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Sábado 13 de Octubre de 2012

Sobre la construcción de la autoridad pedagógica

Por Mara Brawer y Marina Lerner / La importancia de que cada escuela alcance acuerdos de convivencia con la comunidad educativa entera y las familias

La inexistencia de una garantía por fuera del orden humano hace del ejercicio de la crítica a la autoridad un elemento esencialmente constitutivo de la Modernidad; una de las principales consecuencias de su surgimiento es la imposibilidad de legitimar una autoridad en una instancia que se ubique por fuera de la sociedad. A partir de la Modernidad, la autoridad deja de ser la de los textos sagrados, la de la palabra de los ancestros o del "orden natural". Esta posibilidad de crítica ha abierto innumerables horizontes vedados por siglos, también ha tenido efectos colaterales seguramente no deseados. Hoy el ejercicio de la autoridad implica el riesgo de perderla.

En nuestro país, al proceso histórico-cultural que comienza como un germen en la Modernidad y se despliega en los siglos que siguieron, hay que sumarles los factores históricos particulares del Estado argentino que han contribuido al desprestigio de sus instituciones y al cuestionamiento general de la autoridad en su versión tradicional.

El develamiento de lo sucedido en la última dictadura militar se conjugó con la desilusión de la gente que creyó que con la democracia podía resolver los problemas que la acuciaban ("con la democracia se come, con la democracia se educa, con la democracia se cura"). A la hiperinflación de finales de los años ‘80 y a la década del 90 con la corrupción y el desempleo, se le sumó la crisis del 2001. La gente quedó descreída de la figura de los políticos y la autoridad de las instituciones del Estado. Fue una época en que el sentir de muchos terminó sintetizándose en la frase "que se vayan todos".

Autoridad. ¿Qué es la autoridad? Es un fenómeno histórico, social y simbólico que supone la ilusión de que la persona que la porta tiene algo de lo que el resto carece, y que aquellos que la reconocen y la legitiman obtendrán un beneficio del orden del amor, del cuidado, de la inscripción social. Esta legitimación hacia la autoridad, posibilita la renuncia a la premisa narcisista de "hago todo lo que quiero" para dejarse orientar por ella. Esto es un proceso y no lo debemos entender sin la tensión que constituyen los vínculos humanos. El movimiento de la renuncia y de la legitimación es el resultado de la construcción de un vínculo, no del título que otorga estar en el lugar de la autoridad.

Cuando la autoridad pedagógica no se hereda, se construye. Vamos a tratar de realizar un recorrido que nos permita pensar a una escuela y avanzar en la articulación entre la construcción de la autoridad y la inclusión escolar. El movimiento de reconocimiento y de legitimación hacia la autoridad se orienta por la capacidad que tiene el agente que ocupa su lugar de incluir a los otros. En el caso específico de la escuela, es necesario indagar cómo el rol del docente habilita la inclusión escolar a los/as niños/as y a los jóvenes que están inscriptos como alumnos. No olvidemos que tener una vacante no implica que haya un proceso de inclusión de parte de la escuela.

Lógicas. Si pensamos en lo macro de una institución escolar y del sistema educativo en general; la dimensión artesanal de la construcción de la autoridad, requiere del esfuerzo docente, esto es muy importante pero no suficiente; por lo tanto es fundamental pasar de una lógica de construcción individual de la autoridad, a una lógica que implica una institución generadora de autoridad pedagógica, que posibilite formar a niños/as y jóvenes como "sujetos responsables, que sean capaces de utilizar el conocimiento como herramienta para comprender y transformar su entorno social, económico, ambiental y cultural, y de situarse como participantes activos/as en un mundo en permanente cambio" (Ley de Educación Nacional Nº 26.206, capítulo IV, artículo 30, inciso b).

El esfuerzo que ahora nos convoca es pensar la construcción de la autoridad en términos de dinámicas institucionales; pensar el pasaje de las virtudes individuales en características de la institución pedagógica; sin olvidar que las dinámicas se instituyen con la impronta de los adultos que las ponen a funcionar.

Mensajes diferentes. Por ejemplo, muchos/as alumnos/as reciben de sus docentes a lo largo del día escolar mensajes muy diferentes con respecto a distintos temas. Podemos tomar el ejemplo del uso de la gorra y decir que es probable que la profesora de matemática felicite al alumno que tiene puesta la gorra por su buen gusto, el de lengua y literatura lo rete por tener la gorra puesta, la de física ni se dé cuenta si un alumno usa o no gorra y así sucesivamente; los discursos que se contradicen y se anulan mutuamente, deja a los jóvenes desconcertados frente a qué quieren los adultos de ellos.

Por esto es importante, que cada escuela consensúe el documento escolar de convivencia con la comunidad educativa entera y esta incluye a la familia de los alumnos/as, así se desplaza los criterios personales y se organiza un discurso común para transmitir a todos los integrantes de la comunidad educativa las legalidades que sostienen a la misma, que el marco legal atraviese a los integrantes de la comunidad y funcione como terceridad. La coherencia de una institución requiere previos consensos para definir respuesta ante cada situación que lo amerite y que tanto los grandes como los chicos puedan inscribirse en el marco de legalidades claras, esto es educativo para un joven; posibilita otra manera de vincularse, teniendo en cuenta los derechos de todos y las responsabilidades de cada quien.

Son las dinámicas institucionales pensadas y sostenidas por los adultos de una escuela, las que tienen que transmitir los rasgos que los niños y jóvenes legitiman como autoridad.

Pensar la dimensión institucional en la construcción de la autoridad pedagógica habilita una asimetría democrática a un nivel simbólico, de estructura, que posibilita que el rol docente se instituya a nivel simbólico y desde aquí construir con las virtudes propias de cada adulto el lazo con las nuevas generaciones.

(*) M. Brawer también fue subsecretaria de Calidad Educativa del Ministerio de Educación de la Nación y licenciada en psicología. M. Lerner es además licenciada en psicología. El texto es un anticipo del libro de pronta aparición "Construcción de la autoridad pedagógica, en las escuelas del siglo XXI".

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