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Viernes 26 de Abril de 2013

Sólo no fue mi momento

No es un ningún hallazgo decir que la vida no está en nuestras manos.

No es un ningún hallazgo decir que la vida no está en nuestras manos. Me sucedió hace poco y no llegó a ser tragedia porque tuve suerte, o porque ése no debía ser mi momento. Compartiendo una cena habitual con mi esposa en el comedor de mi casa, pasé uno de los peores momentos de mi vida: me ahogué con un bocado de carne. Fueron segundos los que mediaron entre el momento en que tragué un trozo demasiado grande de carne. Cuando comencé a tragar advertí que no había masticado suficiente, pero ya era tarde. Alojada en la base de mi cuello una especie de esfera irregular de unos tres centímetros de diámetro se convirtió en un tapón que impedía el paso del aire a la vez que no seguía su tránsito hacia el esófago. Me paré, comencé a bracear en el aire mientras intentaba toser. Tuve tiempo de pensar en muchas cosas, sobre todo en la ironía de terminar así. Cuando ya no tenía mucho más para intentar, volví a toser y el trozo literalmente voló de mi boca, como despedido por una catapulta. Y el aire volvió a mis pulmones.

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