Escenario
Sábado 29 de Octubre de 2016

"Siempre me gustó vivir intensamente"

El bailarín llega a Rosario para festejar los 20 años del Cuba Ballet y para recibir una distinción del concejo municipal. "Hay que llevar la danza más cerca de la gente", afirmó.

Maximiliano Guerra todavía recuerda sus visitas a Rosario cuando era chico y venía a la ciudad a ver a sus abuelos maternos. Su vínculo con Rosario lleva muchos años y aplausos, y en estos días se reforzará especialmente. El bailarín y director hoy regresa a estos pagos para participar de los festejos por los 20 años del Cuba Ballet, y el lunes recibirá un reconocimiento del Concejo Municipal como visitante distinguido de la ciudad por su aporte a la cultura.

   A los 49 años, Guerra está en plena actividad y asegura que no piensa en el retiro de los escenarios. El año pasado se convirtió en el director del Ballet Estable del Teatro Colón, un desafío que aceptó para generar cambios y "traer nuevos aires". Y además está girando por todo el país junto a su mujer, Patricia Baca Urquiza, y el Ballet del Mercosur con el espectáculo "Quereme así... piantao", un homenaje a Horacio Ferrer.

   En charla con Escenario, el bailarín dijo que nunca vio la danza como una "carrera sacrificada" y habló abiertamente sobre su rol como director: "Hay muchos tabúes alrededor del Colón. Hay que empezar a romperlos para llevar la danza más cerca de la gente", aseguró.

   —Venís a Rosario a festejar los 20 años del Cuba Ballet y a recibir el reconocimiento del Concejo como visitante distinguido. ¿Cómo definirías tu vínculo con la ciudad?

   —Mi vínculo con Rosario es muy grande. Mi mamá nació en Rosario y tengo familia allá de parte de mi abuela materna. Tengo mucha historia con Rosario desde muy chiquito, visitando a mi familia. Desde muy jovencito también bailé en Rosario con Nora González Pozzi y con Sandra Vai en los festivales que se hacían en El Círculo en aquella época. También bailé mucho en el grupo de Liliana Belfiore en el 83. Son muchos años de relación. También tengo una gran ligazón con el público rosarino, que siempre me recibió con los brazos abiertos. Hay tres públicos en la Argentina que son los públicos termómetro: el de Rosario, el de Bahía Blanca y el de Buenos Aires. Según el aplauso que te den te dicen si el espectáculo va a ser exitoso o no. Gracias a Dios Rosario siempre me dio mucho aplauso y mucho cariño. Es un vínculo que empezó hace mucho tiempo y que persiste, porque con todas las giras paso por Rosario. Ahora estoy muy contento con el reconocimiento porque está bueno que te reconozcan en vida y que uno lo pueda disfrutar.

   —El año pasado asumiste la dirección del Ballet Estable del Teatro Colón en un momento conflictivo, cuando había medidas de fuerza por reclamos laborales. ¿Por qué aceptaste ese desafío?

   —Acepté porque creo que hacía falta un cambio en la gestión para traer nuevos aires. La compañía estuvo dirigida muchos años por una persona muy capaz, pero esa relación a veces se va desgastando. Creo que por ese lado yo podía aportar. Cuando me llamaron me pidieron que el ballet empiece a funcionar de otra manera. Lo primero que yo intenté hacer es recuperar repertorio que se había perdido, un repertorio que tiene que ver con la identidad de esta compañía, y a partir de eso también empezar a traer cosas nuevas, coreógrafos que nunca vinieron a la Argentina, y tratar de que la compañía tenga un vuelo internacional en cuanto a las giras. Por ahora no se pudo lograr cruzar el charco hasta Europa, pero sí giramos por distintos lugares de nuestro país y queremos ir a los países limítrofes. Queremos mostrar a la compañía por fuera de nuestro querido teatro, porque también nos dimos cuenta de que si no nos acercamos al público es muy difícil que el público se acerque a nosotros. La gente le tiene mucho respeto al Colón y hasta un poco de miedo. Piensan que hay que ir vestido de gala o que es muy caro. Hay muchos tabúes alrededor del Colón. Hay que empezar a romperlos para llevar la danza más cerca de la gente.

   —¿Qué balance hacés hasta ahora de tu trabajo como director?

   —Yo estoy feliz con este trabajo. Yo me había desacostumbrado a este teatro, porque estuve cuando era muy jovencito y después me fui a Europa. Me había desacostumbrado al tema sindical, al tema político y a los tiempos que se manejan. Si necesitás comprar un tapete por ahí tardan nueve meses en comprártelo, mientras que en el ámbito privado a los 15 días lo tenés. Acá hay que lidiar con todas esas cosas y uno va aprendiendo sobre la marcha. Por otro lado estoy feliz porque los resultados son muy positivos. Yo siento que la compañía está muy bien, en un nivel que se merece, que todavía está creciendo, que se está reformulando, pero estamos en el camino correcto. Ahora recuperamos "La Bayadera", que se va a estrenar el mes que viene, y empezamos a visualizar esa meta que yo me había propuesto como director. También vemos que el público se va feliz, que el público vuelve, que las funciones de ballet volvieron a estar llenas. Todo eso tiene un gran valor.

   —Hace más de un año dijiste: "Me encantaría que un día el ballet del Colón esté bailando Bersuit". ¿Creés que eso es posible?

   —No sé si dije "me encantaría". Creo que dije "¿por qué no?". Todo depende de cómo vaya el desarrollo de la compañía. Yo creo que todas las músicas son bailables. Yo fui el primer pionero y el primer transgresor que empezó a bailar rock and roll, canciones de Charly (García) y tango. Fui muy criticado, fui muy resistido, pero también fui muy aplaudido y llegué a un público que nunca se hubiese acercado a la danza clásica si no le presentábamos eso. Ver si algún día podemos llegar a bailar la Bersuit con el Ballet Estable del Colón es una posibilidad. No digo ni que sí ni que no. Ojalá algún día suceda, porque eso significaría que estamos abriendo la mente a muchas cosas que parecen imposibles, que la gente cree que no podríamos hacer.

   —En una entrevista reciente Julio Bocca consideró que falta apoyo por parte de las autoridades del Colón hacia el trabajo que vos hacés en el ballet. Y también dijo: "En el Colón se necesita un cambio". ¿Vos compartís estas declaraciones?

   —Yo puedo compartir con Julio un montón de declaraciones y un montón de cosas que él piensa porque somos bastante parecidos. Pero si no lo vivís desde adentro es muy difícil que puedas opinar. Desde afuera se puede pensar que sí hace falta un cambio, pero nosotros gracias a Dios tenemos mucho apoyo de la dirección, mucho apoyo del gobierno, y vamos logrando metas de a poquito. Por supuesto que tenemos pocas funciones, pero esa es una discusión que tenemos abierta y estamos en camino de tener cada vez más. También tenemos que tener en cuenta que este es un teatro donde conviven ópera, conciertos, ballet, cantantes extranjeros y nacionales. Tenemos una cantidad de días asignados de funciones y estamos todos más o menos igual. No es que el ballet está rezagado o abandonado. Estamos al mismo nivel de la ópera en cuanto a lo que es el presupuesto. Creo que las situaciones hay que vivirlas desde adentro. Cuando me llamaron el año pasado yo empecé a hablar de un cambio y ese cambio se está produciendo, pero todo tiene que ser paulatino, no podemos dar vuelta la página y perder todo lo que teníamos.

   —¿Cómo recordás ahora tus primeros pasos en la danza?

   —Fue hace tanto tiempo... Los recuerdo como muy firmes, muy alegres. Yo era un chico que disfrutaba lo que le tocaba hacer: jugar al fútbol, ir al colegio. Siempre me gustó vivir intensamente. Con la danza me pasaba lo mismo, y me fascinaba cada vez más. Recuerdo que si bien era difícil al principio, porque no me acordaba ni los nombres de los pasos, lo vivía con mucha alegría y con mucha seguridad. También tuve la suerte de estar en un escenario muy tempranito. Empecé a bailar a los diez años y a los once me tocó estar en el escenario del Colón. Y ahí internamente mi ser decidió que esto era lo que iba a hacer para toda la vida. Si bien estuve jugando en River hasta los 13 años, y también probé tocar la guitarra, la danza era lo mío

   —Siempre se habla de la danza como una carrera sacrificada. ¿Cómo lo ves vos ahora, con la perspectiva del paso del tiempo?

   —Yo siempre discutí esa titulación de "la danza sacrificada". La danza es dura, tenés que tener mucha determinación, mucha disciplina, mucha autoexigencia, y cuando estás cansado o no te sentís bien de todas formas te tenés que levantar y ensayar. Pero yo nunca lo viví como un sacrificio, porque es lo que nos gusta hacer, es lo que amamos. Y desde ese lugar, por más difícil que hayan sido algunos momentos de la carrera, siempre lo hice con mucho placer, con muchas ganas.

   —¿Pensás en tu retiro? ¿Lo ves como algo lejano o próximo?

   —No, no lo pienso. Evidentemente algún día voy a dejar las tablas, pero yo creo que la vida te muestra cuándo tenés que girar y dónde. Sé que ese momento va a venir, pero no lo ansío ni lo programo. Tengo suerte, porque el cuerpo me acompaña, y encima me divierto en el escenario. Mientras eso suceda seguiré. Me iré reciclando, iré bailando cosas distintas. Pero mientras me siga divirtiendo y el público lo haga conmigo, ahí estaré.  

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