Opinión
Domingo 15 de Mayo de 2016

Tigre suelto, dama acorralada

Una semana caliente. Sergio Massa se ubicó otra vez en el centro de la escena política y volvió a ser el gran decisor, mientras que Cristina recibió el primer procesamiento serio en las causas judiciales que enfrenta.

Sergio Massa se ubicó, otra vez, en el centro de la política argentina. El dirigente del Frente Renovador volvió a ser el decisor de la controversia política del momento al disciplinar en la semana que terminó a casi todo su bloque de la Cámara de Diputados (menos a uno) y evitar así que el proyecto antidespidos del Frente Para la Victoria se convirtiese en ley.

Se equivoca Mauricio Macri si cree que el fracaso de la sesión especial es un triunfo del gobierno. Tropieza con un grave error el kirchnerismo si supone que el cuasi quórum conseguido lo reverdece a la hora del peso político. Massa es el que les colocó a los dos sectores un dique para no permitir la ley y para advertirle al presidente que la semana que viene insistirá con su proyecto. Su imagen pública positiva sigue creciendo. Lo hace, junto con la única política en ejercicio que demuele en credibilidad y confianza a quien se le oponga. María Eugenia Vidal es hoy la preferida por los argentinos. El tigrense no se queda atrás y colecta estos sondeos para saber si el año que viene juega en las elecciones parlamentarias. Si se la decisión debiera ser tomada hoy, la respuesta sería no. Massa imagina una lista de senadores nacionales en la provincia de Buenos Aires encabezada por Margarita Stolbizer. Si ese acuerdo no funcionase, jugaría con su otra dama. Malena Galmarini, su esposa, encabezaría el elenco de candidatos a diputados nacionales.

Rogelio Frigerio consumió todo el abono telefónico de la persuasión cuando hace siete días llamó personalmente a los gobernadores de provincia para pedirles que sus legisladores no bajaran a la sesión. Miguel Lifschitz puede confirmarlo. El tono tradicionalmente amable del nieto de uno de los fundadores del desarrollismo mudó a advertencia concreta vaticinando cortes de envíos de fondos en el caso de no ausentarse en diputados. "¿No era eso lo que hacía el kirchnerismo usando la caja rosada y que el PRO definía como ausencia de calidad institucional?", preguntó en el recinto la dirigente de izquierda Myriam Bregman. Y concluyó: "Algunos en el oficialismo nos recuerdan la altanería de La Cámpora". Quizá haya un tono desmesurado en lo dicho. Pero cierta base de realidad hay para mirar con atención a un novel gobierno que prometió en campaña montarse en el diálogo y en el escuchar al otro y muchas veces reacciona con soberbia y sordera desde algunos de sus máximos dirigentes.

Cambiemos no cree en la concertación. Sus think tank creen que eso es un signo de debilidad. El llamado a una suerte de Consejo Económico Social en donde se reuniesen sindicalistas, empresarios, opositores y actores sociales de peso no está en el GPS del macrismo. De haberlo hecho, se hubieran evitado los tropiezos severos que sobrevinieron cuando las primeras marcas de la gestión fueron los aumentos de precios, de tarifas y la devaluación. ¿Necesarias? Sin dudas. La represión del relato del gobierno anterior no dejaba otra opción. Ahora bien: hechas unilateralmente y sin anestesia, con todo el peso en el sector que menos posee, es otra cosa.

¿Por qué Macri no convocó en enero a todos los sectores mencionados y, con el peso de ser el nuevo presidente de una Nación en crisis, los obligó moralmente a no despedir los empresarios, a acompañar a los sindicalistas y a entender a todos? "Porque Mauricio no cree en eso", le dijo a este cronista uno de sus más cercanos asesores. El caso es que lo hizo tardíamente y garabateó a los apurones una hoja sin membrete en donde algunos popes del empresariado firmaron un acuerdo tibio de no provocar más despidos.

El resultado de esta actitud es que el gobierno consiguió encolumnar y unificar a todas las CGT en una marcha numerosísima, a todos los gremios docentes que protagonizaron una impresionante marcha en defensa de la educación pública y a buena parte de la oposición política que arrasó en el Senado y casi consigue quórum propio en la Cámara de diputados. "Nosotros seguimos trabajando y en poco tiempo se demostrará que teníamos razón", consignó el mismo asesor del partido amarillo. Es el segundo semestre, estúpido, podría leerse en el subtexto de esa expresión. Quizá se hora de decir que semejante expectativa por el período que arranca el 1 de julio lo ha convertido en una olla a presión. La promesa suena a profecía revelada por el más allá y, ya se sabe, esos vaticinios no admiten grises o excusas. O se cumplen o no. "Ni bien mostremos una inflación controlada y que la actividad se recupera, el resto viene solo", terminó la charla el asesor de Cambiemos.

Dama acorralada. El juez Claudio Bonadío le propinó el primer procesamiento serio a la ex presidente Cristina Kirchner. En 147 fojas, el magistrado funda su sospecha de comisión de ilícitos en el hecho de que ella misma confesó públicamente que manejaba la política económica del gobierno y los resortes cambiarios del Banco Central. Fuera de la enorme cantidad de tecnicismos argüidos en el fallo, Bonadío recuerda que Cristina eyectó a un presidente del Banco Central porque no se cuadraba con su orden de uso de reservas y utilizó cadenas nacionales y discursos para decir que la ministra de economía era ella y no su secretario de estado. A confesión de parte, dice el juez, relevo de pruebas que demuestran que se prometió un dólar con muchas diferencias a favor de quien apostar en el mercado a futuro.

Este cronista cree que los años de gestión de las dos veces presidenta fueron el campo propicio para la mayor época de irregularidades de corrupción de la historia democrática argentina. Sin embargo, la causa del dólar futuro es cuanto menos difícil para probar un acto doloso de un presidente sancionable por el código penal. Con el criterio de Claudio Bonadío todas las políticas de cualquier poder ejecutivo que llega con la legitimidad de los votos deberían ser revisadas por un solo juez según su criterio. Tiene sabor a mucho.

Sucede que se vive tiempos en donde se reclama sanción ya, de forma sumaria y en lo posible con cárcel. Si se hasta un abogado de pasado indefendible fue a parar preso al iniciarse el proceso luego de una trágica fiesta electrónica invocándose que, como es rico, hay peligro de que se fugue. Un disparate. Este clamor social ante el justificado hartazgo por la corrupción vivida no debe resolverse con atajos que eviten el debido proceso. Eso se llama venganza nacido del odio o de la revancha. Pulsiones de las que en un estado derecho deben estar exentos todos. Y todas.

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