Escenario
Viernes 02 de Diciembre de 2016

"Sin cumbia, no hay fiesta"

El grupo local Los de Barbacena, uno de los pioneros del género en Rosario, celebra hoy sus 40 años.

Desde la época en la que “cumbia era una mala palabra”, hasta la actualidad que incluye “academias que enseñan a bailar”, el género se hizo fuerte en Rosario y la provincia de Santa Fe hasta tener nombre propio. Así lo explica Felipe González, el histórico fundador de Los de Barbacena, uno de los referentes en la ciudad y que esta noche celebra sus 40 años de actividad, un recorrido que incluye casi treinta discos, además de discos de Oro y Platino. La cita es a las 21.30 en el teatro Broadway (San Lorenzo 1223).

El show contará con la actuación de treinta bailarines de la academia Dancing Cumbia Rosario, cuatro ex cantantes de la banda y Freddy Cristaldo, cantante de Freddy y Los Solares. Completan el grupo Leandro Román (voz), Walter Gómez (acordeón), Sebastián Martínez (bajo y coros), Jesús Ensizo (timbal), Federico Centurión (teclados), Fabián Arce (guira), Leonardo González (bongó y accesorios), Hipólito González (tumbadoras) y Andrés Huerta (locución y animación).

   —¿Cómo fue el inicio con la música tropical?

   —En realidad todavía no estaba la música tropical con fuerza. Cumplimos 40 años con la música y un poco menos con el nombre Los de Barbacena porque antes nos llamábamos Grupo Zeta. En el año 79, cuando el productor Carlos Guerra nos hizo incursionar en lo tropical nos dijo que había cambiar el nombre porque no encajaba con el género. Así surgió Los de Barbacena, que es el nombre de una isla cerca de Brasil.

   —¿Cómo fue empezar con este género en ese momento?

   —Muy difícil. En esa época no había FM, no como ahora que todo el mundo pasa cumbia y música tropical; era sólo AM y la época de los militares, estaba restringido. Y cumbia era mala palabra, era luchar contra la corriente. Había que tratar de convencer a alguien para que te pase un pedacito, era una lucha.

   —¿Por qué era una mala palabra?

   —Es que vos decías cumbia, y te decían, no, es cosas de negros, perdonando la expresión... Te decían, no, acá no difundimos esa música. Era como que estaba marginada, y de a poco se fue aceptando. Lo que llegaba acá era el Cuarteto Imperial, Los Wawancó, no existían los grupos musicales en Rosario. Nosotros fuimos uno de los pioneros, junto con Quique Alberto, que ya no está más, o Los Boyacá, además de Los Palmeras o Grupo Alegría. Hoy en día en Rosario hay muchos grupos como La Vanidosa.

   —¿Usted baila cumbia?

   —No, no, yo me dediqué a la música... el que toca nunca baila dicen (risas). Creo que si no me hubiese dedicado a la música no hubiese ido a ningún baile porque no me gustaba bailar, sí la música.

   —¿La cumbia superó el prejuicio y las diferencias de clase?

   —Hoy en día no hay fiesta en la que no se escuche cumbia, si no hay música tropical no es fiesta, además de que hay academias que enseñan a bailar...

   —La cumbia rosarina y la santafesina se distinguen por su formación. ¿Cómo fue la evolución?

   —Lo primero que llegó era lo que llegaba de Colombia, como el Cuarteto Imperial, Bovea y sus Vallenatos; esto fue dándole forma y hoy es todo más inclinado a la salsa, con vientos, trompetas, saxo, que es otra cosa. En el principio era un cuarteto, y también había muchos cuartetos de Córdoba. Nosotros nos destacamos por tener dos protagonistas, el acordeón y la guitarra; en principio era sólo guitarra pero después entró el acordeón en la época de Los Palmeras y se hizo más bailable. Y así pensamos en incorporar el acordeón y hacer un contrapunto con la guitarra. Fue lo que nos identificó, además de que siempre hicimos nuestros propios temas y siempre tratamos de mantener la misma línea: el cantante, los coros y después el diálogo de la guitarra y el acordeón.

   —¿Qué piensa de lo que se popularizó como cumbia villera?

   —Nosotros o en la cumbia santafesina siempre hablamos del amor o las vivencias, en cambio la cumbia villera salió con otra temática, a veces muy chocante.

   —¿Y de la cumbia pop?

   —Siguen siendo covers, aunque lo hagan con ritmo de música tropical, y a la gente le guste mucho. Yo veo que hay pocos grupos que tengan personalidad propia, que se destaquen con sus temas.

   —¿Cómo es la relación entre las bandas?

   —Siempre trato de llevarme bien con todos los chicos, somos todos colegas, por ahí puede haber ciertos recelos, pasa en todo rubro, pero tratamos de hacer lo mejor posible y de usar nuestras composiciones. Nosotros nos destacamos también por hacer nuestros propios temas. Hay chicos que me dicen vamos a hacer covers porque están de moda, pero prefiero no hacerlo porque entramos en la monotonía de algunos grupos.

   —¿Qué lo inspira para escribir hoy?

   —Yo creo que soy un eterno enamorado, pero mal comprendido (risas). Tenés que amar la vida.


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