Brexit
Sábado 12 de Noviembre de 2016

Sorprendió a todos: ¿y ahora?

En foco. Contra todos los pronósticos, que volvieron a equivocarse, Donald Trump será el nuevo presidente de los Estados Unidos a partir del 20 de enero. En su primera aparición pública se lo vio muy cauto y sin su verborrágica labia punzante. Los mercados y el establishment ya comenzaron a domarlo. El futuro está abierto. .

Tal fue la sorpresa y estupor por el triunfo electoral de Donald Trump que diarios como el The Washington Post y el The New York Times parecieron la noche y madrugada de las elecciones, ya con una tendencia definida a favor del republicano, querer evitar colocar el título que horas después debieron destacar no sólo en la versión on line sino también en la de papel.

La cautela de esos dos periódicos, sin dudas los más influyentes del país y también de buena parte del mundo, fue tan notoria que ni siquiera a la 1.30 de la madrugada cuando el resultado estaba casi definido se animaron a informar en forma rotunda lo que en un segundo plano informativo estaba implícito: Trump sería el presidente número 45 de los Estados Unidos.

Los portales de noticias argentinos fueron mucho más analíticos, sin la presión de jugar como locales, e interpretaron correctamente lo que el establishment norteamericano se negaba a creer: Hillary Clinton había sido derrotada.

Poco después de las dos de la mañana, Trump apareció para anunciar su propio triunfo sin nadie que saliera a contradecirlo porque la propia Hillary ya había reconocido la derrota. Y en ese instante se advirtió cómo el presidente electo cambió radicalmente su discurso, alabó a su oponente después de un año y medio de haberla insultado y se mostró muy cauto, tranquilo y conciliador.

Es que los mercados financieros de todo el mundo, sobre todo los que a esa hora de la madrugada del otro lado del planeta comenzaban a operar, le dieron su primer mensaje a un novato de la política. La caída en masa de los principales indicadores financieros y bursátiles fue la advertencia de que en este mundo globalizado los verdaderos dueños del poder son las corporaciones y las finanzas multinacionales y quien se anime a desafiarlas sufrirá las más terribles consecuencias. Como siempre, los mercados se acomodan después del golpe inicial.

Trump se mostró en su primera aparición pública como un corderito temeroso por todas las barbaridades que había dicho durante la campaña y ahora con el traje de presidente en confección para estrenarlo el próximo 20 de enero, debía volver al redil del verdadero poder, que no le permitirá ninguna concesión. El jueves, durante una reunión de 90 minutos con Obama, mostró una faceta políticamente correcta, pero de una gran hipocresía, ante quien había acusado, entre otras cosas, de no haber nacido en ese país.

Los límites. Durante las primeras horas tras su triunfo, a Trump salieron a marcarle la cancha. El diario neoyorkino, que abiertamente había apoyado a Hillary, publicó un editorial pocas veces visto en la historia política norteamericana y también de otras naciones. "Esto es un golpe aleccionador contra los medios de comunicación, los encuestadores y el liderazgo del partido demócrata", comienza el texto que recoge la opinión de la empresa editorial y no la de uno o varios periodistas. "Después de un año y medio de discursos inconexos EN_DASHsigue el editorial del The New York TimesEN_DASH no sabemos si Trump podrá sobrellevar las funciones básicas ejecutivas, no sabemos si tendrá algún conflicto financiero porque nunca mostró su declaración de impuestos y no sabemos si tiene alguna idea de cómo controlar el arsenal nuclear más grande del mundo. Pero sí sabemos que Trump es el presidente electo menos preparado en la historia moderna del país", sentenció el diario.

Para concluir, el texto editorial utiliza una frase lapidaria, tal vez exagerada: "Este cambio ha ubicado a los Estados Unidos sobre un precipicio".

Desde el miércoles a la mañana la prensa mundial ha intentado interpretar el porqué del triunfo de un político que había denigrado a las mujeres e insultado y amenazado a los musulmanes. También quien prometiera expulsar a millones de inmigrantes ilegales y reclutara aliados racistas y antisemitas para su campaña electoral.

Cómo fue posible que tamañas orientaciones políticas, que adelantamos serán muy difíciles de cumplir, hayan catapultado a Trump hacia la Casa Blanca. ¿Es el definitivo fracaso del posmodernismo, es la expresión más brutal de la modernidad líquida de Bauman? ¿Es la claudicación final de los valores solidarios y la vuelta al nacionalismo fascistoide que envenenó el siglo pasado y lo regó de cadáveres?

Parte de la prensa norteamericana concluyó que el triunfo de Trump no es producto de twitter y el marketing, como muchos lo quieren hacer notar, sino de los excluidos del sistema capitalista que existen por millones también en los Estados Unidos y que fueron captados por un líder demagogo.

Tampoco sería disparatado pensar que el fenómeno Trump es la punta del iceberg que asomará próximamente en Europa, un continente azotado por la llegada de millones de refugiados de las guerras, de hambrientos del África subsahariana y de fundamentalistas islámicos que buscan su salvación espiritual a través de masacrar a inocentes en aeropuertos o estaciones de trenes.

Francia, por ejemplo, tendrá por primera vez en siglos un desafío existencial en 2017: permanecer fiel a los valores de la condición humana y de la Revolución Francesa o sumergirse en la cloaca neonazi que propone, ahora más veladamente, Marine Le Pen y su partido Frente Nacional, que tiene serias chances de llegar al Palacio del Eliseo.

Hacia el este, en la Rusia cada vez más imperial, Vladimir Putin comparte preocupantes posiciones políticas con Trump. Ese eje norteamericano, francés y ruso, podría convertirse en el nuevo paradigma de un modelo reaccionario de ultraderecha a seguirse a escala planetaria, con lo que este mundo se convertiría en un infierno.

Quien pretenda dar una explicación magistral y recortada sobre el resultado electoral que llevó a Trump a la presidencia incurrirá en el mismo papelón de los encuestadores, que se equivocaron con el Brexit en Inglaterra, con el plebiscito en Colombia y ahora con las elecciones en Estados Unidos. Ya no es más una sensación: aplican la ciencia estadística para operaciones políticas y no para adelantar un resultado. "Las encuestas no reflejan lo que siente el pueblo norteamericano", venía diciendo Trump con razón. En la Argentina sabemos mucho de esto.

Negro sí, mujer no. Si hace ocho años parecía increíble que un afroamericano accediera a la presidencia de la primera potencia mundial, sonaba algo similar con una mujer en esa función. Jamás Estados Unidos había experimentado el cambio de sexo en la Casa Blanca y Hillary se empeñó, sin éxito, en lograrlo. Si se analiza el mapa electoral del país, el triunfo de Trump atravesó la nación de costa a costa, en un pueblo muy conservador y totalmente diferente al que conoce el turista en Nueva York o Los Ángeles. En el medio-oeste norteamericano se notó, a través del voto, que una mujer en el gobierno es una fantasía más que una realidad. ¿Tuvo influencia la cuestión de género en la derrota de los demócratas?

En realidad, Estados Unidos quedó virtualmente dividido en dos porque Hillary, pese a haber sido derrotada, sacó unos 280 mil votos más que Trump. Sin embargo, el sistema de colegio electoral permitió al magnate inmobiliario pasar el número de 270 delegados para ser nominado presidente y quedarse con mayoría en ambas cámaras legislativas.

Muchas especulaciones y muchas argumentaciones se han escuchado sobre los sesenta millones de votos que recibió Trump, pero ahora son poco útiles. Un bravucón que apareció en la política será el presidente de la primera potencia mundial, pero su poder estará limitado por las reglas de juego que el poder real no le permitirá modificar. Si no lo advierte a tiempo, ese será el verdadero conflicto que se avecina.

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