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Domingo 24 de Mayo de 2015

Sin boom de commodities, la región encara otro ciclo

La caída y amesetamiento de los commodities obligó a gobiernos populistas y socialdemócratas a reajustar sus políticas expansivas.

América latina ha entrado en otra etapa política a causa del fin del boom o "superciclo" de los commodities, como llaman los economistas a las materias primas. Lo que ratifica que socialdemócratas y populistas dependen en forma tajante de los ciclos y desarrollos de la economía de mercado. Esta tolera cierto maltrato discursivo y administrativo y la extracción de beneficios, pero no de manera indefinida ni ilimitadamente: la hecatombe económica de Venezuela es la prueba palmaria de este punto clave. La ya crónica "estanflación" de Argentina también es una buena demostración. En Brasil, Dilma aplica un plan económico ortodoxo (ver en esta página), impopular pero al parecer inevitable por la alta inflación y exceso de gasto. En este cuadro juega un papel clave el desplome de precios de las materias primas principales de Brasil (soja y mineral de hierro). Claro que también se debe tener en cuenta la crisis política brasileña, por un rechazo social muy neto de la corrupción política que delata el caso Petrobras.

En el resto de la región las cosas están mejor en los países de economía abierta del Pacífico, y, como se dijo, mucho peor en Argentina y Venezuela, los dos "casos clínicos" de América latina. A la vez, también siguen creciendo los dos "bolivarianos" andinos: Ecuador y Bolivia. Aunque también a ellos los golpea la caída del petróleo, que se combina mal con un enorme gasto público que ronda el 50 por ciento del PBI. Lo que ambos países sí tienen es un firme control de la inflación y del déficit fiscal, factores que faltan por completo en Venezuela. En otro grado de racionalidad están Paraguay y Uruguay, los socios menores pero más ágiles del postrado Mercosur. El malestar interno en este bloque ya no se limita a estos dos países: también Brasil presiona por un acuerdo de libre comercio con la UE como única alternativa a un esquema de cierre comercial anacrónico y agotado. Un planteo que espanta al gobierno argentino, atrincherado en doctrinas económicas de los años 40. Este jueves, los presidentes Tabaré Vázquez y Dilma Rousseff dieron un paso sin precedentes y explicitaron juntos esta exigencia en el palacio del Planalto. Este reclamo público, hecho desde el corazón del poder político de Sudamérica, ya no podrá no escucharse en Buenos Aires.

Según la Cepal, hay claramente en América latina una bifurcación: se observan países chicos y exportadores de commodities que siguen creciendo fuerte, como Paraguay y Bolivia, y luego están los mayores y varios de los medianos, que han sufrido un visible bajón, debido no solo a la caída de las materias primas sino a una baja tasa de inversión, entre otros defectos "macro". En Chile, Bachelet, presionada por los escándalos de corrupción pero también por una economía que creció apenas 1,9 por ciento en 2014, dio fin a la etapa "radical" y "fundacional" de sus primeros 14 meses de gobierno. Echó hace una semana a su principal delfín, Rodrigo Peñailillo, jefe de gabinete e impulsor de las reformas de mayor carga ideológica: educación y sistema electoral. En su lugar entró un veterano democristiano, Jorge Burgos. El otro cambio se dio con la salida del ministro de Hacienda Alberto Arenas, autor de la reforma fiscal, y su sustitución por un economista partidario pero afín a los mercados, Rodrigo Valdés. El espíritu moderado y realista de la antigua Concertación vuelve a gobernar, mal que le pese a estos sectores internos más radicales.

Hasta la Argentina K da vuelta de página al soberanismo financiero y sale a endeudarse, pagando, eso sí, tasas récord. Es evidente que el próximo gobierno será obligatoriamente menos hostil con la empresa privada, y además deberá hacer ajustes ante el panorama heredado de inflación altísima, tipo de cambio atrasado, estancamiento económico y expansión del gasto público y de la emisión monetaria.

En líneas generales, la caída y amesetamiento de los commodities obligó a gobiernos populistas y socialdemócratas a reajustar sus políticas expansivas. La etapa de la billetera generosa terminó. Con el fin de este ciclo agonizan los populismos y se moderan los socialdemócratas. Los que llevaron la economía al desplome, como el heredero de Chávez, Nicolás Maduro, solamente atinan a radicalizar su anticapitalismo, encerrándose en una trampa autocreada. Al contrario, los socialdemócratas pueden implementar ajustes y seguir al frente de una una sociedad madura, que comprende bien que las vacas gordas ya pasaron. Chile, Brasil, Uruguay, están en este lote. Resta ver si sociedades mal acostumbradas por el maniqueo discurso populista están listas para aceptar la realidad de que los tiempos de bonanza se fueron (y en su caso, se desperdiciaron groseramente) y que ahora viene, luego del prolongado desajuste, el ajuste. Argentina aparece en este triste lote, aunque por fortuna muy lejos de la gravedad extrema que presenta Venezuela.

 

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