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Domingo 15 de Noviembre de 2015

"Tenemos que tener una esperanza activa"

En su último libro, Pensamientos. Ideas, convicciones y utopías, el médico Efraín Hutt reflexiona sobre la violencia, la sexualidad, la droga, la solidaridad y la muerte

Efraín Hutt es médico especialista en terapia intensiva y miembro del comité de bioética del Hospital  de Emergencias Clemente Alvarez (Heca). Tiene 86 años y ha dedicado gran parte de su vida a analizar los laberintos del pensamiento. Además, es amante de la música y sigue aprendiendo canto lírico.
  El miércoles presentará su último libro, titulado Pensamientos. Ideas, convicciones y utopías, donde condensa gran parte de su experiencia y su reflexión sobre los grandes temas de la vida. Sabe que no es dueño de la verdad y por eso abre el debate en cada afirmación que hace. El trabajo fue respaldado por la firma Defante y editado por Laborde Editor. La actividad será a las 18, en Ovidio Lagos 1350, planta alta.

—En el libro dice que se está perdiendo la sexualidad...
—Sí, y la sexualidad es algo hermoso, porque implica cuidar al otro, respetarlo y darle ternura. Estos y otros elementos no están presentes en la genitalidad. Así como hay un hito en la historia de la evolución que se da con la aparición del lenguaje también hay un momento clave que es la forma de acoplamiento. Todas las parejas de animales hacen sólo genitalidad, se acoplan por la parte posterior el macho de la hembra. Esto sucede en la hormiga, la vaca, el toro, el elefante, la tortuga, en todos. En cambio en el hombre y la mujer es diferente. Cuando el hombre y la mujer se miran a los ojos nacen otros elementos como la ternura, la confianza, el amor y el respeto. Este acto pasa de ser de plena alegría, goce y crecimiento. Esto no sucede en la genitalidad, donde se da una satisfacción instintiva mecanicista, y luego todo sigue igual sin producir cambios en el área afectiva.
  Por eso considero que el sida, por ejemplo, no es una enfermedad de transmisión sexual sino de transmisión genital. Y la mejor vacuna es que renazca en los seres humanos el amor al prójimo y el respeto por el otro. Educar para la sexualidad responsable a nuestros jóvenes es una hermosa vacuna, y de muy bajo costo.

—¿La violencia y la solidaridad tiene alguna relación?
—La violencia nace de la falta de posibilidades de concretar los proyectos de vida que tiene todo ser humano. Es una frustración. Pero hay dos tipos de violencia: la reactiva, que es la que surge de una necesidad en pro de la vida, como la de aquel que roba algo para darles de comer a sus hijos, y la destructiva es la que ya no tiene límites y es porque sí. Es la del que va a robarle a un anciano y además lo golpea y lo mata.
  Esta última va despertando en nosotros una paranoia. También por la estimulación de los medios de comunicación que reiteran estas situaciones. Nos vamos volviendo paranoicos. Sentimos pasos detrás nuestro y pensamos que vienen por nosotros, que nos van a asaltar y que nos van a matar. Vivimos permanentemente asustados.
  A su vez, estas situaciones de necesidad son las que despiertan la solidaridad que está dormida pero no muerta en nosotros. Y cada vez son necesarios impulsos más fuertes para despertarla. Si vemos a alguien empujando un auto ya no nos mueve nada, no lo ayudamos. Pero si sucede un tsunami o un terremoto ahí se despierta algo que está dormido en nosotros y todos corremos a ayudar. Es lo que pasó con la explosión del edificio de calle Salta.
  En cambio, nos acostumbramos a ver gente durmiendo en la calle... Lo mismo está pasando con las migraciones forzadas.

—¿Cómo analiza la guerra en Medio Oriente?
—Están pavimentando el Mediterráneo con cadáveres de africanos, sirios, libaneses, turcos y nadie analiza por qué sucede esto. En medicina siempre intentamos ver las causas para solucionar el problema...
  Estados Unidos es en gran parte responsable porque vende armamentos. Hoy el mundo está manejado por el poder de los laboratorios, la venta de armas, la droga y la desocupación. Pero sé que no soy dueño de la verdad y estoy abierto al debate.

—¿Por qué se llegó a esto?
—Porque hay gente interesada en que no pensemos, en que no amemos. ¿Cuántos siglos hace que el hijo de un carpintero en Nazaret dijo “Amaos los unos a los otros...” o “amarás a tu prójimo como a ti mismo”? Y parece que se entendió al revés, como “odia a tu prójimo”.

—Toca el tema de la religión en uno de los capítulos...
—Sí, porque soy profundamente religioso, pero no practico dogmas. La religiosidad humana es anterior a la creación de los dogmas confesionales. Viene de los cazadores y recolectores que distribuían los alimentos en sus tribus. Eso era la religiosidad, que para mí es lo mismo que la ética: es el otro. Que yo respete a los demás y no mire como el médico de antes, desde arriba, sino lo que pretende la medicina es mirar de manera horizontal, que miremos a los ojos y nos escuchemos y tengamos compasión, en el sentido de sentir dentro mío lo que siente el otro. Seguramente tendré diferencias con otros. Pero para mí la religión es ocuparme del otro.

—¿Cree que la medicina es ahora más humana?
—Veo que el sistema no camina, el mundo no anda, parece una paradoja que en este momento donde es tan fácil comunicarnos sea cuando más incomunicados estemos los seres humanos entre nosotros.
  Hace 30 años yo estaba una hora, o una hora y media con cada paciente porque les preguntaba por su familia, por sus vecinos y si tenían trabajo, porque el entorno muchas veces es el que genera enfermedad.
  Mientras, seguimos hablando de la gotita de lavandina para el cólera y el cólera se cura con agua corriente y cloacas. Yo estuve cinco años trabajando con los tobas atendiéndolos, y no me contagié de tuberculosis porque estoy bien alimentado, si tuviéramos buena alimentación no necesitaríamos la BCG.

—¿Entonces no hay avances?
— Las sociedades avanzan y a la vez retroceden en muchos aspectos. Por ejemplo, cuando uno ve que la tecnología se transforma en tecnocracia porque es capaz de fabricar todo lo que la mente humana desea sin evaluar si va a mejorar la humanidad, entonces un adelanto puede ser un retroceso.
  Por ejemplo la energía nuclear se puede usar para una resonancia magnética y para la tomografía computada pero también para fabricar misiles. Unos son instrumentos que llevan a curar y el otro te destruye.
  Los fabricantes de misiles dicen que los muertos del hospital que está al lado de donde se producen mueren por efectos colaterales,  cuando ya se sabe que la tecnología permite direccionar a los misiles en el blanco perfecto, sin necesidad de dañar al hospital.
  Pero eso genera miedo y el miedo genera obediencia y entonces no hay libertad para ser uno mismo.
Para no estar aislados nos “comprometemos” con el sistema en el que vivimos, y entonces vamos al psicólogo para que te adapte y puedas vivir en esta sociedad que está enferma.
  Yo soy amante de la psicología social y pienso que “mens sana in corpore sano” tiene que ser, además, en una sociedad sana.
  Si logramos construir esa sociedad sana, que yo creo que vendrá en algunos siglos más, es posible que el hombre empiece a construir su verdadero yo, y no un ser manejado por el ego que te instala la sociedad.
— ¿Por eso distingue individualismo de egoísmo?
— Me refiero a individualismo como lo hace Hermann Hesse en su ensayo Sobre la guerra y la paz. Hay una virtud que admiro en el ser humano y es su capacidad de ser individualista, en el sentido de que es capaz de desarrollar su yo, y entonces llegará a la conclusión de que es un ser social. En ese momento seremos quien querramos ser y no lo que nos imponga la sociedad y dejaremos de caer en frustraciones. Eso es muy distinto de ser egoísta.

—También trata el tema de la muerte en su libro...
—Me pregunto qué hacer con un enfermo terminal. Trabajé muchos años en terapia intensiva. Y si yo tengo una chance en 100 de salvarle la vida, haré todo lo posible para que pueda vivir. La vida digna significa poder relacionarse con los seres queridos. Entonces me la juego. Pero si no tiene posibilidades, lo ayudaré al buen morir con dignidad. Yo quisiera morir en mi casa rodeado de mis seres queridos. Cuando trabajaba en terapia tocaba a los enfermos cuando estaban en coma y les hablaba. Cuando se despertaban ellos recordaban mi voz, por eso uno nunca se sabe cuál es el límite...

—Otro tema sensible es la drogadicción
—Considero que droga es todo aquello que hace transformar una realidad mala en una fantasía que parece buena. Los chicos que van a un boliche, ¿están escuchando música o se están aturdiendo y viviendo una especie de fantasía para transformar una realidad mala que viven? Eso es una droga. Y se suma el alcohol que termina  provocando que una familia se destroce. Este sistema avanza porque dejan de existir las reuniones familiares. Antes los jóvenes se levantaban a las 10 u 11 de la mañana, después de haber salido, y se podía comer en familia. Ahora se despiertan a las siete de la tarde porque arrancaron a la una de la mañana ya con alcohol encima o droga, y muchas veces vuelven golpeados por los patovicas. Pero siguen insistiendo con ese sistema.
  Considero que la droga —cualquiera sea— te modifica los cuatro principios del pensamiento: el intelecto, el sentimiento, el juicio crítico y la afectividad. Todo esto va conformando un tipo de pensamiento que cae en la “sensiblería”, lo más arcaico de nuestro cerebro que tiene que ver con caer en prácticas burdas y en la “tinellización” de la cultura. Hoy vemos jóvenes modelos que pesan 35 kilos. ¿Alguien les advertirá que la pérdida del 30 por ciento de la masa corporal las transforma en incapacitadas para tener familia? Lo dudo, porque las chicas están ahí y son carne de cañón para esos señorones, porque hay entregadores y hay compradores.

—¿Se puede cambiar esto?
—Nos empezaremos a curar por cada uno, en vez de pensar que el cambio vendrá de arriba hacia abajo, creo que será al revés, desde abajo, donde está cada uno de nosotros, para construir en años una sociedad más sana. Como decía antes, cuando empecemos a descubrir nuestro yo. Hay que tener una esperanza activa, porque si sólo esperamos que las cosas cambien no va a pasar nada.

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