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Sábado 02 de Julio de 2016

Sostienen que "la inteligencia artificial no reemplaza a la creatividad humana"

Mitos, realidades y advertencias por la llegada de los robots humanoides. Ya hay robots en hospitales, hoteles, cocheras.

En Japón se comercializan 100 robots humanoides al mes para "compañía" de adultos mayores y chicos; en Bélgica, Pepper, de 1,40 metro de alto, cara redonda y capaz de reconocer si su interlocutor es un hombre, una mujer o un niño, es el primer robot del mundo en trabajar como recepcionista en el hospital regional La Citadelle de Lieja. En Taiwán la fabricante Asus presentó a Zenbo, un simpático robot que puede hacer videollamadas, navegar en la red, leerles libros a los niños y reproducir videos y música.

Nuestro país no es ajeno al avance; cuenta con cinco "robots inteligentes", dos que pertenecen al sistema de asistencia quirúrgica Da Vinci del Hospital Italiano de Buenos Aires y otros dos que prestan servicio en el Hospital Abete de la localidad bonaerense Malvinas Argentinas. El restante está en la localidad misionera de Madariaga.

Con una población de 2.000 millones de personas mayores de 60 años estimadas para el año 2050, se cree que entonces la compañía de los robots será algo muy común en los domicilios.

Pero atención.

La inteligencia artificial, de enorme potencial en áreas como medicina o para automatizar tareas sucias, aburridas o peligrosas, no sustituye a la creatividad y la ética humana, dijo la especialista en robótica humanoide Marcela Riccillo.

"La conciencia artificial no existe, lo que sería la súper inteligencia artificial (IA) no existe", aseguró Riccillo, doctora en Ciencias de la Computación egresada de la Universidad de Buenos Aires, especialista en robótica humanoide e inteligencia artificial.

La condición de conciencia implica que el sistema crea que está vivo y, si no quiere hacer algo, no lo haga.

¿Podría el humanoide hacer algo creativo que no estuviera predicho?, preguntó el periodista: "No debería poder hacer la máquina algo que le surge", afirmó la especialista.

"Hace poco dijeron que habían hecho un corto a través de una red neuronal (un sistema de interconexión artificial de IA), pero en la práctica, esa red neuronal fue entrenada por un humano que decidió cuáles eran las mejores imágenes", contó Riccillo.

Con lo cual, la máquina "no decidió la mejor película sino la que había aprendido a través de la experiencia, y esa experiencia se la da el humano. El objetivo de la red o del sistema de aprendizaje es el que da el humano: hoy por hoy es así", sentenció.

Riccillo fascinó a los asistentes a la primera jornada del congreso Revolución Móvil organizada por el Grupo Convergencia, adonde llegó con varias miniaturas de robots construidas idénticas a las originales y un pequeño dron que pese a su gran potencia cabía en el cuenco de una mano.

Convertida en la mayor coleccionista de réplicas de robots reales en Argentina y Latinoamérica ("porque es la mejor manera de aprender", según dice), Riccillo reúne la condición de apasionada en su materia con la de rigurosidad al momento de exponer conocimientos, cuestionando enfoques que califica de "amarillistas".

"La conciencia artificial no existe: puede haber distintas tecnologías para hacer un sistema de inteligencia artificial, y yo trabajé en muchas", enfatiza.

Por ejemplo, "en el Hospital Italiano trabajé con redes neuronales para enfermedades; o ahora estoy trabajando para IBM Watson (compañía vendedora de IA a empresas), que tiene parte de redes neuronales y parte de sistema experto".

El campo "tiene un potencial muy grande" incluyendo impresiones 3D con células vivas viables para ser transplantadas imprimiendo un brazo con las células propias; o para experimentación de medicamentos, como ocurrió con una suerte de proto hígado, que vivió 41 días y sirvió para ensayos.

Los sistemas expertos son los que acumulan información. Uno puede enseñarles, como se hizo con el IBM Watson para oncología, lo que requiere que el humano no enseñe cualquier cosa sino información validada científicamente y de fuentes fidedignas.

Además de los sistemas expertos, el otro gran paradigma de la inteligencia artificial es el de las redes neuronales (learning machine), que da a la máquina ejemplos validados para que logre deducir a partir de esos ejemplos.

"Las redes neuronales se supone que simulan el aprendizaje del cerebro humano a través de neuronas: el cerebro humano es como el universo de infinito y la red neuronal resulta microscópica en comparación", explicó Riccillo.

A la red neuronal se le da ejemplos que tienen que estar predeterminados correctamente y, según ellos, la máquina va a deducir después de un entrenamiento.

Estos sistemas son asistentes del médico, no reemplazantes del especialista, y la máquina funciona con datos, detectando patrones que caracterizan a tipos de grupos.

Las máquinas "no pueden resolver dilemas éticos" porque fueron concebidos para hacer "tareas automatizables, peligrosas, aburridas o sucias", que conllevan riesgos para las personas, continuó Riccillo, y puntualizó que "la riqueza de la experiencia del cerebro humano no es automatizable: hay que rescatar la creatividad, el sentido común, las emociones".

Riccillo mostró una publicidad japonesa que vende "robots para las familias". En Japón, los 100 humanoides al mes que se comercializan son construidos por China, para "compañía" de adultos mayores y chicos, con una tablet que permite formular texto y conversación, que baja aplicaciones siempre renovadas por los programadores.

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