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Sábado 17 de Diciembre de 2011

Terminaron la escuela primaria sin tener ninguna inasistencia

Son alumnos de la Escuela Nº 642 de Los Cardos. Afirman que “no son Sarmiento” sino simplemente “responsables”  

“¿Son como Sarmiento ustedes?”. Llega una risa cómplice entre los dos y dicen: “No, para nada, sólo responsables y teníamos siempre ganas de venir a la escuela”. Los que sorprenden son Pilar Tommei y Leonel Gallo, alumnos de la Escuela Nº 642 de Los Cardos, que terminaron los siete años de su primaria sin haber faltado nunca.

Calles prolijas, señoras haciendo los mandados, bicicletas dejadas con toda confianza en la calle y perros que sólo mueven la cola ante extraños. Algunas de estas imágenes pintan una postal cotidiana de Los Cardos, un pueblo de unos 1.400 habitantes ubicado a 160 kilómetros de Rosario (cerca de Las Rosas y Las Parejas).

A pocos metros de la plaza principal está la Escuela Nº 642 Domingo Faustino Sarmiento; de ambientes amplios, donde el sol se filtra sin reparos y con un gigantesco patio que la rodea, toda una invitación para quedarse.

La primera en asomarse es la directora Graciela Rossi, que abre la puerta para conversar con los docentes y en especial con los protagonistas de esta historia de fin de año: los alumnos que cursaron los siete años de la primaria sin ninguna inasistencia.

Entonces sí, cuando la charla se da a solas con los chicos y de manera muy distendida llega la pregunta casi obligada: saber si se sienten algo así como la fama ejemplar de Sarmiento.

Las caras se les iluminan, se ríen, y el primero en arrancar es Leonel: “Yo vine siempre por la responsabilidad, siempre tenía ganas de venir y me enseñaron que tenía que cumplir y comprometerme si tengo una obligación, y la mía era venir a la escuela”.

Pilar acuerda totalmente con su compañero de clases. Pero también tiene lo suyo para contar: “A veces me ha dolido la garganta y mi mamá me quería hacer faltar, pero vine igual. Y no es que me encantaba estar en la escuela, pero yo quería cumplir igual, aunque estuviese enferma”.

Más tarde las maestras dirán que a esta decisión firme de los chicos se sumó que los dos tuvieron siempre una buena salud que los acompañó en la escolaridad.

Espontáneos. Pilar es toda una lady. Leonel es dulce, frontal y cada tanto da pistas para entender que ha sido de esos chicos algo inquietos que obligan a sus maestras a revisar con frecuencia cuanto libro de pedagogía tengan a mano. Los dos son muy espontáneos y transparentes para hablar.

Ella es la abanderada y confiesa que le gustan “todas las materias menos gimnasia”; él lo contrario: “Lo que más me aburre de la escuela es estudiar porque soy medio vago, me gustan los recreos y educación física porque sólo hay que ponerle ganas”.

El tiempo en la escuela transcurrió para ellos entre juegos y el último tiempo entre largas charlas con amigos. Por las tardes, fuera del horario escolar y “luego de hacer la tarea”, “en la plaza, tomando mate o tereré”, también “miramos tele o jugamos a la compu”. Por estos días la cita es en la pileta del club o de la casa.

Pilar prefiere leer historias de la guerra. “Me gustó mucho «El diario de Ana Frank»”, cuenta. A él lo apasionan “los cuentos de terror”. Y a la hora de mirar películas se inclinan por los mismos géneros. “Eso sí, para nada me gustan las educativas, esas que nos pasan en la escuela”, aclara Leonel en referencia a los documentales educativos.

Ella ya sabe que quisiera ser “profesora de matemática o de inglés”, él “nutricionista o veterinario”. Pero por ahora acuerdan que lo que más les preocupa es “el secundario”, la próxima etapa que les tocará compartir.

Se ponen igual de contentos cuando se les pregunta cómo son sus familias. Pilar cuenta que su mamá es maestra y su papá gasista, además de “fabricar unos conitos de plástico”. También tiene hermanos, entre ellos Gina, de 9 años, que sigue muy de cerca cada detalle de la entrevista.

Leonel también tiene hermanos y un “perro que se llama Togo”. Su papá es reparador de PC y su mamá empleada en una mutual.

“Conducta”. Al inicio de la charla los dos hablaron de las notas, calificaciones y lo que más les costaba de las clases. “Yo terminé bien el 7º, no me llevé ninguna materia, en cambio el año pasado tuve que rendir «conducta», tenía un 5”, así había arrancado la conversación este chico de 13 años para empezar a delinear parte de su personalidad.

En ese momento Pilar, de 12, con mucha sutileza lo había corregido: “En realidad se refiere a la materia de formación ética y ciudadana”.

Leonel y Pilar. Un encantador ejemplo de historias singulares que se enriquecen mutuamente en la diferencia y que construye la escuela pública todos los días. Ni raros ni olfas, simplemente dos chicos a punto de ingresar a la adolescencia disfrutando de lo mejor que le puede pasar a la infancia: aprender, jugar, estar con amigos, enojarse, amigarse, ser diferentes, aburrirse y, por qué no también, no faltar nunca a la escuela.

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