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Sábado 14 de Febrero de 2015

Talentos y la parábola del gobierno

Promesas. El kirchnerismo dejó un país descalabrado. Macri está empeñado en demostrar que se puede gobernar de otra manera, pero debe lograr que las diferencias se vean en todos los sectores.

 

El gobierno del Pro se encuentra azuzado por sus propias promesas. A apenas (dice apenas) dos meses de haber asumido el poder, Mauricio Macri necesita imperiosamente demostrar que puede ser distinto del gobierno kirchnerista, tal cual lo dijo en campaña. Pero es fundamental que muestre que esas diferencias sean en todos los sectores. Hasta ahora, los cambios introducidos, limitados por el escaso tiempo, pretendieron fijar prioridades de base. El estilo para el ejercicio del poder, la macroeconomía y el deseo de volver al gran mundo occidental como nación. Desde el lugar de las hornallas del simple ciudadano, poco.

Los sindicalistas que visitaron al presidente el jueves pasado en Casa de Gobierno escucharon azorados algunos datos del estado de situación en el que se recibió al gobierno. Especialmente aquellos como Gerardo Martínez o Antonio Caló que solían treparse a todos los palcos de Cristina para aplaudirla, salieron asombrados. Uno de ellos le dijo a su familia y allegados al llegar a su casa: “Yo sabía que la señora había dejado un gran lastre. Nunca imaginé que tanto para que estuviéramos en riesgo de hundirnos en serio”. Será por ello que el discurso de estos dirigentes fue tan mesurado pidiendo prudencia y paciencia a la hora de la discusión salarial o, directamente, llamándose a silencio.

Está claro que Cambiemos concibe al poder de una forma bien distinta a sus antecesores. La concentración de funciones y la autoasignada infalibilidad con la que se movía la anterior presidencia han terminado. No es poco. Quizá sea por el acostumbramiento a lo largo de una década, pero el disparate antirepublicano de atropellar las instituciones, decidir el reparto de fondos públicos por capricho o amiguismo, la soberbia, imponer o pretender remover jueces según el paladar presidencial, ocultar una maraña de canales de corrupción que hoy empiezan a ventilarse en los Tribunales y, sobre todo, perseguir con diatribas o con el peso económico del Estado a los que pensaban distinto, quedará grabado en la historia triste del país. Allí, sí hay cambios.

El maltrato institucional tuvo el inexplicable traspié macrista de la propuesta en comisión de jueces para la Corte Suprema. Tarde y de forma desprolija, se corrigió. Pero al menos, se dio marcha atrás. Esperemos ahora que no surja el deseo de toquetear el número del máximo tribunal para hacer intercambio de figuritas políticas. Respecto de los fondos públicos, es imperiosa mayor transparencia de la gestión Macri en materia, por ejemplo, de nombramientos en el Estado. El nepotismo no se declama. Se ejerce. La depuración de ñoquis amasados sin pudor en la era K era necesaria. Hablar de cesantías como si se tratara de profesionales que tenían otro talento más que ser amigos del poder es una injusticia o un acto inescrupuloso. No sólo hay un empleado pagado por los impuestos ciudadanos que vive en Australia. Los hay con domicilio en Uruguay o con tres cargos públicos simultáneos.

En lo que hace a la contratación de privados por parte del Estado de ninguna manera pueden tener vínculos personales estrechos con quienes gobiernan. La licitación pública de casi 900 millones de pesos a un confeso amigo del presidente merece el reparo, cuanto menos, de la ética. ¿Se pide demasiado purismo al PRO antes no reclamado a los K? Probablemente. Eso es parte del cambio.

El cepo al dólar negado con un discurso caricaturesco por el kirchnerismo no existe más. El mérito es del gobierno actual. La devaluación producida, consecuencia de aquella cantidad de nones ridículos de la administración que se fue y decía que no había inflación o patoteaba en el Indec, también es un hecho. Las retenciones a cierta parte del agro que ya no están es fiel cumplimiento de la campaña. No hay dudas. Los 200 millones de kilos de peras que se van a pudrir en Río Negro por no atender las economías regionales también.

¿Y el resto? La suba de precios, las necesarias pero impactantes correcciones en las tarifas porteñas de la luz, la inflación inescrupulosa del “por si acaso” en productos vitales producida por algunos empresarios se perciben con solo salir a la calle. ¿Qué medidas se piensan al respecto? El jefe de Gabinete Marcos Peña le dijo a este cronista que se trabaja en un plan integral sobre el impuesto a las ganancias y reducción del IVA (lento, evidentemente, y sin voluntad de ser sometido a extraordinarias como con los jueces, embajadores y militares) al que se le suman el proyecto “Precios cuidados”, la tarjeta Argenta y, para jubilados, el aumento en marzo de sus haberes hasta algunas monedas menos de los 5000 pesos. Por las dudas: tres decisiones o políticas del gobierno anterior. ¿Lo nuevo? Hasta ahora, nada.

Alfonso Prat Gay, el ministro que debe atender esto, se encuentra atenazado por sus convicciones más desarrollistas y el ala dura de la ortodoxia económica con llegada al gobierno que pide shock más severo. No es cierto que el ex presidente del Banco Central haya pensado en renunciar como se hizo circular. Sí que sus discusiones, delante del presidente, con los que piden severidad en el ajuste han sido tensas y duras. Hasta ahora, dicho en términos futbolísticos, Prat Gay consiguió un empate en ese partido.

Como se dijo, los primeros gestos de un gobierno tallan lo que es el cuadro de prioridades. La urgencia con la que se toman, indican el signo de ese mismo modo de ejercer el poder. Hasta ahora en el ránking de la premura de las decisiones, el bolsillo de la mayoría no califica alto. ¿Se puede pedir todo y a tanta velocidad a una gestión que con poco supera los 50 días de gobierno? Claro que no. Pero sí, en la medida de los talentos recibidos.

El evangelista Mateo cuenta que el dueño de una propiedad muy próspera decidió ausentarse y confió a tres servidores distinta cantidad de monedas. A uno diez, a otro cinco y al tercero, sólo una. Al regresar, supo que el de 10 había duplicado lo recibido. Lo propio el de 5. El que recibió un solo talento, por miedo y para no arriesgar, guardó su moneda y la devolvió a su amo de forma intacta creyendo que el ahorro era plausible. El terrateniente le reprochó su gesto timorato y le quitó la moneda y felicitó a los que arriesgaron para crecer.

Ya se sabe que Macri recibió pocos talentos de su antecesora. Nadie pretende que pase por la tabla del 10 el descalabro que le cedieron. Sí, al menos, que con lo que hay y, sobre todo con lo prometido en campaña, no crea en la mezquindad de la conservación ni mucho menos en el achique de la herencia de los que apenas cuentan con su fuerza de trabajo para vivir en un país mejor. Prioridades y talentos.

 

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