Edición Impresa
Domingo 16 de Marzo de 2014

Tiempo de mezquindades e hipocresías

Una y otra vez el presidente de la comisión de Servicios Públicos, Carlos Comi, intentó destrabar posturas pero la férrea oposición del arco opositor no cedió un milímetro.

Por tercera semana consecutiva la administración de Mónica Fein se quedó sin consenso para aumentar el boleto de colectivos y las alarmas se siguen encendiendo. Una y otra vez el presidente de la comisión de Servicios Públicos, Carlos Comi, intentó destrabar posturas pero la férrea oposición del arco opositor no cedió un milímetro.

   En el medio de esta coyuntura sigue sobrevolando el fantasma de un paro de colectivos, como ya sucedió hace algunos días con las líneas de Rosario Bus. Por el lento y casi nulo ritmo de las negociaciones habría que preguntarse si el Concejo está a la altura de las circunstancias o no es más que la suma de muchas voluntades que aspiran a ser intendentes y evitan tomar decisiones políticamente incorrectas.

   Si esta hipótesis no es la correcta, resulta difícil entender cómo kirchneristas, macristas, cavalleristas y radicales ni siquiera evalúan la posibilidad del incremento. Todo lo que la oposición sugirió para aliviar las finanzas del transporte local fue incorporado por el Ejecutivo: se engrosó el fondo de transporte con el cobro de un extra al casino, se solicitaron subsidios a nivel nacional, la provincia se comprometió a incorporar a Rosario y Santa Fe en el fondo de obras menores (lo que permitiría contar con recursos extra para volcarlos al sistema) y ahora el propio presidente de la Cámara de Diputados, el justicialista Luis Rubeo, impulsa un proyecto para destinar al transporte un porcentaje de lo que se recauda por el impuesto a sellos.

   Toda esa batería de iniciativas es abrazada por el socialismo, no obstante, la coyuntura dicta que las empresas pierden 700 mil pesos por día. A nadie le gusta aumentar tarifas, pero en una economía inflacionaria se vuelve inevitable. Buenos Aires y Córdoba ya lo hicieron sin pruritos. A los concejales rosarinos del mismo signo político de quienes gobiernan esas ciudades, pensar aquí en aumentos les da pavor.

   Parece que el consenso aparece rápido cuando se pretende blanquear a más de una veintena de asesores políticos (entre ellos algunos familiares) pero no cuando hay que asumir costos como lo es un aumento de tarifas. Tal vez si ese incremento no los dejara expuestos y se aprobara casi en el oscurantismo de los pasillos del Palacio Vasallo, como se había negociado el pase a planta de los asesores, se sentirían más cómodos.

   Muchos de los que hoy son concejales y están pensando en ser intendentes en 2015 saben que subir el boleto de colectivos no genera simpatías. También conocen perfectamente que administrar una ciudad no consiste sólo en sumar sonrisas, sino en brindar los servicios básicos y esenciales a los ciudadanos.

   En tiempos en los que la intendenta fue facultada a fijar los aumentos del boleto, no fueron pocos los concejales que clamaron (con justa razón) que esa facultad volviera al Concejo. Es hora entonces de tomar el tema con responsabilidad. Los dobles discursos no conducen a nada.

   Todo el arco opositor sabía que el aumento que aprobaron en diciembre era exiguo y que en marzo el Ejecutivo iba a necesitar retocar esa tarifa.

Se negaron enfáticamente a avalar el monto que por entonces pedía el socialismo y le otorgaron uno más bajo.

Y lo que todos conocían sucedió. Hoy tienen al oficialismo clamando por el incremento y asumiendo el costo político de solicitar aumentos mientras varios se erigen como grandes defensores de la clase obrera.

   Cuando los rosarinos se queden a pie, habrá concejales que saldrán con discursos efusivos a hablar de malas gestiones.

Un desgaste que para cierto sector de la oposición suma, pensando en lo electoral, pero es mezquino y corto placista. Y así, cuando la mezquindad se adueña de la coyuntura, es difícil evitar que los servicios colapsen.

Comentarios