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Sábado 17 de Abril de 2010

"Sicko": para entender la salud del imperio

Por Martín Lucero (*) / Si uno quiere entender por qué es tan difícil que el presidente Obama apruebe una reforma de salud que va a beneficiar a 45 millones de estadounidenses, y que además por ese hecho lo acusen de comunista, tiene que ver Sicko, la película de Michael Moore.

Si uno quiere entender por qué es tan difícil que el presidente Obama apruebe una reforma de salud que va a beneficiar a 45 millones de estadounidenses, y que además por ese hecho lo acusen de comunista, tiene que ver Sicko, la película de Michael Moore.

El documental es un crudo relato del derrotero que tienen que llevar adelante aquellos que pagan un seguro de salud y padecen la más cruel lógica empresarial: para que la empresa de salud sea rentable y tenga ganancias hay que reconocerles a los asegurados la menor cantidad de prestaciones posibles. Para esto se hacen pólizas inentendibles con infinidad de "letras chicas" o se le pagan incentivos a los empleados que más prestaciones denieguen e incluso les exijan a sus afiliados que devuelvan dinero de prestaciones "mal concedidas", a través de un sistema de recupero judicial.

En definitiva muestra cómo la "industria de la salud" mueve millones de dólares y cuida sus privilegios a través de enormes estrategias de propaganda, aceitadas relaciones con el poder, una importante cantidad de organizaciones destinadas al lobby y una billetera siempre dispuesta a aportar a campañas políticas.

Es interesante ver cómo todos los argumentos esgrimidos por las empresas y los defensores del sistema se confrontan con experiencias de países tales como Canadá, Inglaterra, Francia y Cuba.

Al espectador le quedan dos reflexiones: la primera pensar si la salud es un servicio que puede comprarse o venderse. Y la segunda, comparar esa realidad sanitaria privatista con el sistema de salud argentino donde, más allá de la necesidad de mejorar controles y prestaciones, todos accedemos al hospital público o a la obra social a la que aportamos por un mínimo porcentaje de nuestro sueldo. El debate queda abierto.

(*) Secretario gremial de Sadop Rosario.

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