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Viernes 29 de Marzo de 2013

Sobre el apuro en diagnosticar "trastornos" en los chicos

Por Juan Vasen / Una mirada crítica  sobre los mal llamados ADD o ADHD y Trastornos Generalizados del Desarrollo infantil.

“No sé si habrás visto el mapa de una mente. A veces los médicos dibujan mapas de otras partes de ti,(...) pero no es tan fácil trazar el mapa de la mente de un niño. Que no sólo es confusa, sino que gira sin cesar.”

J.M.Barrie. Peter Pan.

La primera intervención subjetivante respecto de la infancia actual debería plantearse en el campo del pensamiento. Debemos re-pensar la niñez y sus problemáticas para hacer frente a la objetivación empobrecedora que progresivamente se adueña del campo del sufrimiento infantil colonizándolo con nuevas “palabras maestras” y nuevas etiquetas.

Esta objetivación tiene su musa inspiradora en el DSM (Manual  Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales). Seguir su embeleso supuestamente a-teórico y neutro nos permite adquirir la convincente certeza de que es en el cerebro donde radican las estructuras subyacentes a los síntomas del los chicos y en los genes donde se localizan las causas. Y con toda coherencia entonces podríamos concluir que es en los fármacos y las modificaciones de hábitos conductuales donde afincan las esperanzas de resolución.

Con gran afinidad con el nítido predominio de lo visual en nuestra actual cultura de la imagen y el rendimiento es justamente la clasificación de conductas visibles la que brinda entidad y carta de ciudadanía psiquiátrica a muchos de los “nuevos cuadros” con que se categoriza la sintomatología de la infancia.

Una clasificación encabezada por el mal llamado ADD o ADHD, por los mal entendidos Trastornos Generalizados del Desarrollo, por los descontextualizados Trastornos Oposicionistas y por ese afanoso y frágil constructo que es el Trastorno Bipolar Infantil.

Estamos ante un caso de clasificación “chatarra”. Que, como esa comida, trae consecuencias en el organismo y la vida de los niños. En nuestras sociedades, fuertemente influenciadas por paradigmas tecnocráticos, se afirma la tendencia de reducir las prácticas sociales complejas como criar, educar, diagnosticar y curar a procedimientos técnicos.

Y la técnica es “encantadora”. Miles de padres, docentes y profesionales creen que están contribuyendo, a través de ella al control sobre fenómenos de nuestra “naturaleza”. El pensamiento de la época deriva entonces a considerar que las múltiples determinaciones de lo humano queden reducidas a los determinantes de su biología. Con lo que las nuevas formas históricas de la subjetividad (los chicos de hoy por ejemplo) son recogidas por la nosografía de un modo que las aplana. Se los piensa como cerebros, no como niños.

Aún en tiempos de clasificaciones tecnocráticas que transforman los diferentes padeceres en entidades pasibles de medicación sigue habiendo otras cosas que clasificar de modo mucho más útil. Y no son justamente las personas sino “en todo caso, las tendencias que presionan sobre ellas o les abren espacios para el advenir de una experiencia propia.” (1)

Formas de inexistencia.

Todo es menos de lo que es. Todo es más.

Paul Celan

Daniel Pennac responde de manera muy nítida a una pregunta en relación a su funcionamiento como alumno:

—“Ud dice que algunos malos alumnos necesitan que algo o alguien los saque de la realidad escolar para no desarrollar “la pasión del fracaso”. ¿Qué o quién lo ayudó a usted?

—En mi caso, cuatro profesores y mi primer amor. Todos ellos me dieron la sensación de existir, me permitieron creer que podía tener una existencia fuera de la identidad escolar. Esos profesores se dirigían a mí, por alguna razón vieron en mí algo que parecía interesarles. Y eso me salvó. No se preocupaban tanto por el desempeño escolar, y la paradoja es que gracias a eso mismo mi desempeño escolar mejoró mucho”. (2)

Y Melvin el protagonista de Una Forma de Vida lo expresa de este modo:

—“No se preocupe, no la tomo por una psicóloga. No son psicólogos lo que falta aquí. He probado con varios. Les hablas durante tres cuartos de hora en el más profundo de los silencios y luego te recetan Prozac. Me niego a tragarme eso. No tengo nada contra los psicólogos. Sólo que los del ejército norteamericano no me convencen. Lo que espero de usted es otra cosa.

—Deseo existir para usted. ¿Es pretencioso? No lo sé. Si lo es lo siento. Es lo más auténtico que puedo decirle; deseo existir para usted.” (3)

Los hombres, tanto más los niños, “estamos hechos de la misma sustancia con que se trenzan los sueños.” (4) Pero, como reflexiona Steiner: “En el horizonte está la perspectiva de que los descubrimientos bioquímicos y neurológicos demuestren que los procesos imaginativos y cognitivos de la psique humana tienen una fuente en última instancia material. Que hasta la conjetura metafísica o el hallazgo poético más grandioso son (tan sólo) formas complejas de química molecular.” (5) Ser pensado como un conjunto de neurotransmisores es una forma de inexistencia.

Parafraseando a Celan puede ser que “todo (parezca) ser menos de lo que es.” O tan sólo lo que, como ente objetalizado, es. Como psicoanalistas sabemos que, más allá de las apariencias y los moldes instituidos, “todo, siempre, es más.” Y eso es lo que nos hace existir.

Bibliografia:

1- Rodulfo,R: Padres e hijos hoy. Op Cit/

2- Pennac, D: Mal de Escuela. Mondadori Barcelona 2008/

3- Nothomb A: Una Forma de vida . Bs As. Anagrama 2012/

4- Shakespeare W: La Tempestad. Aguilar Madrid 1980/

5- Steiner,G: La poesía del Pensamiento Bs As Siruela 2012.

(*) Especialista en psiquiatría infanil y psicoanalista. Miembro del Forum Infancias y co fundador del Programa Cuidar Cuidando.

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