la_region
Domingo 03 de Julio de 2016

"Tengo la fortuna de tener a mis padres vivos y eso es una bendición", valoró el nieto recuperado de Reconquista

El nieto recuperado le exigió al Tribunal en el juicio por su apropiación en Reconquista. Desde 2009 el estudio de ADN oficial prueba su origen.

Las audiencias que se desarrollaron la semana que pasó en los Tribunales Federales de Santa Fe en el juicio por la apropiación en Reconquista de José Maulín Pratto no sólo revelaron la crueldad y perversidad del terrorismo de Estado, sino que además mostraron la desidia del Poder Judicial, tanto federal como provincial, en la restitución legal de la verdadera identidad de la víctima. Esta irregular situación lleva ya seis años sin resolverse y no sólo revictimiza al nieto recuperado número 120 sino que se ha trasladado a sus hijos que hoy tienen 16 y 11 años a quienes también se los viene privando de su verdadera identidad. El colmo de la situación es que desde 2009 los estudios de ADN confirman que José es hijo biológico de Rubén Maulín y Luisa Pratto.

La trágica historia comenzó en 1976. Rubén Maulín trabajaba en una carpintería que había sido de su padre y era militante político del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Vivía con su pareja Luisa Pratto y dos hijos, y esperaban un tercero. El 19 de octubre de 1976 fue secuestrado por la policía provincial y confinado en el penal de Coronda por seis años, hasta el retorno de la democracia.

Luisa estaba embarazada de tres meses al momento del secuestro de su compañero y fue confinada en su propia casa donde fue hostigada por miembros de la policía provincial, quienes irrumpían habitualmente en su domicilio, incluso para someterla a abusos sexuales, y hasta delante de uno de sus pequeños hijos.

En ese contexto, en febrero de 1977, casi dos meses antes del parto, Griselda Pratto, hermana de Luisa, tenía 16 años, vivía en Buenos Aires y llegó para acompañarla. El 5 de febrero, Griselda fue secuestrada y recluida en la Base Aérea Militar Reconquista, donde estuvo cautiva y fue sometida a torturas y abusos sexuales hasta el mismo día del nacimiento de su sobrino.

Luisa fue llevada a dar a luz en el Sanatorio Reconquista donde el 26 de marzo de 1977 nació José, quien inmediatamente fue inscripto como hijo de Luis Segretín, que trabajaba de empleado de la terminal de ómnibus, y Cecilia Góngora, hija de un empleado civil —estaba encargado de la Residencia— de la Base Aérea, y luego trasladado a El Palomar.

El día del parto fue liberada Griselda Pratto. Allí el ex jefe de la Base y también ex intendente de facto de Reconquista Danilo Sambuelli le dijo que fuera al sanatorio porque había nacido su sobrino. Allí, fue testigo de la sustracción del niño: oyó que a su hermana le decían que era "la señora de Segretín" y que, tras darle de mamar, fue obligada a entregar el bebé a una enfermera, tras lo cual no lo vieron más.

Este es el resumen de los hechos cuyo relato están escuchando desde la semana pasada los jueces José María Escobar Cello, Luciano Lauría y María Ivón Vella, integrantes del Tribunal Oral, y el fiscal Martín Suárez Faisal. En el banquillo están sentadas Góngora y la obstetra que firmó el certificado de nacimiento, Elsa Nasatsky. Segretín, marido de Góngora, murió en 1986.

Este juicio es un desprendimiento del que concluyera en agosto de 2013 con las condenas a Sambuelli a 21 años de cárcel por delitos de lesa humanidad. También fueron condenados otros seis represores. Ese proceso fue histórico porque fue el primero en condenar a represores por delitos sexuales. Sambuelli también habría sido juzgado por la apropiación pero murió en diciembre de 2014.

Historia de una búsqueda. Los jueces, además están escuchando la historia de la búsqueda de José por parte de sus padres, y hasta de una lucha que el hombre que hoy tiene 39 años sigue dando por él y por sus hijos: lograr que el Estado le reconozca legalmente su verdadera identidad, la cual está científicamente comprobada por los estudios de ADN desde 2009.

La abogada de la querella Lucila Puyol destacó a LaCapital los "contundentes e impactantes testimonios de Luisa y Griselda Pratto para mostrar el contexto de terror, de invasión de todo, la casa, la vida, el cuerpo, y ahí le sacan el hijo; y Rubén Maulín que contó todo lo que hicieron después de la cárcel para recuperar a su hijo".

También refirió que "el testimonio de José fue fuertísimo contando la vida oscura y triste de su niñez, donde se vivían situaciones de mucho autoritarismo, violencia simbólica y manipulación de parte de Góngora", a la vez que "reiteró al Tribunal que desde 2009 necesita tener su nombre".

"Ellos sabían dónde estaba el nene porque esta gente siguió en Reconquista. Empezaron varios intentos: fueron al Juzgado de Menores de Vera, pero sufrían amenazas, incluso el mismo juez que los atendió les dijo que el chico estaba inscripto como hijo biológico por lo cual se arriesgaban a ser ellos los denunciados, pero nunca cejaron en el intento. Incluso fueron a verla a Góngora, que los echó con insultos y amenazas", añadió Puyol.

La letrada graficó que "cada vez que se acercaban, la mujer se llevaba al nene a El Palomar con su padre y la otra táctica era contarle mentiras. De adulto, ya le pidió un pacto de silencio entre ellos dos: él se casó en el 99 pero ni siquiera se lo contó a su esposa".

La llave la dio la anulación de las leyes de impunidad durante la década pasada cuando se abrieron procesos y José pudo retomar la relación con sus padres mucho antes del análisis de ADN, en el marco del Programa de Protección de Testigos. Para ilustrar la situación, Puyol dijo que "el hijo de José ya le decía abuelo a Rubén".

Nombre propio. Su DNI dice que se llama José Luis Segretín, pero él aclara que quiere llamarse Maulín Pratto, y sólo José, por que Luis era el nombre de su apropiador. Sin embargo, sigue esperando al Poder Judicial. "En Reconquista y con el ADN ya podrían haberle restituido su nombre. También fueron a la Justicia provincial con el ADN en mano y le dijeron que no. Ese es un error. José se lo dijo al Tribunal (el jueves cuando testimonió), les pidió por favor", aseguró Puyol.

"Uno de los argumentos que dieron en la Justicia para no ordenar aún cambiar el documento de José fue que estaba de por medio la causa penal por apropiación, pero eso es un disparate porque está el estudio de ADN. Incluso aunque los apropiadores fuesen sobreseídos eso no cambia el estudio de ADN", planteó con lógica la abogada.

"También se los reclamó a los jueces Rubén, quien dijo que su nieto sufrió problemas de conducta. El nene cada vez que en la escuela lo nombraban no quería dar el presente. «Yo no soy esa persona», les decía a las maestras porque lo llamaban con el apellido Segretín. Ahora el varón tiene 16 años y la hermana tiene 11, de ellos también estamos hablando", advirtió la letrada.

Comentarios