Cartas de lectores
Miércoles 06 de Julio de 2016

Sobre el Bicentenario

En vísperas del Bicentenario de la Independencia, me parece justo revivir los últimos instantes de la vida y la muerte del prócer Mariano Moreno...

En vísperas del Bicentenario de la Independencia, me parece justo revivir los últimos instantes de la vida y la muerte del prócer Mariano Moreno, sagaz pensador estratégico de la revolución, a la luz de lo que relata Félix Luna, en la colección titulada Grandes Protagonistas de la Historia Argentina. En la misma, dice: "El mar bravío ha tomado una vez más el mando de la fragata Fame. A merced de las olas, la embarcación no quiere responder al impulso del viento. Moreno siente que la travesía dura una eternidad. Con el corazón apesadumbrado por esa especie de destierro voluntario al que se ve sometido, ni los consuelos de su hermano Manuel bastan para mejorarle el ánimo. Abatido por la tristeza y mareado por el oleaje, el estratega de la revolución padece no sólo de un gran malestar físico sino también de una profunda desazón. Pasan los días y la fragata no logra alcanzar un ritmo constante porque debe luchar contra el oleaje. La navegación procede con demasiada lentitud, en especial para el doctor Mariano Moreno, cuyo estado de salud empeora día tras día. En el navío ya se acabaron los víveres frescos, y hace días que el enfermo rechaza la comida que le ofrecen. Se está deshidratando, y a bordo no hay médicos ni enfermeros para atenderlo. El capitán apenas cuenta con un botiquín y un manual de primeros auxilios, que aplica según su criterio en casos extremos. El último día de febrero de 1811 el capitán de la fragata, sin consultar a Manuel Moreno ni a Tomás Guido, decide suministrarle a Mariano una dosis de tártaro emético, un poderoso purgante, que terminará por provocarle la muerte. Moreno pasará los tres días siguientes acostado sobre el piso del camarote, en un estado de incesante agitación febril. Aun así, su pensamiento fecundo parece seguir produciendo ideas, como en los días álgidos de la revolución. Antes de caer en un estado de inconsciencia absoluta, se ocupa de exhortar a sus compañeros sobre los deberes que tendrían que cumplir en el futuro; pide perdón a sus amigos y enemigos por sus faltas; llama al capitán y le recomienda el cuidado de las personas que lo acompañan y el de su amada esposa. Nadie puede dudar de las últimas palabras que su hermano Manuel le escuchó pronunciar, en las que se condensa el sueño concebido camino a Chuquisaca: '¡Viva mi Patria, aunque yo perezca!".

Daniel E. Chávez / DNI 12.161.930

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