Edición Impresa
Lunes 31 de Diciembre de 2007

Tecnología al servicio de la creatividad

La única certeza de la actualidad tecnológica es que el aparato más sofisticado que tengamos en casa será obsoleto dentro de algún tiempo. No importa si el televisor tiene 29 pulgadas o si el teléfono es Wi-Fi, mañana estaremos contemplando en una vidriera una TV más moderna o un celular más pequeño. La ventaja es que el constante desarrollo hace que las nuevas tecnologías se vuelvan accesibles cada vez más rápidamente...

La única certeza de la actualidad tecnológica es que el aparato más sofisticado que tengamos en casa será obsoleto dentro de algún tiempo. No importa si el televisor tiene 29 pulgadas o si el teléfono es Wi-Fi, mañana estaremos contemplando en una vidriera una TV más moderna o un celular más pequeño. La ventaja es que el constante desarrollo hace que las nuevas tecnologías se vuelvan accesibles cada vez más rápidamente.

La llegada de pendrives de 8 gigas hicieron que los de 512 MB bajaran considerablemente su precio. Las costosas regrabadoras de DVD llevaron a los reproductores al alcance de cualquier bolsillo. La inalcanzable banda ancha se convirtió en una carrera por ver quién ofrece la conexión a internet más veloz a menor costo.

Hace diez años tenía una computadora con un disco rígido que apenas si duplicaba la capacidad de un CD; hoy mi cámara fotográfica lleva una pequeñísima tarjeta que permite almacenar el equivalente a mil disquetes de antaño. ¿Vivo en un estado de permanente deslumbramiento gracias a semejante avance tecnológico? No, estoy pensando si un gigabyte será suficiente para las próximas vacaciones.

Un par de años atrás logré acceder a mi primera cámara digital. Tenía (todavía tiene) una pantalla de 1,7' y una resolución de tres megapixels: el sueño del pibe. Pero hoy, una cámara de la misma marca aunque con el doble de resolución y un display de 2,5 pulgadas cuesta doscientos pesos menos de lo que pagué mi vieja Wendolin (tal el nombre con el que fue bautizada).

Aunque sea difícil probarlo, hay quienes sostienen que cada año se sacan más fotos que en toda la historia de la fotografía. Claro, ya no hay rollos para revelar y el único costo de disparar indiscriminadamente es el CD donde serán guardadas. Esto hace que crezcan exponencialmente las chances de obtener una imagen digna de ganar un concurso, ya sea a fuerza de paciencia o por esas cuestiones del azar.

Esto viene a cuento de que un reportero gráfico me confesó que está "harto" de su profesión de fotógrafo. "Ahora cualquier boludo saca una foto", asestó, para luego evaluar las posibilidades de dedicarse al diseño de interiores. Es cierto, el avance tecnológico acerca las herramientas a la gente común. Pero mientras "cualquier boludo" es capaz de componer canciones en su casa, grabarlas en una computadora y editar un disco con una calidad de sonido asombrosa, nada podrá dotarnos mágicamente de creatividad, técnica y virtuosisimo. Daniel Barenboim hay uno solo, así como son irrepetibles Goya, Cortázar, Hitchcock, Leonardo Da Vinci, Miles Davis, Terry Gillian, Jack London... Uno podrá conseguir una instantánea deslumbrante, pero Richard Avedon logró decenas de obras de arte.

La cámara digital me transformó en un adicto a fotografiar cada cosa que se mueva o deje de moverse a mi paso. No aspiro a convertirme en Henri Cartier-Bresson ni mucho menos, apenas si me conformo con lograr buenos recuerdos y alguna que otra foto que se deje exhibir con nobleza en las paredes de mi casa. En pocos días salgo de vacaciones y, por supuesto, vienen conmigo Wendolin y Eleonora, mi nueva cámara.

 

Comentarios