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Sábado 10 de Diciembre de 2011

Sobre prohibiciones en el aula

Qué hacer con los celulares inteligentes en la escuela es el principal desafío que plantean estos dispositivos móviles a los docentes, dice el director de Comunicación Multimedial de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), Fernando Irigaray.

El educador repasa algunos datos que abonan a esta discusión sobre las nuevas tecnologías en la educación. Recuerda que por ejemplo el año próximo serán miles los estudiantes que ingresen al sistema universitarios portando las netbooks que recibieron gracias al Programa Conectar Igualdad en el secundario, además de los dispositivos móviles que ya están presentes.

También que en la Argentina hay más de un celular por habitante, y su uso es cada vez mayor desde más temprana edad.

Otro dato que suma Irigaray es saber que se calcula que para 2014 todos los celulares serán smartphones (llamados teléfonos inteligentes), es decir ya no como los celulares comunes más conocidos, sino todos con conectividad. “Esto supone —dice el especialista de la UNR— una mayor conectividad , que hace de lo tecnológico algo central para la educación”. Por eso considera que “ya es una aberración aquella discusión de no permitir usar los celulares en las escuelas”.

Dice que “se trata del objeto, del dispositivo más común que tiene una persona, un joven. Y cada vez desde más chicos”. Eso, explica el docente, implica la necesidad de pensar “un uso educativo” para los mismos.

“Negarse es una locura, aunque algunas provincias sostengan todavía la prohibición de los celulares en el aula (no es ya el caso santafesino). Qué hacer, cómo trabajar con los docentes para que realmente estos dispositivos puedan integrarse a una dinámica escolar son las cuestiones clave. Muy pocos los están usando hoy en el ámbito de la educación”, señala.

Para el director de la UNR, los smartphones tienen grandes ventajas para pensarlos en el aula, y en especial en un “trabajo colaborativo, asociativo y cooperativo”. Incluyen cámaras de fotos, video y acceso a las redes sociales entre otras ventajas, sumada a la movilidad, que los convierten en la visión de Irigaray en los verdaderos protagonistas de una revolución educativa.

“Obviamente —aclara— que hay un momento en el aula para el uso de la tecnología, cuándo prenderla, cuándo apagarla, pero no prohibirla”. Dice aquí que es sustancial pensarlos como “dispositivos para la educación”, sobre todo cuando la movilidad es el eje central que permite “salir del aula, estudiar en todo momento, aprovechar lo que se llaman tiempos muertos como la espera en el médico o un viaje”.  

Si bien la encuesta de LoJack fue realizada en Buenos Aires y Capital Federal, Irigaray considera que sus resultados tienen la misma proyección para los grandes centros urbanos, como Rosario.

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