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Sábado 24 de Julio de 2010

Soledades

La ciudad está llena de soledades.

La ciudad está llena de soledades. Basta abrir los ojos para verlas: desde quienes duermen en los umbrales hasta los que beben, silenciosos, la copa del olvido. Desde los chicos que recorren sin rumbo la geografía del desamparo hasta las mujeres que abren la puerta de una casa donde nadie espera. Desde quienes buscan sin encontrar hasta quienes ya no buscan. Desde los que no sueñan más hasta aquellos que sueñan, solamente. Desde los que se enamoraron del desamor hasta los que jamás se enamoraron.


La ciudad está llena de soledades. Nenes desatendidos, inermes frente a la pantalla del televisor o la PC. Viejos olvidados, lejos de toda posibilidad de caricia. Palabras que se dicen a través de celulares y que no significan nada. Palabras que vuelan en el chat a través de la atmósfera vacía y desembocan en otro vacío. Pero ya no una voz y otra voz entrecruzadas en la charla frente al pocillo de café o el vaso de vino. Ya no. ¿Por qué no?


La ciudad está llena de soledades: puede ser la suya, lectora, lector. Puede ser la mía tantas veces, en los bares queridos o en las calles heladas. La del que espera una mano que ya no vendrá. La del que recuerda y recuerda. Y recuerda.

 

La ciudad está llena de soledades y no hay mucho por hacer salvo dar pelea. Mantener tibio el espíritu y el cuerpo preparado para enfrentar la intemperie. Tener cerca el libro amigo y la música que salva. Confiar en el sonido de la palabra esperanza.


La ciudad está llena de soledades, pero en el corazón de la noche queda un resto de fuego.

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