Edición Impresa
Miércoles 12 de Enero de 2011

"Soy buena"

Entrevistar a María Elena Walsh fue un anhelo insolente, un capricho, una meta empecinada. Y lo logré. De puro molesta, creo, pero lo logré y nunca me arrepentí. No fue descortés, fue sencillamente correcta. Pero eso para mí la hizo aún más inmensa.

Entrevistar a María Elena Walsh fue un anhelo insolente, un capricho, una meta empecinada. Y lo logré. De puro molesta, creo, pero lo logré y nunca me arrepentí. En una oportunidad, hace 13 años, la contacté por teléfono pero me dijo que no podía atenderme, que estaba "muy ocupada", que llamara en otra ocasión. Insistí unos meses después: le comenté que viajaba por La Capital a Buenos Aires y le pedí que me atendiera sólo unos minutos. Accedió, pero estoy convencida de que lo hizo para sacarme de encima. Me atendió una tarde en Sadaic por espacio de media hora, tal vez menos. Ella con su bastón, seria; yo, con todo lo que había podido leer sobre su vida a cuestas y una tonelada de nervios.

No fue descortés, fue sencillamente correcta. Pero eso para mí la hizo aún más inmensa: inmensa mujer, inmenso su tamaño literario, inmensa voz, inmensa su cara bella y a la vez de pocos amigos. Por todo eso siempre la respeté. Si en esa oportunidad María Elena Walsh me hubiera hablado con diminutivos y palabras ñoñas me habría decepcionado rotundamente. No lo hizo. Tras charlar sobre su historia literaria, Joan Miró y Neruda, los cuentos tradicionales, sus dolores corporales y el calor, la lectura y el humor, y su relación con los niños de todas las épocas, en una especie de ping pong le pregunté:

"¿Una mentira?". Me contestó sin condescendencia: "Soy buena", y por ahí fue el título de la nota. Nada más veraz al hablar justamente de los niños, a quienes reconoció como divinos, pero a los que a veces no toleraba.

"Tanto en los chicos como en los grandes uno encuentra a los repelentes, los mal educados. Los chicos, sobre todo cuando están en grupo, suelen ser muy intolerables para los adultos. Incluso las propias madres confiesan esto a través de frases como: a este chico lo tiro por la ventana. Esto es porque los chicos ponen más de una vez a prueba los nervios de la madre más santa", dijo. Y nos reímos.

Su confesión me pareció maravillosa, genuina, respetable y me liberó de toda culpa.

María Elena Walsh escribió y cantó para mí, mis hermanas y compañeros de escuela, para los chicos a quienes cuidé, para mis alumnos, para mis sobrinos, para los hijos de mis amigos y cantará por siempre. Jugó con las palabras como sólo ella y tal vez Lewis Carroll supieron hacer. Pero eso no la hizo ser pavota con los chicos ni tolerarles todas sus tiranías. Los respetó y se divirtió con ellos. Y eso que, como dijo, no era nada buena.

Comentarios