Ovación
Domingo 13 de Noviembre de 2016

Teo Gutiérrez está enredado en su propio presente en Central

La expectativa generada, que se vio traducida en la inversión después a la hora de la contratación, lejos está de encontrar correlato con la realidad.

"En el fútbol dos más dos no siempre es cuatro". Frase trillada si las hay, a la que suele echarse mano por parte de los protagonistas cuando las cosas no resultan de acuerdo a lo previsto o cuando la lógica no siempre se impone. Lo que le está ocurriendo a Central con Teófilo Gutiérrez tiene algo de eso. La expectativa generada, que se vio traducida en la inversión después a la hora de la contratación, lejos está de encontrar correlato con la realidad. El aporte del delantero es muy escaso si se tiene en cuenta todas esas aristas mencionadas. Después las preguntas. ¿Todavía no se adaptó al club? ¿El equipo no ayuda para que el atacante pueda destacarse? ¿Central no es al final el equipo que podía caerle como anillo al dedo? ¿No se lleva bien con el grupo? Y como esos, cientos de interrogantes más que quizá hoy no tengan una respuesta. Porque en un abrir y cerrar de ojos todo puede cambiar y en una jugada Teo podría inmortalizar su nombre en Arroyito si con una sutileza colabora, por ejemplo, para lograr el título en la Copa Argentina. Lo cierto es que nada de eso hasta aquí sucedió y todas aquellas esperanzas que se habían potenciado en la previa hoy se mantienen bajo ese mismo rótulo: esperanzas.

El peor error en el que se podría incurrir, por más ligero que sea el análisis que pretenda llevarse a cabo, es negar la clase de jugar que es Teo Gutiérrez. En Racing, River, Cruz Azul, la selección de Colombia y Sporting de Lisboa, por citar algunos de los clubes en los que estuvo, lo dejó en claro. Y fue en lo que se basaron los dirigentes cuando hablaron con Coudet luego de que el delantero fuera ofrecido. El talento está y se notó en más de una jugada ya con la camiseta canalla, pero todo fue a cuentagotas. Sólo jugadas. Y esporádicas por cierto. Esa es la realidad que tanto cuesta digerir del lado del jugador, del técnico y de quienes llevaron adelante semejante inversión.

A partir de ahí la generación de un círculo vicioso, en el que intervienen varios factores. Independientes o consecuentes.

Si de participación se trata, desde la llegada de Teo, Central disputó 12 partidos, nueve por el torneo local y los tres restantes por Copa Argentina, y el colombiano participó en siete de ellos (6 como titular y 1 ingresando desde el banco), de los cuales el canalla ganó dos, empató cuatro y perdió uno. Aún no marcó goles. Son los números que tiene en Central, aunque sea, quizá, lo menos importante. Sí se puede mencionar que jugó apenas uno más de la mitad de los encuentros disputados, lo que habla a las claras de su bajo nivel, amén de algunas lesiones que sufrió y que lo privaron de formar parte del equipo, como en los choques ante Vélez (2ª fecha), Arsenal y Estudiantes (5ª y 6ª) por el torneo local y Rafaela por la Copa Argentina.

Hay un momento particular, a partir del cual se sustenta el presente: el partido con Boca por la Copa Argentina. Para un compromiso de eliminación directa y tan caro al sentimiento canalla por lo que había ocurrido en la final de 2015, Coudet se la jugó por Herrera y decidió dejar al colombiano en el banco. Justo ante Boca. Justo en un partido en el que hasta la continuidad del entrenador caminaba por la cornisa. Todo un mensaje. O quizá una simple lectura de parte del Chacho, quien indudablemente entendió que el nivel futbolístico del delantero no comulgaba con la importancia de lo que estaba en juego.

Lo dicho, la irregularidad del equipo tal vez sea uno de los ítems a partir de los cuales germina su escaso aporte, que por ahí no estuvo por debajo de muchos otros jugadores, especialmente aquellos que llegaron como refuerzos, pero, se insiste, las expectativas sobre lo que podía (y aún puede) dar eran mayores. Porque, se supone, un equipo más agresivo y consolidado seguramente generaría más chances. Eso sería un beneficio tanto para Teo como para el resto.

Aquel aura que acompañó su llegada sobre una personalidad conflictiva y cierto aspecto nocivo para un grupo que estaba consolidado hoy casi que no tiene sustento. Porque más allá de algún que otro gesto que pudo aparecer en tal o cual partido hacia alguno de sus compañeros, y que fue aclarado oportunamente por Marco Ruben, hoy parece claro que la deuda es ciento por ciento deportiva y que la impronta futbolística tiene más que ver con un bajón en cuanto al juego que por alguna que otra característica de personalidad.

Un gol pudo haber cambiado todo. Pero en eso tampoco gozó de un golpe de gracia. Más teniendo en cuenta la complicidad con el gol que traía desde Portugal y la selección de Colombia, con 13 tantos en la misma cantidad de partidos. ¿Qué más en aquel momento para alimentar la esperanza de toparse con un Teo más incisivo? En Arroyito no sólo no convirtió, sino que en los partidos que le tocó jugar siempre estuvo demasiado lejos del arco rival. Alguna que otra situación aislada en un par de encuentros, entre ellos el clásico (Bordagaray se la sacó del buche en una), un partido en el que muchos imaginaron que podía ser "su" partido (hasta apareció algún que otro murmullo sobre el final, cada vez que tocaba la pelota). No fue ese y tampoco el de Boca, en el que miró directamente del otro lado de la línea.

En los últimos partidos su consideración bajó más de lo habitual. De la titularidad contra Huracán (8ª fecha) pasó a ser alternativa del Chaqueño Herrera (por Copa Argentina, ante Boca), mientras que con Independiente (ingresó en el complemento), Coudet entendió también que Bordagaray estaba un paso por encima. Tiempo aún tiene de sobra para demostrar que todo lo imaginado y la inversión realizada no fueron moco de pavo y que su capacidad futbolística aún tiene suficiente hilo en el carretel como para torcer la historia.

Por lo pronto, el aporte que de él se esperaba sigue reposando plácidamente en la columna del debe. Con más de medio año de contrato sobre el lomo (hasta junio de 2017), Teo Gutiérrez deberá trabajar para demostrar de una vez por todas que su elección no fue equivocada. Porque todavía se aspira a la remontada en el torneo local y, sobre todo, están por delante esos 180 minutos en Copa Argentina en los que el Canalla irá en busca de esa coronación tan postergada.

Hasta aquí la convivencia dentro del mundo canalla se escribe más con tinta roja que verde. Tal vez una aparición repentina, pero de esas que suelen dejar huellas ayudaría.

Si hasta a Ruben le costó enarbolar el protagonismo de torneos anteriores es lógico que a Teo le haya o le esté sucediendo lo mismo. El tema es "el nombre" de quien llegó en medio de un anuncio con bombos y platillos y quien no sólo no rindió en la forma esperada, sino que hoy se encuentra bastante relegado en la consideración del entrenador.

A la par de Ruben

Antes de que comience el torneo, muchas fueron las especulaciones sobre el potencial que podía tener Central en ofensiva con Teo Gutiérrez y Marco Ruben. Y esas conjeturas no eran infundadas. Había un criterio serio: el capitán canalla venía de hacer un torno mejor que otro, mostrando su capacidad goleadora como nunca antes lo había hecho en otro club y el salto de calidad que podía aportar el colombiano en esa dupla "temible" se circunscribía en la mima lógica. El tiempo mostró otra cosa en cuanto a resultados propiamente dichos. No así en lo que imaginó y llevó a cabo Eduardo Coudet. De los seis partidos que jugó Teo como titular, cinco de ellos fueron como ladero de Ruben en la ofensiva. La única vez que actuó desde el inicio pero con otro compañero en ataque (Germán Herrera) fue ante Huracán, en la previa del choque copero frente a Boca, en lo que pareció una prueba para ambos por parte del Chacho para ver con quién se la jugaba en la búsqueda de las semifinales de Copa Argentina.

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