Edición Impresa
Sábado 26 de Octubre de 2013

Sostén y amor a la vida

Testimonio y recuerdos de una maestra que comenzó a trabajar con la vuelta a la democracia.

Toma el termo con mate cocido y sube las escaleras a un primer piso. Abre una puerta e invita a pasar. "Acá vamos a poder conversar tranquilas", asegura. Es en un salón como el de muchas otras escuelas: hay papeles, registros, cartelitos de los chicos y muebles que denotan unos cuántos y buenos años.

Arranca por sus recuerdos de estudiante en tiempo de dictadura, sigue por el de docente iniciada en democracia. Es Isabel Zurbriggen, vicedirectora de la Escuela Nº 610 República de Bolivia. Es el testimonio de una maestra en la que muchos de los que educaron y aprendieron en los últimos 30 años bien pueden encontrarse reflejados.

"Hay que estudiar para ser alguien", es lo primero que recuerda que le decía su padre, el mandato que le dejó su familia y con el que creció. Nació en Estación Clucellas, un pueblo santafesino muy pequeño. Hacer el secundario significó instalarse como pupila en Rafaela. No fue sencillo. Mientras cursaba el secundario ocurrió el golpe militar de 1976: "Lo viví muy de cerca, tengo un cuñado desaparecido. Vivimos la angustia de la desaparición y lo difícil de estar en una sociedad cerrada como era Rafaela".

Cursó unos años del profesorado de historia en Santa Fe, hasta que se decidió por ser docente de primaria. "Siempre digo —continúa— que empecé a ser maestra en democracia, donde para mí fue muy fuerte el tema de la palabra. Cómo empezó a hablarse de lo que pasaba y también a poder decir «Tengo un cuñado desaparecido»".

El joven, de 21 años, desapareció en manos de los militares. Era técnico químico y trabajaba en una fábrica en Córdoba. Después fueron por la hermana de Isabel. "La detienen cuando estaba en 4º año del secundario, en 1976". Ella se salvó. Hoy es la actual secretaria de derechos humanos de Amsafé provincial, Marita Zurbriggen.

Un camino. "Eso me marcó mucho la docencia, desde un principio", dice quien siempre pensó en la justicia y en la memoria como caminos a la verdad. Su primer trabajo lo tuvo en la Escuela Nº 1.263 Joaquín V. González (Derqui al 7500) que había surgido también con la democracia. "Fue un período de reclamar por los derechos, de estar siempre en la calle", resalta de esos años.

Aquí se detiene en un tema que considera clave: los actos escolares. "Siempre fueron un gran motor de la historia, de mostrar cómo se trabaja ideológicamente en la escuela". Es entonces cuando llegan las anécdotas de cómo se las ingeniaban para revisar los contenidos de ciencias sociales y plantear alternativas, por ejemplo, al "Descubrimiento de América", para hablar de genocidio.

"En los ‘80 era difícil hablar de aniversarios como el Golpe. Cuando llegué a la 1.263 trabajaba con otro maestro en 4º grado. El usaba el pizarrón y yo tenía una puerta para escribir. Llegaba el aniversario de Malvinas. Pensaba en cómo dar mejor el tema, era mi primera vez. El maestro se ofreció a hacerlo. Llegó el día y les habló con muchas críticas de la decisión de los militares (de la guerra). Me sirvió mucho. Aprendí a charlar con los chicos a traer temas de actualidad a la clase".

Considera que en estos últimos años se ha avanzado mucho, en reconocer derechos. "Mi carrera la podría dividir en tres momentos: los inicios con la democracia, luego Menem y el neoliberalismo, y después esta última década" de importantes cambios.

"Cuántos años tuvieron que pasar para poder tener el Día por la Verdad, la Memoria y la Justicia, de cada 24 de marzo", subraya y recuerda que aun sin una ley muchos maestros hablaban igual de derechos humanos o daban educación sexual. "Claro que también las directoras nos apoyaban en eso", comparte.

Asegura que son importantes los referentes con quienes identificarse, más en los inicios de la docencia, y menciona a Rosita Ziperovich, y haber tenido de supervisor a José Tessa.

Ley federal. La expresión de su cara cambia cuando se acuerda de los 139796798590. "Es una época donde se fue metiendo el individualismo, donde abundaban palabras como eficiencia, competencia", dice para recordar a la ley federal de educación.

La práctica sindical no fue ajena a Isabel: "Desde un principio me vinculé con el gremio. Primero fui delegada pedagógica en la zona oeste". Para ella es relevante advertir que esa participación sindical por salarios y condiciones de trabajo iba unida "a lo pedagógico, a los chicos, a la formación docente. Por eso seguimos siendo un gremio tan fuerte".

"Pudimos sostener la Marcha Blanca y la Carpa Blanca. Y si hemos avanzado en logros es gracias a esto, por eso es importante que tengamos memoria", remarca.

Isabel trabajó 23 años como maestra y los últimos 5 como vicedirectora en las escuelas 1.263, 525, 1.337 y ahora en la 610. También hizo reemplazos en la Mariano Moreno y en la Arzeno.Casi treinta años unida a la docencia, casi treinta años donde no deja de conmoverse con su oficio: "Me emociono siempre los primeros días de clase, cuando me vuelvo a poner el guardapolvo. Siempre me pasó y siempre digo que el día que no me pase es porque me tengo que ir".

"Igual no me voy a quedar hasta los 60", bromea al final y se le humedecen los ojos. Es cuando mira fijo, segura, aferrada a dolorosos y bellos recuerdos y dice: "Volvería a elegir siempre la docencia y a la escuela pública, porque como dice Víctor Heredia es una usina de ideas, un punto de entrega y amor, sostén y trampolín a la vida".

Comentarios