la evolución del mercado laboral mes a mes, sobre la base principal de las decisiones de empresas líderes.

En diálogo con este columnista, su directora ejecutiva, María Laura Calí, dio estas impresiones:

• Durante 2014 un tercio de las empresas líderes redujo su dotación y en 2015 un 28 por ciento hizo lo propio.

• Este año la situación no empeoró ni mejoró, sigue igual. El 13 por ciento disminuyó en el primer trimestre su personal y en la misma proporción lo aumentó.

• Un 16 por ciento espera contratar personal en 2016 contra un 13 por ciento que espera disminuir, aunque un 35 por ciento dice que el gobierno va a favorecer la creación del empleo.

• Iniciativas como la ley antidespidos son contraproducentes.

Brasil, corrupción y después. Como ya se dijo, la ley antidespidos parece coyuntural frente a las previsiones reales sobre la situación del empleo, sobre todo frente al desempeño de la actividad económica.

El gobierno confía en que el país vuelva a crecer a partir de la segunda mitad del año, junto a un descenso de la inflación. Para que la Argentina vigorice su eventual expansión es crucial lo que ocurra en Brasil, el vecino y principal socio comercial.

La crisis política que terminó con la suspensión de la presidenta Dilma Rousseff y la asunción del vicepresidente Michel Temer, sin embargo, no permite afirmar que es el fin del corcoveo brasileño. Se trata de un gobierno, de centro, que nace débil.

Temer espera ser convalidado por los gobiernos de la región. La administración macrista reconoció al nuevo presidente, aunque luego lanzó un pronunciamiento más culposo, en medio de las reacciones adversas de la izquierda sudamericana.

Esta semana el ministro de Hacienda Prat Gay estimó que la contracción económica brasileña, principal mercado de productos manufactureros de la Argentina, reduce un 1,8 por ciento la posibilidad de crecimiento de la economía doméstica. El saldo comercial con Brasil fue deficitario en 3.000 millones de dólares en 2015.

La remoción de Rousseff fue adjudicada a la utilización de préstamos de la banca pública para maquillar el déficit en plena campaña, pero subyace un entramado de corrupción que excede al Partido de los Trabajadores.

La corrupción también es un eje central de la actualidad argentina, luego de que Cristina Kirchner fuera imputada por cobrar presuntas coimas con su hotel Los Sauces a Lázaro Báez y Cristóbal López y procesada por la venta de dólar futuro.

El kirchnerismo jura que es objeto de persecución política y probablemente tenga razón con el juez Claudio Bonadio, pero en doce años los Kirchner sólo promovieron la opacidad del Estado.

En la sesión del próximo miércoles, cuando la ley antidespidos hará sonar los tamboriles, también se prevé el tratamiento de la ley de acceso a la información pública.

Se trata de una de las bases de la transparencia en el Estado. Está comprobado internacionalmente que a mayor transparencia, menor corrupción en la función pública. Así, Macri, que está acusado desde el inicio de su mandato por causas como los Panamá Papers, puede dar señales claras en este apartado crucial.

En caso contrario el destino está marcado para la mayoría de los presidentes de la democracia: Menem, De la Rúa y Cristina ya dejaron el camino marcado en tribunales.

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