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Jueves 06 de Marzo de 2008

Somos giles, pero no tanto

El sábado pasado escuché por televisión el discurso de la presidenta Cristina de Kirchner al inaugurar el período ordinario de sesiones del Congreso donde teóricamente debía dar cuenta del estado de la Nación. Pero en toda su prédica, de una hora y 13 minutos de duración, no mencionó ni una vez la palabra "inflación".

El sábado pasado escuché por televisión el discurso de la presidenta Cristina de Kirchner al inaugurar el período ordinario de sesiones del Congreso donde teóricamente debía dar cuenta del estado de la Nación. Pero en toda su prédica, de una hora y 13 minutos de duración, no mencionó ni una vez la palabra "inflación". ¿Será que los precios no aumentan o lo hacen en una proporción que no representa un problema para la gente?

La memoria es frágil, qué duda cabe, y para refrescarla acá van sólo algunos datos: en enero de 2002 el kilo de queso cáscara colorada estaba a 6 pesos, en agosto de 2005 trepó a 17 y hoy cotiza a más de 26 pesos. En el 2002 el kilo de costeleta chica se vendía a 4 pesos, en 2005 a 8 y hoy no baja de 14. Y el kilo de pan evolucionó de 1,19 pesos (2002) a 2,20 (2005), hasta los actuales 3,70.

Precios versus salarios es la batalla que se está librando hoy en el país por la distribución del ingreso. Y el juego de la calesita no se detiene: los precios aumentan, consecuentemente los sueldos suben para al menos no perder poder adquisitivo, pero los empresarios se quedan con la sortija y vuelven a incrementar sus productos con el argumento de que no pueden hacer frente a los aumentos salariales. Una especie de escalera sin fin donde el salario real de la mayoría de los empleados siempre queda rezagado.

Algunas verduras, como la papa y la lechuga, en febrero subieron un 200 por ciento, la carne trepó más del 15 por ciento, el pescado 20 y los seguros hasta un 40. Pero para el Indec, que mide el índice oficial, la inflación del mes pasado sólo fue del 0,5 por ciento. Un dato que no lo cree ni el más gil de la Argentina, pero que sirve para que al menos la presidenta no tenga que hablar en público sobre este tema.

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