Cartas de lectores
Lunes 13 de Febrero de 2017

Sócrates y la Argentina

Este filósofo griego de excepción deja al mundo una enseñanza que lamentablemente no permite compararse con la estatura moral de presumidos políticos que se arrogan el derecho de denostar alegremente, con proverbial hipocresía a todos o por lo menos a gran parte de la sociedad, en este caso la de nuestro país. Este singular hombre de letras nos deja una enseñanza de cómo debe procederse en la conducta, respecto de los demás. Desnuda taxativamente la debilidad por vulnerar al individuo subestimándolo con actitudes de impudicia capital. Sócrates, responsable moral en extremo, prefirió beber la cicuta que lo condujo a la muerte, antes de renunciar a sus principios morales, habida cuenta que entendía que era la única manera de que se respete la ley. No sé si lo habrá pensado pero se le adjudica reconocer que la ley hay que respetarla a ultranza. Vaya coraje cívico el suyo, que a nuestros políticos y magistrados no les conviene conocer, más allá que particularmente estos últimos, entiendo, deben estar imbuidos de esa antigua escuela. Lo contrario sería imperdonable. Cuando el juicio oral y televisado del caso María Soledad Morales, uno de los patrocinantes de un acusado citaba constantemente en sus alegatos a filósofos de la antigua Grecia. Pena da que no retransmitan esos pasajes. La sociedad moderna está claramente correspondida en los principios morales de aquellos arquetipos del saber y del manejo de la conducta del hombre. Pero aquellos que pregonaban su sapiencia dejaban, ya en aquel tiempo y para la posteridad, verdaderas reglas de sano comportamiento. Naturalmente, lo dejan a su arbitrio. Consecuentemente los insanos morales procuran que las mentes no se abran para que quede al descubierto la verdadera intención de sus procederes. Quizás nunca se sepa si los filósofos eran realmente ilusos. Lo que sí sabemos es que eran verdaderos paladines de la moral. Sus principios, sus sentimientos, sus pensamientos estaban expuestos en sus obras literarias y/o célebres elocuentes discursos. Duros por cierto y demostrativos de una ética insoslayable. Doy un giro de 180 grados para evocar a un adelantado moderno como se le llamó al filósofo de lenguaje orillero y suburbano como fue Discépolo en su recordada obra Cambalache. Dice por ahí: "los inmorales no han igualao...". Principios diametralmente opuestos entre los atenienses y él. Pero una indubitable realidad. Ni la cicuta ni el harakiri, ni el destino de la ley del mar, donde el capitán de una nave que se hunde, se entrega a las temibles aguas marinas porque su honor así lo determina, toman para sí los irresponsables. Y entonces alego: de aplicarse esos códigos tan drásticos, muy pocos políticos tendríamos, y menos aspirantes al poder, ya que ni jurando frente a los Santos Evangelios, ni por la patria, proceden en consecuencia.

Oscar H. Rodríguez

DNI. 6004403

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