Cartas de lectores
Miércoles 13 de Julio de 2016

Tiempo para el enojo

A Andrea Benítez. Estimada Andrea: El último domingo, como lo hago todos los días, compartí mi desayuno con las páginas de La Capital, y leí la excelente nota que te hicieron...

A Andrea Benítez. Estimada Andrea: El último domingo, como lo hago todos los días, compartí mi desayuno con las páginas de La Capital, y leí la excelente nota que te hicieron —titulada "Ahora quiero sanar; aún no tengo tiempo para el enojo"— en la que relatás el calvario que te ha tocado vivir desde hace más de un año, como consecuencia de los disparos que recibiste por parte de dos delincuentes y que casi terminan con tu vida. El hecho te sucedió en el Parque Scalabrini Ortiz, en un intento de robo. Lo que se cuenta en la nota no hizo más que escarbar en una herida propia, abierta también por el episodio que me ocurrió pocos días antes del que te aconteciera. Para ser más preciso el 18 de mayo de 2015 a las 21.15, en la calle España entre Rioja y Córdoba, en el que se intentó terminar con mi vida, descerrajándoseme a mis espaldas un disparo que ingresó en mi cuerpo por la zona cervical, y cuyo proyectil aún tengo alojado debajo de mi maxilar inferior. Mi caso no tuvo que ver con ningún robo o tentativa de ese delito, sino con el criminal deseo de eliminarme para apartarme del cumplimiento de mi labor profesional. Ambos sufrimos atentados contra nuestras vidas en la vía pública y ante la presencia de otras personas. Ambos esperamos heridos que acudieran a atendernos rápidamente los servicios de emergencia —en tu caso tardaron 40 minutos en llegar, y en el mío, directamente nunca llegaron, y tuve que ser trasladado en un móvil policial. Ambos tuvimos miedo a nuestra muerte, y quedamos para siempre agradecidos por la atención que recibimos del personal médico y paramédico. Pero más allá de esas coincidencias, lo que une principalmente nuestras historias es que tanto en tu caso como en el mío, los dos padecemos de que a más de un año de ocurridos, ambos hechos continúan sin esclarecerse e impunes sus autores. En una sociedad en la que debe imperar el acatamiento de la ley, que esto ocurra reiteradamente resulta intolerable. Si hechos tan graves como los que nos sucedieron no son investigados con todos los recursos del Estado para ser esclarecidos y castigados, el valor esencial de nuestra sociedad, que es el respeto de la vida de quienes la integramos, se ve peligrosamente comprometido. No es posible que nuestra organización estatal tenga tantas dificultades para garantizar que quienes atentan contra ese valor, puedan ser identificados y debidamente sancionados. Si eso sucede, las víctimas se sienten desamparadas. Quizás por eso en la nota expresás que si bien es inaceptable que tus agresores "estén sueltos", preferís no saber. Y esto que comprensiblemente te sucede, no puede ni debe ser así. Que se haga justicia puede ayudar a reparar y sobrellevar esos sufrimientos. Tal vez por la magnitud de lo que has padecido no te ha llegado el tiempo de "enojarte". Pero ya va a llegar. En mi caso hace mucho que estoy enojado. Y lo seguiré estando hasta que se haga Justicia. Lo mejor para vos y que Dios te siga ayudando para que puedas restablecerte por completo.

Guillermo F. Peyrano / DNI 11.753.847

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