Escenario
Viernes 26 de Agosto de 2016

"Tengo que dar buenos mensajes"

Flavio Mendoza dijo que en cada show intenta transmitir una idea. Hoy, en metropolitano, dará la primera de siete funciones.

"Mis espectáculos tienen que ver con los sueños", dice Flavio Mendoza, y remata con una línea de uno de sus shows: "Los únicos sueños que no se cumplen son aquellos que no se sueñan". El bailarín, director y coreógrafo regresa a Rosario, esta vez para mostrar "Estados del tiempo". Los sueños fueron un impulso para Mendoza que en cinco años hizo realidad el suyo con su primer show, "Water in Art". Cuando le "cayó la ficha", confesó, no dejó de llorar por horas. Y fue por más: creó "Stravaganza Tango", "Pequeña gran mujer", "Franciscus", además de su escuela de danza y acrobacia, y en diciembre próximo estrenará "Mahatma", cada uno con su carga de buenas intenciones en el marco de gran show. "Cuando uno tiene la posibilidad, está bueno dar también un mensaje positivo. Me parece que hoy el mundo también lo necesita", aseguró. "Estados del tiempo" se podrá ver hoy, mañana y pasado mañana, a las 21, en Metropolitano (Shoping Alto Rosario). El espectáculo se presentará también desde el 1 al 4 de septiembre.

   —¿Cuál es el disparador de un nuevo espectáculo?

   —Me pasó cuando quise hacer el primer año Stravaganza. Son necesidades que me pasaron como artista y como persona. Es como que veía que los espectáculos no variaban mucho, había muchas revistas, muchas comedias, pero no salían de eso. Necesitaba yo como espectador ver algo diferente. Eso fue lo que quise hacer con Stravaganza. Por eso en mi carrera también hice "Franciscus", que habla sobre la vida de Francisco de Asís. Son necesidades también personales. Cuando uno tiene la posibilidad, está bueno dar también un mensaje positivo. Me parece que hoy el mundo también lo necesita. Y eso que no soy una persona mística ni nada por el estilo, pero realmente me parece que como comunicador tengo que dar buenos mensajes, y eso me hace bien a mí, como persona.

   —¿Qué mensaje quisiste transmitir en "Estados del tiempo"?

   —Siempre mis espectáculos tienen que ver con los sueños. En "Estados del tiempo" termino con una frase que dice "los únicos sueños que no se cumplen son aquellos que no se sueñan". Me parece que todo tiene que ver un poco con los sueños. "Water in Art" fue como mi gran sueño, fue mi primer lanzamiento como artista en el que me jugaba el todo por el todo. Sobre "Estados del tiempo" puedo decir que soy ecologista, no estoy a favor de que se usen pieles naturales porque es una matanza cruel. Es más, en el espectáculo uso pieles artificiales para que la gente vea que se pueden hacer tapados maravillosos sin necesidad de matar ningún animal. Y esta obra tiene que ver con la ecología, con cómo está el mundo, con el cambio climático. Después cuando lo pasé a un espectáculo lo hice más llevadero, pero sí tiene un mensaje y va por ahí. Obviamente las personas interpretan el show de distinta manera, pero tiene que ver con el clima del planeta y lo que le pasa a las personas.

   —¿Cómo influyó la televisión en la difusión de tu trabajo?

   —La televisión les sirve a todos. Lo que pasa es que también para mí hay programas, como la televisión misma, que muestra lo que hacés y te podés vender. En la televisión es gratis, pero después tenés que pagar una entrada para el teatro y realmente tenés que mostrar algo que la gente quiera consumir porque muchas personas han pasado por la televisión, y no lo digo con soberbia ni nada, pero no muchos han tenido el éxito que tuvo Stravaganza. Por eso digo que también es apostar a hacer las cosas bien. Ahora que voy a Rosario puedo llevar menos bailarines y la gente no se daría cuenta porque el show es increíble igual, pero no está en mi esencia. Yo no puedo hacerlo de esa forma, lo tengo que hacer con lo mejor. Pasar por Tinelli es una cosa muy importante, obvio, pero después tenés que sostener lo que sabés hacer porque convengamos que están los artistas consagrados y los nuevos que aparecen y así como aparecen desaparecen porque después no tienen más que ofrecer. Yo tengo escuelas de danza y acrobacia, una de ellas en Rosario. Por ahí mucha, por ejemplo, ve a la abogada hot en un programa y muchos de mis alumnos me dicen "¿pero si ella está porqué no puedo estar yo?". Y la verdad es que yo trato de no confundir a la gente. A mis alumnos yo les digo "ustedes tienen que estudiar, prepararse si quieren estar en este medio". Eso es lo que te puede salvar porque esas cosas son muy efímeras. Puede estar un tiempito y después desaparece. Es muy raro que un personaje tenga el talento para sostenerse. Puede ser que sí, pero eso lo dirá el tiempo.

   —¿En tus escuelas todos quieren ser Flavio Mendoza?

   —(Ríe) Vos sabés que no... Obvio habrá alumnos que sí, pero en realidad sabés qué es lo que me gusta de ellos... que les gusta lo que yo hago. Entonces muchos estudian en mis estudios porque quieren llegar a hacer un espectáculo como el que yo hago. Eso es lo que me da alegría, poder decir que no solamente soy alguien que da clases o que puede tener un estudio de danza y acrobacias, sino que también tengo el campo de acción para esas personas porque no hay tantos espectáculos como el mío. En Argentina solamente está el mío y después los acróbatas, bailarines, gimnastas, tienen poco campo de acción. En realidad me encantaría que hubiese mucho más trabajo. Imaginate que por ejemplo hoy tengo que hacer el nuevo espectáculo para el verano que se va a llamar "Mahatma" y se estrena en diciembre en el teatro Luxor, y la verdad es que tengo tantas personas que me llaman para trabajar que no me alcanza para convocarlas a todas, porque más allá de que mis espectáculos tienen elencos grandes, yo tengo que dejar a mucha gente afuera. Por eso el año pasado hice tres espectáculos para poder dejar a todos con trabajo, pero la verdad es que en estos tiempos es muy difícil mantener dos espectáculos con esta cantidad de gente y esta calidad artística.

   —¿Cómo fue tu experiencia como productor y director de "Franciscus"?

   —Yo lo conozco a Alejandro Roemmers, que es la persona que escribió el libro y que es amigo mío. Eramos conocidos y siempre me había hablado de este espectáculo. Después de ver varios espectáculos míos, me dijo "esto tendrías que hacerlo vos". Conocía la historia de San Francisco de Asís y la verdad que tuvo mucho que ver conmigo, era un tipo ecologista, que tenía una cosa de despojarse de sus bienes materiales porque pensaba que las personas iban a ser felices si no tenían nada. Ahí fue donde pensé qué bueno que una persona quiera hacer este espectáculo por el mensaje que tiene y que quiere dar, y eso me llegó al corazón. Estaba buenísimo porque me hace hacer algo totalmente diferente en mi carrera, además de trabajar con Norma Aleandro, que fue un placer increíble. Nunca en mi vida pensé que iba a trabajar al lado de Norma Aleandro y codirigir con ella. Son cosas que gracias a Dios, me las llevo para toda la vida. La verdad que es una experiencia maravillosa y la vivo así cada vez que voy a ver el espectáculo. Es una comedia musical diferente a todas, que tiene acrobacia, baile, música en vivo, más de 50 artistas en escena, creo que es el espectáculo más grande que se hizo en la historia del teatro nacional y la verdad es que estoy orgullosísimo del producto, del mensaje, el cuidado que tiene, de cómo sale la gente movilizada del espectáculo, no solamente porque nos está yendo muy bien, sino porque la gente escribe diciendo como los movilizó.

   —¿Hubo alguno de tus espectáculos que no te haya conformado, que hayas pensado que fue un fracaso?

   —Creo que si algún espectáculo no funcionó, no lo tomo como fracaso. Soy un tipo muy criterioso creo. Trato de hacer las cosas de una forma que te puede gustar o no, pero no te vas a sentir estafado con lo que hago. Trato siempre de hacer algo que primero me tiene que gustar a mí. Si no me gusta a mí, no lo podría hacer.

   —¿Por qué este año no volviste al Bailando?

   —Yo tengo la mejor con ellos, tanto en Ideas del Sur, con Marcelo (Tinelli), con el Chato (Prada), con (Federico) Hoppe, tengo la mejor, pero lo que pasa es que me llaman para volver a bailar. Yo ya bailé, fui jurado, hace poco hice un reemplazo. Cuando puedo lo hago, pero la verdad es que me gustaría mostrarme de otra forma. Creo que volver a bailar, no sé si estoy con las mismas ganas de hace diez años. Siempre está abierta la posibilidad, pero me gustaría hacer algo diferente en televisión.

   —¿Te propusieron algo?

   —No, vos sabés que a mí nunca me llegaron muchas propuestas. Siempre tuve que generarlas yo a las propuestas. Me pasó con Stravaganza, con todos los espectáculos y las cosas que hice las generé yo. Sí me han llamado para programas, pero en algo más firme como lo que me gustaría hacer en un programa de televisión, me parece que cuando lo tenga totalmente decidido voy a hacer el piloto, producirlo yo y mostrarlo, porque la gente en televisión, y Argentina tiene mucho de esto, a veces no quiere salir del dos más dos cuatro. Todos los años va el mismo programa, la misma gente vuelve a ese programa y al año siguiente es así. Es como una repetición. Me parece que los productores por ahí no se animan a jugarse tanto por un proyecto nuevo y no se por qué. A veces veo que hay una saturación en televisión, con el mismo conductor en tres o cuatro programas, y me parece que también podría haber espacio para otros. Me gustaría que pasase eso en algún momento.

   —¿Cómo recordás el inicio de Stravaganza?

   —Cuando se hizo Stravaganza el primer año, hace cinco ya, lo único que no quería era perder mi casa porque la había hipotecado. Era lo único que tenía, era mi departamento que lo tenía después de tantos años como bailarín y de ahorrar y ahorrar. Era mi gran miedo, como también que los productores que habían puesto dinero no perdieran su parte. Con salir hecho, para mí era como tocar el cielo con las manos. Cuando pasó ese fenómeno de Stravaganza no había entradas y las anticipadas se vendían un mes antes. Esa temporada tenía que terminar el 6 de marzo y terminamos el 18 de abril y fue la temporada más larga que hice en mi vida. Fue en el teatro Luxor de Carlos Paz y se inauguró conmigo. Digamos que yo terminé de adaptar el teatro a todo lo que quería hacer. Fue como una revolución porque era la primera vez que un teatro se construía para un espectáculo. Fue muy loco lo que pasó. Yo tenía piloto automático porque no entendía lo que pasaba y los productores venían contentos a decirme, "no hay entradas". Fue una temporada muy difícil para mí físicamente, porque estaba muy lastimado, tenía fisura de codo y un montón de cosas, como que mi cabeza estaba concentrada en trabajar y no podía faltar ni tampoco fallar. Era una responsabilidad muy grande la que tenía, pero después que terminó la temporada y que pude tomarme vacaciones, fue cuando me cayó la ficha. Me acuerdo que un día estaba en la playa y me lloré todo agradeciendo a Dios, porque es algo que uno tiene que agradecer. Son cosas que pasan una vez en la vida.


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