Copa Davis
Lunes 28 de Noviembre de 2016

Sin cuentas pendientes

Un acto de justicia. Argentina ganó al fin la Copa Davis. Hasta con Maradona de hincha

Un acto de justicia. Argentina ganó al fin la Copa Davis. Hasta con Maradona de hincha

"¡Gracias Dios!" Diego alza los brazos hacia el cielo y agradece cuando la voz del Zagreb Arena anuncia el ingreso de los campeones de la Copa Davis para la premiación. Daniel Orsanic, Juan Martín Del Potro, Federico Delbonis, Guido Pella y Leonardo Mayer, por orden de aparición, ensayan todo tipo de coreografía para festejar. Saludan al paso a Maradona y siguen caminando para ubicarse detrás del podio. Además del 10, miles de argentinos rugen como nunca antes. El momento más importante de la historia del tenis argentino acaba de consumarse: Argentina ganó la Copa Davis por primera vez en su historia. Se hizo justicia, tarde, muy tarde, pero se hizo justicia. Treinta y cinco años después de la primera final y en el momento menos pensado, el tenis argentino se dio el gusto. El mundo del deporte blanco no podía creer que Argentina nunca lo hubiera conseguido. Pero así son las cosas: con el corazón y la enorme jerarquía de Del Potro y el acompañamiento de tres humildes competidores del circuito, Argentina se consagró campeón de la Copa Davis.

Lo que no pudieron conseguir Guillermo Vilas, David Nalbandian ni José Luis Clerc, por nombrar sólo a los grandes emblemas criollos de la pelea por la Ensaladera de Plata, lo logró un humildísimo grupo capitaneado por un personaje de perfil más bajo aún: Daniel Orsanic, un ex doblista zurdo que jugó una serie de Copa Davis allá por 1999.

Treinta y cinco años pasaron desde Cincinnati, diez de Moscú, ocho de Mar del Plata y cinco de Sevilla.

Argentina se consagró campeón de la Copa Davis en su quinta final. No era, en lo previo, la más difícil, pero sí la de protagonistas más humildes. Salvo Del Potro, los demás son laburantes del circuito que se pusieron en la cabeza que era posible a pesar de que el sorteo los golpeó con todas series de visitante. Así pasaron Polonia en Gdansk, Italia en Pesaro, Gran Bretaña en Glasgow y Croacia en Zagreb. Quedaron en el camino Andy Murray y Marin Cilic en sus propias casas. A medida que pasan los minutos, las horas, no deja de ser extraño leer o escuchar que Argentina es el campeón de la Davis. Fueron tantas las frustraciones, los golpes, tantos los intereses personales antepuestos al bien común que ya parecía imposible que alguna a vez sucediera.

Dos sets a cero abajo y 15 iguales con el servicio en el primer juego del tercer parcial. Del Potro, dominado por Marin Cilic, sólo se defiende. El croata mete un globo bien al fondo que obliga al tandilense a una Gran Willy como último recurso: la pelota viaja entre las piernas, pasa por arriba del inmenso ex campeón del abierto de Estados Unidos y se posa en uno de los ángulos de la cancha. Fue la primera señal positiva de un partido condenado a definir la serie para Croacia. Después de casi 5 horas, Del Potro construye una resurrección imposible de imaginar y pone a Argentina en partido.

Ahora será el turno de Delbonis frente al gigante Ivo Karlovic. Difícil, pero no imposible. Federico tiene una rara capacidad para estar a la altura de las circunstancias en los partidos bravos, Una prueba de ello es la estadística a favor que tiene sobre Roger Federer y Andy Murray.

Y así fue. El zurdo de Azul le ganó con una claridad meridiana a Ivo Karlovic, como si se tratara de un partido cualquiera.

El final del segundo set, que puso a Argentina tan cerca de la Davis como nunca antes, mostró parte de la estrategia apropiada para ese momento. Delbo llegó a la silla y apenas se saludó con Orsanic. El capitán no quería mover un solo músculo para que Federico no se diera cuenta de lo que estaba por conseguir. En realidad, ese era el gran temor. En el vestuario, Del Potro, Pella y Mayer no se permitían volver al borde de la cancha para que nada alterara el orden establecido. Los planetas estaban alineados, Federico se impuso en sets corridos en 2 horas y 9 minutos y la tan ansiada Ensaladera de Plata por fin fue argentina.

El héroe menos pensado vengó las frustraciones de los gigantes del tenis argentino que se retiraron con la cabeza gacha en las cuatro finales anteriores, inclusive Del Potro, que sufrió las derrotas de 2008 y 2011. Es cierto que resulta injusto que Vilas, Nalbandian o Clerc no la hayan ganado, pero es reconfortante que un grupo de peones del tenis se haya dado el gustazo al lado de un gigante que ya se puso detrás de Vilas como el tenista argentino más importante de todos los tiempos: sin Delpo en cancha hubiera sido imposible ganarle a Gran Bretaña en semifinales y a Croacia en la final.

En los tiempos en los que algunos postulados sobre la importancia del grupo por encima de los momentos y los resultados pone en jaque a una de las generaciones más importantes del fútbol argentino en todos sus tiempos, un equipo de tenistas, un verdadero equipo que funcionó como tal, consiguió el objetivo que planteles potencialmente muy superiores, pero desde lo individual, nunca lograron.

En el agradecimiento de Diego cuando la voz del estadio anunció el ingreso de los campeones de la Davis en el Zagreb Arena, se resume el sentimiento de un país tenístico que hace décadas que esperaba por este logro: "¡Gracias Dios!".

La gloria fue también para un rosarino

Renzo Olivo también entró en la historia de la página más gloriosa del tenis argentino, ya que participó de los 8º de final ante Polonia y jugó el dobles (perdió junto a Berlocq) y el último punto, con la serie definida. Además, el propio Berlocq y Pico Mónaco ganaron la ensaladera.

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