La ciudad
Domingo 20 de Noviembre de 2016

Tiempos en que los absurdos se empiezan a naturalizar

Sin dudas los rosarinos asistieron esta semana a varios absurdos. Situaciones que se instalaron sin pedir permiso en la cotidianeidad de esta ciudad y hoy casi ni sorprenden.

Sin dudas los rosarinos asistieron esta semana a varios absurdos. Situaciones que se instalaron sin pedir permiso en la cotidianeidad de esta ciudad y hoy casi ni sorprenden. Conforman esas cosas que, de tan burdas, se asimilan. Natularización que le dicen.

   En esta urbe de más de un millón de habitantes a veces pasan cosas dignas de un pueblito de dos manzanas. Es que no se entiende cómo un circo de las dimensiones del Tihany, que tiene una carpa que fácilmente puede medir unos 50 metros de largo, se haya instalado en Oroño y el río sin tener permiso municipal. Y que un paro de inspectores se haya esgrimido como la causa por la cual nadie les advirtió a los empresarios circenses que esa estructura no se podía levantar allí.

   Este mamarracho dejó al desnudo varios aspectos: ante un paro municipal no hay ni siquiera una mínima guardia de emergencia que evite que se consumen hechos que afectan la ocupación del espacio público, Rosario parece no tener muy bien definido un sector en el cual deben asentarse los espectáculos públicos masivos, y todo parece ser producto de la improvisación.

   Cuesta creer que nadie en el municipio supiera que un circo de estas dimensiones iba a llegar a Rosario. Previsión, coordinación, acción. En fin, cosas que pueden pasar en una comuna más pequeña, tal vez. Pero suceden en la tercera ciudad más grande del país, cuyos habitantes vieron cómo el circo tuvo que desmontar la estructura y mudarse unas diez cuadras al oeste.

   En estos tiempos absurdos ya no sorprende que la policía haya destinado 100 efectivos a controlar el viernes pasado que los chicos del secundario no cometieran desmanes en su festejo de culminación de cuarto año e ingreso al último escalón del ciclo.

   Años anteriores estas "celebraciones" terminaron con pintadas en varios colegios del macrocentro. Desde hace un tiempo se impone exteriorizar la alegría con bombas de estruendo desde las cinco de la mañana. Total, los vecinos están acostumbrados. Se naturaliza tanto este tipo de cosas que en poco tiempo no sorprenderá que los colegios paguen adicionales para que los efectivos les custodien sus frentes en los días de "celebraciones".

   Si en la semana de los absurdos hasta se vio a un jugador de San Jorge agarrarse la cabeza tras clavar un golazo de media cancha que condenaba a Coronel Aguirre (el equipo de los Lavezzi en Villa Gobernador Gálvez) a perder la categoría. Ese gol, que llegó a tres minutos del final, significaba que la gente de San Jorge tendría una salida bastante complicada del estadio, un terreno hostil. Y en dos minutos Aguirre lo dio vuelta en un final bochornoso. "Esto en la rosarina pasa seguido", admiten cronistas deportivos. Naturalizar, de eso se trata.

   Como el hecho de escuchar sin ruborizarse el discurso de históricos dirigentes sindicales que durante doce años no abrieron la boca para reclamar la eliminación del impuesto a las ganancias y de repente parecen haber despertado con vehemencia de su letargo.

   Tiempos en los que un concejal habló esta semana en idioma canino. Sí, Carlos Cossia cerró su discurso en el Concejo con un "guau, guau" para celebrar que se aprobara la creación de un crematorio para mascotas.

   Días en los que 12 diputados provinciales se pegaron el faltazo en la sesión del jueves pasado, cuando se le dio media sanción, nada más ni nada menos, que a la autorización para que la provincia comience a implementar tratamientos con aceite de cannabis en el ámbito de la salud pública.

   Algunos de los ausentes estaban volviendo de un congreso de ciudades inteligentes en Barcelona. Antes, habían estado en Nueva York siguiendo las alternativas de las elecciones americanas.

   Pero en esta provincia parece que es "natural" que los legisladores no estén en sus bancas, si hasta se admitió que sesionen cada quince días.

   Y así, ya nada parece sorprender. Los absurdos se suman. Los circos se hacen movedizos, los pibes se emborrachan para empezar el último día del colegio y en el Concejo hay ediles que ladran. Absurdos.

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