La ciudad
Martes 28 de Junio de 2016

"Siempre decíamos que esto un día iba a estallar"

"Siempre decíamos que esto iba a volar un día por el aire. Pero nunca imaginábamos que fuera a pasar realmente", recordaba ayer María Jimena Díaz...

"Siempre decíamos que esto iba a volar un día por el aire. Pero nunca imaginábamos que fuera a pasar realmente", recordaba ayer María Jimena Díaz, una joven de 35 años que creció en una de las casas linderas al laboratorio Apolo. Las paredes y el techo de la vivienda quedaron completamente rajadas y nadie de la familia pudo pasar la noche allí.

No es la primera vez que el funcionamiento del laboratorio les roba el sueño al barrio Tablada. Como muchos otros vecinos que ayer se asomaron a mirar el despliegue de efectivos de Defensa Civil, bomberos, funcionarios y medios de comunicación, Díaz recordó que llevan varios años denunciando frente al municipio el funcionamiento del laboratorio.

"Varias veces, las calderas se quedaban sin agua y para descomprimirlas soltaban vapor. El ruido y las vibraciones que se producían entonces eran realmente insoportables", advirtieron.

Las primeras actuaciones están fechadas hace 20 años. "Entonces ya preguntábamos cómo podía ser que se permitiera funcionar una fábrica tan grande en medio de una manzana repleta de viviendas particulares y a sólo cien metros de varias escuelas primarias y jardines de infantes", recordaron los vecinos.

Uno de ellos exhibió las constancias de actuación por ruidos molestos que arrojaban una medición de 80 decibeles, "adentro de mi habitación y en plena madrugada", sostuvo otro habitante de la cuadra y recordó que "la planta tuvo varias clausuras temporarias".

"Hicimos muchas denuncias por la colocación de las calderas, por los ruidos molestos, por las pérdidas de gas y vapor con las que convivíamos, pero nadie nos escuchó", se quejaron a la par que denunciaron también irregularidades con la contratación de personal, en muchos casos también vecinos del barrio.

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