Escenario
Domingo 14 de Agosto de 2016

"Tenerlo todo", un repentino y tragicómico ascenso social con Rosario como contexto

En la sala Caras y Caretas se monta el texto "Tenerlo todo", bajo la dirección de Carla Saccani.

Sorpresiva en su devenir argumental, sin pretensiones moralistas, hasta aleccionadora, por momentos tontamente divertida y, en otros, duramente trágica, con una buena química grupal y con una explícita referencia a Rosario como contexto de la trama, "Tenerlo todo" se irá lentamente convirtiendo en una obra icónica de la ciudad donde los nuevos ricos, el narcotráfico, el boom inmobiliario y el siempre presente río Paraná se mezclan con una familia tradicional de clase baja, sus aspiraciones (las trascendentales y de cocaína también), sus lastres y, sobre todo, sus prejuicios.

Escrita por Sebastián Villar Rojas y Vanesa Gómez para el concurso de dramaturgia de la Comedia Municipal Norberto Campos del año anterior, la obra estrenada el sábado 4 de junio pasado se monta en la sala Caras y Caretas (Corrientes 1518).

DESDE ARRIBA. Rosario se pinta vista desde arriba de una torre, que puede ser cualquiera de las florecidas en el boom inmobiliario de hace una década a la vera del río. Las mismas sospechadas hoy de erigirse con inversiones provenientes del narcotráfico, otra de las caracterizaciones atribuidas a la ciudad, así como la de las divisiones entre centro-periferia, ricos-pobres y real-imaginada.

Son estas dos ciudades las que habitan los Giovanetti. Ya lo hicieron en el barrio y ahora lo hacen en el centro. Ya fueron pobres y ahora disfrutan de su repentina riqueza. Ya creyeron en la honestidad del trabajo y ahora...

La inauguración de un altísimo departamento reúne a una familia desmembrada que, como todas, oculta sus peores virtudes y sus mejores defectos bajo las apariencias.

decisiones. El elenco juega sus fichas enmarcado por una escenografía casi de televisión, con mucho cartón, luz y colores resplandecientes, pero con una gran facilidad para montar y desmontar, acorde a la intención de sus hacedores, quienes pretenden transformar la obra en un ícono de la ciudad y mantenerla en el tiempo. Aunque para eso todavía falte mucho.

En ese living presidido por una inmensa luna llena que se ve desde el balcón y en una cocina del mismo departamento es que el grupo de intérpretes busca el norte tragicómico trazado por los autores y la directora.

Mónica Toquero, en su papel de Mabel, lleva sobre sus hombros descubiertos buena parte del primer acto, secundada por su hija abogada, la Marichu de una debutante en las tablas Macu Mascía. Y si bien su trabajo no descolla inmediatamente será quien finalmente deba proveer a la puesta de la veta trágica hacia la que irremediablemente se va deslizando.

Juan Carlos Capello y Lionel Fuentes, en la historia Héctor y Brian, un padre laburante y un hijo no tanto, cumplen con solvencia sus papeles ayudados por las creíbles máscaras construidas a fuerza de riesgos actitudinales (ninguno ha dejado de pertenecer a su entorno social barrial) y al vestuario. Este último además es el responsable de la música original.

Pero quien desata el nudo de la trama es la tía Rita, una Marita Vitta divertida en su composición de una mujer sola, como tantas, que humaniza a su perro. La actriz desparrama vitalidad, protagoniza los mejores momentos de comedia y hasta se da el lujo de morcillear, es decir, incorpora elementos que no están en el guión con toda soltura y simpatía.

Ni falta una actriz ni sobra un actor. Devenida en una marca de identificación de la directora que viene repitiéndose en su metié, Marco Cettour interpreta a la nuera de los Giovanetti, un personaje secundario sobre el que está depositada la pesada carga del estrato social de cuna en una palabra, su nombre. Sol ya no es Sheila y ese cambio es una forma de ser esa otra persona que se desea.

FEEDBaCK. Como consecuencia de lo dicho, "Tenerlo todo" se alista en el nuevo grotesco argentino que espera no sólo exponer sobre un escenario las decisiones estéticas y éticas tomadas por los artistas en todas sus dimensiones sino que espera que los efectos de esas determinaciones aniden en el público en una especie de feedback, donde aquello que sucede bajo los reflectores sea parte integrante de las vivencias de la platea.

Quinta obra de la cosecha de la visceral directora rosarina Carla Saccani, la puesta navega entre la risa y el drama sin juzgar ni a Rosario, ni a los rosarinos, ni a los actuales trampolines de ascenso social, ni a personajes fácilmente reconocibles en el universo de los nuevos ricos.

Lejos de la parodia y de la burla, lo más interesante de "Tenerlo todo" es la procura de estereotipos para luego ir deconstruyéndolos, no sin una mirada crítica propia del teatro de compromiso que encarna Saccani.

Así, lo que aparece como una crisis intrafamiliar muta inmediatamente en un espejo de la ciudad en la que habitamos, con sus contradicciones y hábitos, y de los valores con la que ha sido construida. Y si ya no es lo que era o nos horroriza su presente, dependerá de todos, los del centro y lo de los barrios, su futuro.

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