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Sábado 27 de Julio de 2013

Sobre el libro

"La Patagonia rebelde" de Bayer, relata que "en 1920, con grandes stocks de lana acumulados por falta de compradores, los latifundistas querían que la crisis la pagaran los peones, que ya vivían y trabajaban en condiciones inhumanas. Sus jornadas de duras faenas eran de 16 horas diarias, con temperaturas bajo cero y 27 días al mes". Hacinados en galpones de animales, "reclamaban un paquete de velas por mes para cada peón, sábados libres, mejores alimentos, sueldo mínimo mensual de 100 pesos y el reconocimiento de un delegado y ser representado por la Sociedad Obrera".

Como la Sociedad Rural no aceptó el pedido entraron en huelga. La medida se extendió en la Patagonia y los latifundistas, la Liga Patriótica y hasta la embajada británica pidieron que fueran reprimidos. El presidente de la Nación de ese entonces, Hipólito Yrigoyen, envió al coronel Héctor Benigno Varela con tropas del 10º de Caballería para frenar a la peonada. Varela logró en mayo de 1921 un acuerdo donde se reconocieron algunos derechos obreros, pero al retirarse las tropas, volvieron los incumplimientos patronales y se produjo la segunda huelga. Regresó Varela y tras persecuciones, traiciones y emboscadas terminó fusilando a unos 1.500 peones rurales.

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