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Miércoles 09 de Abril de 2008

The Grid, la superweb, ¿el fin del mundo?

El avance tecnológico nos tiene insensibilizados. Da lo mismo la aparición de un reloj con GPS que los descubrimientos en nanotecnología. Durante años soñamos con el teléfono con visor, y ahora está allí, a un puñado de billetes de distancia, aunque sean pocos los que se arranquen las mechas por tenerlo. Pero hay noticias que, incluso para los más insensibles, resultan totalmente descabelladas.

El avance tecnológico nos tiene insensibilizados. Da lo mismo la aparición de un reloj con GPS que los descubrimientos en nanotecnología. Durante años soñamos con el teléfono con visor, y ahora está allí, a un puñado de billetes de distancia, aunque sean pocos los que se arranquen las mechas por tenerlo. Pero hay noticias que, incluso para los más insensibles, resultan totalmente descabelladas.

El Concejo Europeo de Investigaciones Nucleares (CERN) dice que tiene terminada una internet diez mil veces más rápida que la actual. ¡Diez mil veces! La novedad se llama The Grid (la grilla) y se pondría en marcha cuando un científico presione el "botón rojo" del Large Hadron Collider (LHC), el acelerador de partículas más poderoso del mundo, todavía inactivo.

El asunto es así: el CERN está dando los retoques finales al LHC, un acelerador de partículas construido para buscar respuestas nada menos que al origen del universo, entre otras cosas. Pero sería imposible almacenar toda la información que producirá el LHC, ya que implicaría grabar más de seis mil CD por minuto. Es entonces cuando aparece The Grid, la nueva red de transmisión de información diseñada para almacenar la enorme cantidad de datos que producirá el acelerador de partículas en una "nube de computadoras" (ya tienen 55.000 servidores conectados a la grilla y planean cuadruplicar la cifra en dos años). Pero en el CERN creen que en algunos años The Grid reemplazará a la prehistórica internet. Parece el increíble argumento de una película de ciencia ficción sin demasiada inspiración, pero esta gente (cuya capacidad intelectual supera incluso a la imaginación) dice que ya está, que se viene, que antes de que termine 2008 estará funcionando el LHC y que después nada será igual.

Supongamos que sea cierto, que en un par de años los servidores nos ofrezcan estas conexiones increíblemente veloces que promete The Grid. Esto significaría que bajar un DVD de la web demoraría menos de diez segundos. Suponiendo que cada película tiene algo más de 4 GB, un disco rígido de 120 GB quedaría lleno en minutos.

Sigamos imaginando: ¿y la piratería musical? The Grid sería un tremendo golpe para la lucha de las discográficas. Otra cuenta absurda: solamente en el Allmusic tienen indexadas más de doce millones de canciones. Todas juntas, comprimidas en MP3 en una resolución aceptable, ocuparían unos 40 terabits. Esto significa que The Grid permitiría bajar casi todas las canciones grabadas en la historia de la música en menos de una hora.

Los investigadores que trabajan en el LHC están convencidos de que en un futuo bastante cercano será posible transmitir datos holográficos, hacer funcionar juegos online con cientos de miles de competidores interactuando en tiempo real y utilizar un servicio de videotelefonía de alta definición al precio de una llamada local.

Pero nada de esto ocurrirá si prospera la demanda que interpusieron dos científicos que aseguran que la puesta en funcionamiento del LHC precipitará nada menos que el fin del mundo. Y, entonces sí, esto se convierte en la peor película de ciencia ficción de la historia.

Los científicos Walter L. Wagner y Luis Sancho (que al parecer no gozan de buena fama en el ambiente) afirman que el LHC podría producir un agujero negro que, literalmente, se tragaría a nuestro planeta. Y dicen que también existe la posibilidad de que aparezcan strangelets, un tipo de materia extraña que, en caso de que lo del agujero negro no sea cierto, se dedicaría a replicarse en una reacción en cadena que reduciría la Tierra a una nube de strangelets. Punto final, chau superweb, chau mundo.

Claro, ninguna de estas calamidades está comprobada. Incluso los strangelets son hipotéticos, todavía nadie pudo despejar la duda de que realmente existan. En el CERN responden que las posibilidades de que el proyecto sea el principio del fin son casi iguales a cero, sentencian que "el día del botón rojo" está próximo, y repiten a quien quiera escuchar que el futuro empieza cuando arranque el LHC. Pero, ¿alguien se atreve a apretar el botón?

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