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Jueves 01 de Mayo de 2008

Tiempo

Usted sabe, el tiempo no sobra. Tenemos que cumplir con tantas cosas supuestamente necesarias que muchas veces no logramos hacer lo imprescindible. Por ejemplo, leer. Disponer de cuatro horas una tarde de otoño para salir a caminar con un libro bajo el brazo, entrar a un café cualquiera, pedir algo que contenga el alcohol suficiente...

Usted sabe, el tiempo no sobra. Tenemos que cumplir con tantas cosas supuestamente necesarias que muchas veces no logramos hacer lo imprescindible. Por ejemplo, leer. Disponer de cuatro horas una tarde de otoño para salir a caminar con un libro bajo el brazo, entrar a un café cualquiera, pedir algo que contenga el alcohol suficiente para entibiar el alma y abrir el libro en la página 3 sin soltarlo por lo menos hasta la 127, con una sola pausa: la necesaria para mirar a la morocha que no nos mira y se ubicó en una mesa demasiado cercana.

Usted sabe, o acaso lo sospecha: la sociedad intenta que no leamos. Procura que usted, por ejemplo, en lugar de estar intentando digerir esta columna vea a Tinelli y yo le digo, salga de esta página de inmediato pero no encienda el televisor, si quiere busque a un columnista que use más puntos y aparte o seguidos en su prosa y eso lo hará sin dudas más feliz o lo dejará al menos más tranquilo.

Usted tal vez ya lo haya pensado, pero escápese y entre por ejemplo a un cine, agárrele la mano a su mujer, amante, novia o lo que sea y dese el lujo de ser libre. Lo admito, tengo nostalgia de los veinte años. Pero no por la juventud, no por una cuestión meramente cronológica sino por la hermosa libertad que gastaba sin saberlo.

Usted acaso tenga miedo, como yo, pero si no tuviera miedo es porque nada importante estaría en juego. Y recuerde, si el tiempo no sobra es porque la vida se va.

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