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Martes 05 de Abril de 2016

Sólo se trata de cuidar lo que se quiere

Es saludable que en el país se ponga en análisis cuál es el mejor sistema de organización para los clubes, que se genere un debate nutrido con fundamentos y no con consignas y que se alcance una conclusión saludable para el fútbol argentino.

Es saludable que en el país se ponga en análisis cuál es el mejor sistema de organización para los clubes, que se genere un debate nutrido con fundamentos y no con consignas y que se alcance una conclusión saludable para el fútbol argentino. Porque no se trata de adoptar formas interesadas, sino de construirlas en base al interés común. Porque así como algunos clubes y asociaciones civiles sin fines de lucro fueron salvadas por la Justicia y la política tras estar a punto de desaparecer por las paupérrimas administraciones dirigenciales, otras tantas entidades deportivas como sociedades anónimas sucumbieron en otros lares dejando huérfano el sentimiento compartido de muchos. Sin dudas que en la Argentina los clubes como sociedades anónimas se presentan como la privatización de un sentimiento público y por ende es inviable, más aún cuando la credibilidad  social sufre sistemáticas defraudaciones. Por eso la solución del problema pasa por administraciones eficientes, sin salvataje político ni estatal, en las que los dirigentes respondan jurídicamente y con su propio patrimonio ante el mal ejercicio, algo que Macri implementó en Boca cuando fue presidente, pero con una distorsión elitista, porque cada aspirante a dirigente debía avalarse el cargo con su patrimonio en montos siderales, por lo que resultaba prohibitivo para aquellos que no tuvieran mucho dinero. No se necesita ser millonario para ser dirigente de fútbol, alcanza con ser honesto, eficiente y responsable, algo poco habitual en la actualidad porque muchos clubes incrementaron sus deudas exponencialmente, algunos incluso llegando al límite de la viabilidad. El dinero de la televisión siempre fue el recurso que la AFA utilizó para dejar cubierta su corrupción estructural, ramificada en varios clubes, y esos fondos, privados o públicos, derivan de un negocio que se sostiene porque el sentimiento del hincha se mantiene vigente, a pesar de las personas que han pasado y siguen pasando por los clubes sin rendir cuentas. No se trata de sociedades civiles o anónimas, se trata de algo más simple: hacer bien las cosas y cuidar lo que se quiere.

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