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Martes 11 de Noviembre de 2008

Spam, spam, spam

Seguramente todos los que están leyendo ahora esta columna han recibido cientos de correos no deseados en su casilla de mail. Se trata del odioso spam, el mismo que según Bill Gates desaparecería "en dos años". Lo dijo en 2004 y le erró feo: el correo basura goza de excelente salud.

Seguramente todos los que están leyendo ahora esta columna han recibido cientos de correos no deseados en su casilla de mail. Se trata del odioso spam, el mismo que según Bill Gates desaparecería "en dos años". Lo dijo en 2004 y le erró feo: el correo basura goza de excelente salud.

Se dice que el spam nació en 1994, el día que una firma de abogados llamada Canter and Siegel publicaba en una cartelera web un aviso de su firma legal. No les fue nada mal: en tan sólo 24 horas facturaron casi diez mil dólares.

Pero el nombre con el que se conoce al tsunami de correo publicitario nació mucho antes que el propio spam. Ya en la Segunda Guerra Mundial había ganado popularidad la carne enlatada Hormel's Spiced Ham, que con el tiempo acortó el nombre a Spam. En 1970, el desopilante grupo humorístico británico Monty Python (donde daba sus primeros pasos el director Terry Gilliam) se burlaba de la carne Spam en un gag de su programa televisivo. Allí, una moza ofrecía a sus clientes "huevo y panceta; huevo, salchichas y panceta; huevo y spam; panceta y spam; salchichas y spam; spam, huevo, spam, spam, panceta y spam".... Los comensales, un grupo de rudimentarios vikingos, terminaban cantando "spam, spam, spam. Adorable spam. Maravilloso spam. Spam, spam, spam". Muchos años después, algún desprevenido usuario de internet recordó aquel gag de Monty Python frente a una montaña de correo basura.

Jamás reenvío cadenas de chistes o pedidos deseperados de ayuda, mucho menos respondo un correo spam, la cual es una buena idea para todo aquel que no desea que la empresa que los envía registre en su base de datos mi correo electrónico. Pero es evidente que no todos piensan de la misma manera. Se cree que el 85% del correo que circula por internet es spam, lo cual representa unos 150.000 millones de mensajes por día. El correo no deseado es una práctica imposible de detener por una sola razón: según la empresa de seguridad Marshall, un 29% de los internautas alguna vez compró al menos un producto que le ofrecíeron por mail.

Esto significa que resulta rentable para una empresa inundar nuestras casillas con correo basura. La cuenta es simple: se calcula que se realizan diez compras por cada millón de mensajes enviados. Supongamos que los filtros automáticos logran detener un 75% del spam; quiere decir que hay un comprador por cada 25.000 correos no deseados. Si lo cotejamos con los números de Marshall, el spam genera seis millones de compras por día. ¿Alguien conoce publicidad más barata?

Por supuesto, hay programas especializados en esparcir por la web el correo basura, por lo que tampoco representa una pérdida de tiempo para el spammer.

Para intentar un defensa existen filtros automáticos y personalizados, técnicas de prevención y hasta leyes que protegen a los internautas. El caudal es tan grande que nada resulta efectivo. Si Bill Gates tiene su casilla llena de spam, ¿qué podemos esperar nosotros?

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