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Sábado 21 de Julio de 2012

Teatro: cuando el cuerpo dice más que las palabras

Por Luciana Evangelista / Implicancias de un lenguaje diferente Sobre el conocimiento y el entrenamiento específico que necesita quien se forma como actor

Podríamos decir que el teatro es la reorganización en un lenguaje diferente de distintos significantes sociales y culturales. La frontera entre el espacio escénico y el público se constituye en una línea convencional, simbólica. Pero la marca define dos lugares rituales diferentes. La condición primera y necesaria es que uno de esos espacios sea habitado por un cuerpo con una intención y el otro, por una mirada que le otorgue sentido. Ese cuerpo (escénico) y esa intención deben conmover, movilizar, sorprender, entretener a ese otro que especta. Esto supone un trabajo intenso por parte del actor.

En la vida diaria hacemos un uso del cuerpo muchas veces no consciente. En el escenario, ese cuerpo está condicionado a conducirse de manera diferente. El entrenamiento y la técnica posibilitan al actor una desestructuración y le aportan elementos para ejercer un mayor control sobre sí mismo. Este control le permite tener plena conciencia de sus movimientos, de sus esfuerzos y le abre las puertas para la creación.

El actor en escena es un ser extraordinario. Utiliza su cuerpo de manera extra cotidiana buscando alejarse de esa cotidianeidad, de ese no contar nada, de su funcionalidad automática, para provocar una utilización "artificial", artística del mismo. Trabaja para borrar las marcas de lo ordinario atreviéndose a transformarse con otros y frente a otros.

Revelar. La actitud que le concierne al actor es la de revelar ¡Qué paradoja es la de creer que está "protegido" por un personaje! Por el contrario, si su accionar es auténtico, se muestra tal cual es, se desenmascara. En ocasiones el cuerpo dice más que la palabra. Nos habla a través de su impronta cultural, social y personal. Sin embargo, el actor necesita de un entrenamiento específico y de la compresión y adopción de técnicas que permitan acceder a ese lugar de revelación. Se trata de un estratega de su cuerpo y de su propia subjetividad. Una situación de representación requiere del conocimiento y re conocimiento de sí mismo.

Actuar no es entrar en un trance o evadirse de la realidad sino un trabajo intenso del actor sobre sí mismo, un tallado de su universo físico y afectivo. Actuar supone una alteración del tiempo, una agudización del estado perceptivo, una modificación energética. El actor debe comprometer sus músculos, articulaciones, sistema nervioso, espiritualidad, etcétera para ingresar en la línea de lo orgánico, de lo que fluye. Es allí cuando la actuación cobra sentido: actor y público se encuentran en ese placer infinito que produce el aquí y ahora del hecho teatral.

"Interpretar" supone singularizar la tarea, hacerla propia, darle marca de subjetividad. El actor es el personaje, proyectándolo desde su particularidad. Si pierde sus características personales se uniformizará, se estandarizará.

Sobre técnicas. Las vivencias, los recuerdos, la propia historia, la memoria corporal se convierten en material dramático plausible de ser moldeado para ser utilizado en el entramado de la escena. Esa forma en la que me sentaba cuando era niña, esa melodía que alguien tarareaba, el grito de la vecina, todo puede servir a la hora de componer personajes y de actuar. Se trata de construir entonces instancias de ficción, pero completamente auténticas en tanto que lo que se expone es el bagaje personal en función de la escena.

Considero que es en el delicado cruce entre la técnica teatral y el bagaje personal donde se ubica el intento por producir el arte teatral. Y en ese entramado de implicancias, sensaciones y deseos encuentro la razón para haber iniciado y continuar mi tránsito en la actuación y en la pedagogía teatral. "Solo puede haber teatro a partir del momento en que se inicia realmente lo imposible y cuando la poesía de la escena alimenta y recalienta los símbolos realizados" Antonin Artaud

Iniciemos lo imposible.

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