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Jueves 10 de Septiembre de 2015

Tesis etnicista, choripán de oro y fraude

El calor de los 12 años kirchneristas fue derritiendo las máscaras de la centroderecha y autodenominado progresismo “blanco”, anti K, que, a diferencia del “negro” de la periferia, estaría dotado de una genética superior.

El calor de los 12 años kirchneristas fue derritiendo las máscaras de la centroderecha y autodenominado progresismo “blanco”, anti K, que, a diferencia del “negro” de la periferia, estaría dotado de una genética superior. En 2003 Néstor Kirchner fue sorpresa, a los pocos meses fue desconfianza, y ya para 2005 la derecha inició la larga marcha fallida por demoler los pilares de un proyecto político que la desconcertó. Y que no pudo neutralizar.
  Según pasaron los años, y las elecciones perdidas —seis nacionales hasta ahora, y con alta posibilidad de conseguir una séptima derrota consecutiva el 25 de octubre próximo— el conglomerado anti K desarrolló distintas impugnaciones a los gobiernos de Néstor y de Cristina Kirchner. Primero, la metáfora meteorológica, el “veranito” que se terminaba. No ocurrió. La economía, con más o menos dificultades, siguió encendida y mantuvo su temperatura veraniega. Hasta hoy.
  La taquicardia del establishment comenzó a acrecentarse. Pasó 2005 y los imbatibles “barones del conurbano” de Eduardo Duhalde (Chiche Duhalde en aquella elección) perdieron 3 a 1 contra Cristina Fernández por la senaduría en la provincia de Buenos Aires. Llegó 2007, y la sucesión matrimonial no pudo ser fracturada. La hipótesis de que Néstor manejaba a Cristina, o que Cristina manejaba a Néstor, no alcanzó a limar la confianza de la sociedad.
  Luego prosiguió el presunto golpe de nocaut de 2008 —la 125—, la convalecencia de 2009, la muerte del líder fundador en 2010 y la resurrección de 2011. Para entonces, la derecha pasó del asombro al espanto. Y llegaron los argumentos clásicos para limar y, en lo posible, demoler al proyecto político que vino a modificar la relación de fuerzas, económicas y culturales entre franjas sociales distintas: el populismo “no respeta a la República”, aplica clientelismo “choripanero”, las “instituciones” y el “sistema judicial” están violentados. Al cabo, el kirchnerismo peronista padece (para la derecha opositora) de una desventaja de origen: su sujeto político principal, “étnicamente”, sería inferior a las demás representaciones políticas.
  El conglomerado anti K gozó de la hiperbolización mediática potenciando las nutridas marchas opositoras de las cacerolas, en 2012. Nadie les impidió expresarse. Celebró antes de tiempo las derrotas parciales (en la provincia de Buenos Aires) que sufrió el kirchnerismo en 2009 y 2013. Y con hidalguía republicana toda la oposición unida sacó a la calle los mejores paraguas para la marcha bajo la lluvia, el verano pasado, cuando Alberto Nisman parecía la piedra de toque de un final del kirchnerismo que, ahora sí, estaba muerto para siempre. Pero el personaje Nisman no resultó.
  Y llega octubre de 2015, y otra vez el FpV tiene chances de ganar la elección presidencial de la Argentina. La anunciada fractura al interior de la alianza gobernante —kirchneristas contra sciolistas— no se produjo, el salto en garrocha de los intendentes K al massismo viene sucediendo, pero en un sentido inverso al imaginado por los medios opositores.
  El desbarranque económico no sucede. El orden social perdura y sin violencia represiva. Entonces las máscaras de la presunta nueva política ejercida por viejos comunicadores —Fernando Niembro— se desvanecen. “Le dieron el choripán de oro”, dijo ayer la presidenta, aludiendo al primer candidato a diputado nacional por el PRO en Buenos Aires, quien habría recibido 22 millones de pesos del Gobierno porteño a través de una productora creada para ese fin sin ofrecer contraprestaciones comprobables.
  Como en Tucumán, el paso siguiente de la oposición será gritar fraude desde antes de que se cuenten los votos la noche del 25 de octubre. Y buscar un nicho amigo en el poder judicial que otorgue una cautelar para ganar tiempo. Son artilugios de coyuntura; para la derecha argentina, pase lo que pase en octubre, el “daño” del kirchnerismo estará hecho: “No les regalamos nada, ustedes son la garantía para mantener los derechos obtenidos”, les dijo ayer CFK a los militantes en José C Paz.

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